Una misión de oración, una misión que continúa Esperanza, silencio y oración 11 meses después del secuestro del padre Luigi Maccalli

Luigi Maccalli, once meses y seguimos esterándole
Luigi Maccalli, once meses y seguimos esterándole

"Lo que sostiene nuestra esperanza y nuestra confianza es este hilo rojo de la oración que, cada día, personalmente y una vez a la semana en comunidad, nos une e intercede incesantemente por la liberación de nuestro querido amigo"

El 17 de agosto se cumplirán once meses de la tarde del 17 de septiembre de 2018, cuando la vida del padre Gigi Maccalli, de la Sociedad para las Misiones Africanas, secuestrado en Bomoanga, cambió (ver Fides 18/9/2018). "Ciertamente no fue el primer secuestro del que oímos hablar, pero fue el primero que nos tocó tan de cerca. Parecía imposible. Ese día la noticia de su secuestro se repitió en todas los noticieros, que seguimos siempre con la esperanza de algún detalle más", dicen a la Agencia Fides dos amigos del misionero.

"Así comenzaron estos once meses de espera, silencio, esperanza y oración. Una oración que involucró a todos aquellos que en todos estos años, y por diferentes razones, han entrado en contacto con el padre Gigi, compartiendo con él el entusiasmo por la misión, involucrándose en proyectos a favor de la gente (agua, salud, escuela, y mucho más), creando vínculos", explican.

"Lo que sostiene nuestra esperanza y nuestra confianza es este hilo rojo de la oración que, cada día, personalmente y una vez a la semana en comunidad, nos une e intercede incesantemente por la liberación de nuestro querido amigo. Estamos seguros de que también reza por nosotros. Conociéndolo, ciertamente el hecho de no poder darnos noticias de él pesará sobre él y confiará en ese `teléfono inalámbrico' que es la oración", añaden los amigos.

"Lo conocimos poco antes de que fuera ordenado, durante una visita a Walter, su hermano seminarista en Génova. Ya estaba enamorado de África. Un amor por la misión reiterado, se puede decir, en cada carta, en cada discurso. Tres años después, en vísperas de su juramento perpetuo, nos escribió desde Bondoukou: ‘Mi juramento perpetuo en la comunidad de la AME es un compromiso de fidelidad y consagración a la misión y a estas iglesias de África, al servicio de los pobres. He venido a servir y este sigue siendo el horizonte de mi vocación sacerdotal’".

"Tal vez nunca pensó, siempre tan lleno de iniciativas, llegar a ser, como lo es hoy, un misionero ‘contemplativo', en esta particular clausura suya. Porque así es como vemos la misión del p. Gigi hoy: una misión de oración, una misión que continúa, aunque sea de otra manera y que, sin que él y nosotros lo sepamos, dará sus frutos".

El hilo del amor

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