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Bach, fantasía y fuga BWV 542

¡Feliz domingo! Hasta ahora hemos disfrutado de obras para órgano de Bach más o menos conocidas. La de hoy sí es de esas que son de las más famosas. Iba a decir que justamente se ha hecho conocida, y es así; el problema es que las obras injustamente no lo son. ¿Capricho de los tiempo? Quizá. Sea como fuere viene hoy a nosotros una imponente composición del maestro que incluso, si eres un avezado aficionado al órgano, puede que hasta te sepas de memoria.

Primero hagámosle los honores a Johann Sebastian Bach (1685-1750), compositor alemán nacido en Eisenach. Ya te he comentado en multitudes de ocasiones lo importante que era para Bach su familia, llena de músicos hasta el punto de que Bach era sinónimo de música en la parte central de Alemania. Pero también tenía amigos que conservó durante toda su vida. Uno era Georg Erdmann, que cantaba con él en el coro de Lüneburg. El músico Georg Bóhm también fue un referente en su vida ya que no solo es posible que tutorizara al maestro sino que Bach estudió con dedicación sus piezas. Uno de los compositores más prolíficos de la historia era Georg Philipp Telemann quien también era amigo personal de Bach. De hecho, eran compadres ya que Telemann fue el padrino de Carl Philipp Emanuel, de quien tomó el segundo nombre. Otras muchas personas se cruzaron en algún que otro momento con Bach, ayudándole a forjar de muchas formas su carácter, su estilo de vida y su estilo como compositor e intérprete.

Este gran hombre nos trae hoy su Fantasía y fuga en sol menor, BWV 542, que se conoce como «La grande». Parece ser que la compuso y revisó para una audición de órgano que tuvo en Hamburgo en 1720; no consiguió el trabajo pero sí hemos conseguido la obra. La obra se inicia con un movimiento en forma de fantasía y casi de recitativo, lleno de pasajes casi improvisatorios y con bellas disonancias. Hay unas cinco secciones que pueden distinguirse. Está llena de escritura contrapuntística y Bach se las arregla para llevar hasta tonalidades más remotas, dándole dos vueltas al círculo de quintas. La fuga entre como un guante ya que, aunque contrasta con la fantasía, parece que está casi extraída de ella.

La partitura de la pieza puedes descargarla aquí.

La interpretación es de John Scott al órgano Taylor y Boody de la Iglesia de Santo Tomás de Nueva York.

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