El discernimiento sinodal transformándose en Magisterio Pontificio Lectorado y acolitado femenino, un nuevo camino nacido en la Amazonía

Abertura del Sínodo para la Amazonia
Abertura del Sínodo para la Amazonia

Es un cambio que tiene como principal impulsor el Sínodo para la Amazonía, que no olvidemos que entre sus objetivos tenía la búsqueda de nuevos caminos para la Iglesia, poniendo de manifiesto la fuerza de la periferia y del discernimiento sinodal

“Pedimos revisar el Motu Propio de San Pablo VI, Ministeria quaedam, para que también mujeres adecuadamente formadas y preparadas puedan recibir los ministerios del Lectorado y el Acolitado”

En la Amazonía, “hay comunidades que se han sostenido y han transmitido la fe durante mucho tiempo sin que algún sacerdote pasara por allí, aun durante décadas. Esto ocurrió gracias a la presencia de mujeres fuertes y generosas: bautizadoras, catequistas, rezadoras, misioneras, ciertamente llamadas e impulsadas por el Espíritu Santo. Durante siglos las mujeres mantuvieron a la Iglesia en pie en esos lugares con admirable entrega y ardiente fe”

El papel de las mujeres necesita “una estabilidad, un reconocimiento público y el envío por parte del obispo”

Coincidiendo con la fiesta del Bautismo del Señor, algo que no puede ser visto como simple coincidencia, el papa Francisco ha firmado un nuevo “Motu Proprio”, que lleva por título "Spiritus Domini". Se trata de una modificación del Canon 230, parágrafo 1 del Código de Derecho Canónico, y hace referencia al acceso de las personas del sexo femenino al ministerio instituido del lectorado y el acolitado.

En sus palabras, el Papa pone como base de su decisión que estos ministerios son “una forma peculiar de ejercicio del sacerdocio bautismal”, dando un paso a más en el Motu Proprio Ministeria quaedam, con el que san Pablo VI, en 1972, definía los "ministerios laicales", que eran reservados a quienes se preparaban para “la recepción del Sacramento del Orden”, y “a otros fieles idóneos de sexo masculino”.

Como recoge el texto pontificio, se quiere dar respuesta a las discusiones llevadas a cabo en “algunas asambleas del Sínodo de los Obispos”, en las que según “Spiritus Domini” se “han evidenciado la necesidad de profundizar doctrinalmente en el tema, para que responda a la naturaleza de dichos carismas y a las necesidades de los tiempos, y ofrezca un apoyo oportuno al papel de la evangelización que atañe a la comunidad eclesial”.

Podemos decir que este es un cambio que tiene como principal impulsor el Sínodo para la Amazonía, que no olvidemos que entre sus objetivos tenía la búsqueda de nuevos caminos para la Iglesia, poniendo de manifiesto la fuerza de la periferia y del discernimiento sinodal. De hecho, ésta fue una petición expresa que la asamblea sinodal le hizo al Santo Padre, como recoge el Documento Final del Sínodo: “Pedimos revisar el Motu Propio de San Pablo VI, Ministeria quaedam, para que también mujeres adecuadamente formadas y preparadas puedan recibir los ministerios del Lectorado y el Acolitado”, insistiendo en “que se promuevan y se confieran ministerios para hombres y mujeres de forma equitativa”. No olvidemos que este documento fue asumido por el Papa Francisco, inmediatamente, autorizando su difusión inmediata y oficialmente en Querida Amazonía.

Mujeres de la Amazonía
Mujeres de la Amazonía

El Documento Final también proponía la institución de otro ministerio, el de “la mujer dirigente de la comunidad”, algo que no se entiende en otros contextos eclesiales, pero que, en la Amazonía, donde la presencia sacerdotal se reduce a rápidas visitas esporádicas, no más de dos por año en muchos casos, es más que necesario, pues “la mayoría de las comunidades católicas son lideradas por mujeres”. Así mismo, ese documento, insiste en potenciar la participación de las mujeres en el discernimiento y en la toma de decisiones. Todo ello queriendo dar respuesta a lo que se señala en el referido documento, que deja claro que: “Es la Iglesia de hombres y mujeres bautizados que debemos consolidar promoviendo la ministerialidad”.

Esta insistencia en “ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia”, es algo que forma parte del pensamiento del Papa Francisco desde el inicio de su pontificado, siendo recogido en Evangelii Gaudium, considerado el programa de su pontificado. El Sínodo para la Amazonía ha sido una oportunidad para dejar claro cuál debe ser el papel de la mujer en la Iglesia: “es necesario que ella asuma con mayor fuerza su liderazgo en el seno de la Iglesia, y que ésta lo reconozca y promueva reforzando su participación en los consejos pastorales de parroquias y diócesis, o incluso en instancias de gobierno”, algo que apareció de forma clara e insistente en el proceso de escucha sinodal.

 A nadie se le escapa, tampoco al Papa Francisco, el papel real que las mujeres tienen en la Amazonía, donde “hay comunidades que se han sostenido y han transmitido la fe durante mucho tiempo sin que algún sacerdote pasara por allí, aun durante décadas. Esto ocurrió gracias a la presencia de mujeres fuertes y generosas: bautizadoras, catequistas, rezadoras, misioneras, ciertamente llamadas e impulsadas por el Espíritu Santo. Durante siglos las mujeres mantuvieron a la Iglesia en pie en esos lugares con admirable entrega y ardiente fe”, como afirma en Querida Amazonía.

Mujeres en la Asamblea Sinodal del Sínodo para la Amazonía

El Papa Francisco, al hablar del papel de las mujeres en la Iglesia, siempre ha querido ir más allá de un planteamiento funcional, como recoge Querida Amazonía, insistiendo en que la Iglesia, “sin las mujeres ella se derrumba, como se habrían caído a pedazos tantas comunidades de la Amazonia si no hubieran estado allí las mujeres, sosteniéndolas, conteniéndolas y cuidándolas”. Él defiende la exigencia de “estimular el surgimiento de otros servicios y carismas femeninos, que respondan a las necesidades específicas de los pueblos amazónicos en este momento histórico”.

El nuevo Motu Proprio puede ser considerado como una consecuencia de las palabras que aparecen en Querida Amazonía, donde se dice que el papel de las mujeres necesita “una estabilidad, un reconocimiento público y el envío por parte del obispo”, algo que ahora puede ser llevado a cabo de forma canónica. Se trata, como recoge el texto dado a conocer este 11 de enero, de enfatizar “la condición común de ser bautizados y el sacerdocio real recibido en el sacramento del Bautismo”, del que participan del mismo modo y en la misma dignidad los hombres y las mujeres, algo no siempre reconocido explícitamente a lo largo de la historia.

Sabemos que, en la práctica, esto es algo que era asumido en muchos lugares y que algunos defienden que se debería llegar mucho más lejos en este campo. Pero no podemos olvidar que, en una Iglesia sinodal, es fundamental caminar juntos, evitando querer correr demasiado o empeñarse en posicionarse contra los signos de los tiempos. Los frutos del discernimiento deberían ser asumidos por todos, algo en lo que, una vez más, el Papa Francisco nos ha dado ejemplo al hacer efectivo el pedido de una asamblea sinodal, la primera en la que las mujeres tuvieron un papel más que destacado, hasta el punto de que como él mismo dice, “en el Sínodo, nos conmovieron a todos con su testimonio”.

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