Diez Textos Gnósticos. Introducción, traducción y comentario (18-04-219) (1058)

El Evangelio de Tomás, de Felipe, el Hinio de la Perla y otras siete obras.

Armand Puig
Escribe Antonio Piñero

Armand Puig i Tàrrech, viejo amigo, y a la vez adversario dialéctico, cortés y educado, en algunos programas de radio y TV de años pasados, ha publicado hace relativamente poco un texto interesante –se trata de un libro muy bueno– para los amantes del cristianismo primitivo, y en especial para aquellos que se sienten atraídos –que no son pocos– por el pensamiento gnóstico y su perduración hasta hoy día. El título del libro es el que encabeza esta postal, al que le he añadido el vocablo “Introducción”, que no está en el subtítulo, pero creo que con justicia debe mencionarse. Lo ha publicado Verbo Divino, de Estella, 2018. Tiene 536 pp. y su ISBN es 978-8-9073-320-2. Precio 75 €.

De los 50 textos gnósticos distintos a otros fragmentos previamente conocidos, originales, que han aparecido en los 13 códices de Nag Hammadi, el Codex Berolinense Gnóstico 8502 y el Códice Tchacos-Minia, A. Puig traduce y comenta con notas aclaratorias, ocho obras importantes. Son los siguientes: Evangelio de Tomás (gnóstico; no confundir con el Evangelio del “Pseudo Tomás, filósofo israelita”); Evangelio de Felipe; Evangelio de la Verdad; Diálogo del Salvador; Evangelio de María; Primer Apocalipsis de Santiago; Apócrifo y Evangelio de Judas. Y como complemento ofrece al lector el importante documento de Ptolomeo gnóstico, “Carta a Flora” y el famoso “Himno de la Perla” de los Hechos Apócrifos de Tomás.

La introducción a la gnosis que encabeza el libro me parece estupenda. La he comparado, como es natural, con la que hicimos Josep Montserrat y yo para la edición de los textos de Nag Hammadi, de unas cien páginas, que presentaba introducción a los descubrimientos y a la gnosis en general (poco) y mucho a la de Nag Hammadi en concreto.

Lo bueno de la “Introducción al gnosticismo” de A. Puig es que antes de abordar las ideas básicas del gnosis, introduce al lector en las fuentes generales para el estudio de la gnosis (judía y cristiana; de los siglos II y III), gnosis que será también base de la Cábala y del misticismo judío y cristiano), y hace además un repaso general por las ideas maestras de los diversos maestros gnósticos, desde Simón Mago y Menandro hasta Valentín. Como tal cosa no la hicimos Montserrat y yo, ya que nos concentramos exclusivamente en Nag Hammadi, la obra de Puig es un buen complemento. A la vez, debo decir que en lo que respecta a Nag Hammadi la Introducción de Monserrat y mía (en el volumen I de la edición de Trotta) es más completa. En una palabra: ambas Introducciones se complementan muy bien. Y puedo decir que es difícil que el lector de lengua castellana encuentre algo introductorio que sea mejor que estas dos “Introducciones” unidas. Honestamente dicho y sin falsos remilgos.

En segundo lugar, las “Introducciones” concretas de Armand Puig al Evangelio gnóstico de Tomás y otras obras de Nag Hammadi (Evangelio de Felipe, de la Verdad, etc.) son bastante más amplias que las publicadas en los tres volúmenes de Trotta; ello es natural, porque dispone de muchas más páginas al tratarse de una selección de obras. Ahora bien, son igualmente buenas; por ello me parecen también recomendables ante los lectores. Especialmente interesante resulta ser la del Evangelio de Tomás, amplia, ordenada, clara, con notas muy abundantes e ilustrativas.

Y respecto al “Apócrifo de Juan”, otro “plato fuerte” entre las obras de Nag Hammadi, el volumen de A. Puig tiene la ventaja de presentar a dos columnas la versión larga (Códices de Nag Hammadi II 1) y la breve del Papiro Berolinense (BG), mientras que la de Trotta (de nuevo como es natural tratándose de una edición de los 50 códices), publica solo la versión larga; alude a la del Códice de Berlín solo cuando parece oportuna la mención. En conjunto, pues, repito que tanto las introducciones como las notas de A. Puig son muy aclarativas y recomendables. Me parece oportuna, en la edición de A. Puig el hincapié en que la composición del Evangelio de Tomás no es unitaria. Pueden distinguirse dos estadios (“Tomás 1”: compuesto hacia el año 100 = coetáneo con el Evangelio de Juan; y “Tomás 2”: redactado hacia el año 150; posterior por tanto al primer cierre informal del número de textos que habrían de componer el futuro Nuevo Testamento). Está muy clara y bien expuesta por parte de A. Puig la teología específica de cada uno de las dos secciones y las relaciones entre sí de esos dos estadios de composición.

Respecto al Evangelio de Judas –que tanto llamó la atención en 2006 (cuando se dio a conocer en público la primera reconstrucción de un códice casi aniquilado por las manos y prácticas de los marchantes) debo señalar que la edición de F. Bermejo, “El Evangelio de Judas. Texto bilingüe, introducción y notas, Editorial Sígueme (Biblioteca de Estudios Bíblicos Minor 19), Salamanca, 2012. 174 pp. ISBN: 978-84- 301-1796-3, me parece mejor, más completa y más técnica que la de A. Puig, aparte de presentar el texto copto muy bien editado.  Confieso que me extraña que nuestro autor, Puig, no mencione esta edición de Bermejo, tan accesible, como suelen ser las obras de la editorial salmantina.

La edición de este último se fija más que Puig en la relación del Evangelio de Judas con el Nuevo Testamento y con la literatura patrística. Posee un abundante y exhaustivo aparato de notas que refleja el estadio más reciente de la investigación (y que contiene a menudo variantes de reconstrucción propuestas por diversos estudiosos y su evaluación), que son tanto aclaraciones filológicas como doctrinales. La bibliografía es más completa y actualizada hasta el 2012. Por otra parte, sin embargo, me parece más clara y comprensible para el lector la exposición que hace A. Puig sobre la “figura de Judas en este Evangelio”. Se entiende muy bien en qué posición queda este personaje respecto a la salvación (que no llega a conseguirla al completo) y por qué razones.

Puig insiste con razón en que Judas aparece como una figura trágica, que no tiene acceso a la “generación santa”: no se salva como a veces hemos afirmado, pero tampoco se condena. Tras su muerte, su puesto estará en el “décimo tercer eón”, el más alto, pero fuera de Pléroma, fuera del “cielo” o ámbito divino (49,7.19) y ahí permanecerá por toda la eternidad. El Evangelio de Judas es una crítica acerva a la iglesia que le tocó vivir al desconocido autor, a esa iglesia “normal”, no gnóstica, llena de individuos medianos, simplemente psíquicos, no espirituales; la crítica del autor del Evangelio de Judas alcanza también directamente al sistema sacrificial de la Iglesia que se continua con la eucaristía y a los apóstoles, personajes tan repelentes para él como las autoridades judías del momento de la muerte de Jesús. Y el Salvador (de los gnósticos) se ríe de todo.

El capítulo 10 del libro de Puig es una suerte de anexo, que ofrece el muy famoso “Himno de la perla”. Esta composición presenta poética y simbólicamente el mito gnóstico en su conjunto, centrado en el destino e itinerario del alma, desde que nace en ámbito celeste, es arrastrada a la tierra y vuelve al lugar del que procede. Aquí me vuelve a llamar la atención que nuestro autor, A. Puig, desconoce por completo la edición multilingüe de los Hechos apócrifos de los Apóstoles en cuatro volúmenes (de los cuales el IV está en preparación muy avanzada) que hemos publicado Gonzalo de Cerro y yo mismo en la Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.). Tal edición presenta el griego y el latín de los Hechos apócrifos; traducción española y muchísimas notas; los textos coptos y siríacos no se muestran en la lengua original, sino que se dan en traducción literal). Creo que los volúmenes de la B.A.C. están en todas la bibliotecas españolas y no son, para nada, desconocidos. El Himno de la perla (con su texto griego se halla en el vol. II, 2005, pp. 1092-1112. Además se ofrece la traducción de otro himno –añadido por el texto siríaco– del mismo “Tomás”, muy interesante, que es como un contrapeso ortodoxo a la gnosis del himno conservado en griego).

Estas dos ausencias señaladas pueden fastidiarme personalmente, porque se trata de textos en castellano, de obras buenas, perfectamente accesibles. Andamos como locos detrás de autores que escriben en inglés y que apenas usan la bibliografía alemana, francesa e italiana y nos olvidamos de lo que tenemos en casa… que para colmo sí que utilizamos bibliografía en esas lenguas que parecen ignorar los autores ingleses y norteamericanos.  Debo confesar, sin embargo, que dos estas ausencias no afectan a la calidad en sí del libro de A. Puig, que en su conjunto, lo repito, me parece estupendo, instructivo e interesante. Les gustará, sin duda, a los aficionados a la gnosis y al gnosticismo.

Saludos cordiales de Antonio Piñero

http://adaliz-ediciones.com/home/36-el-jesus-que-yo-conozco.html

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