La procesión va por dentro
Es una frase coloquial usada para expresar el sentido profundo de las experiencias que uno tiene que vivir. Solo el que sufre sabe lo que hay dentro de él de rebeldía, desconcierto, angustia, culpabilidad, impotencia, tristeza…
Una de las razones por las que existe el sufrimiento es porque él nos ayuda, a nuestro pesar, a elegir entre el bien y el mal y a distinguir entre uno y el otro.
Al comenzar hoy la gran manifestación cristiana de nuestras procesiones que invaden las calles, cortan el tráfico y agrupan multitudes como ningún otro acto logra aglutinar, uno piensa en la procesión vital que cada uno lleva dentro: el fracaso, la decepción, la traición… esa procesión que va por dentro de nuestra mente y nuestra alma.
A ello nos ayuda ver a un Cristo humilde que asume toda esa experiencia interior, los pasos que estos días contemplamos nos ayudan a esa procesión interior. ¿Quién no ha sentido que se ha lavado las manos para quitarse un problema? ¿O quién no calla la verdad por miedo? ¿Y quién no traiciona la amistad? ¿Y quién pide al cielo beber el cáliz?
La Semana Santa pone imágenes a las experiencias humanas profundas que todo ser humano sufre y aguanta y, a la vez es el mismísimo Hijo de Dios el que nos enseña cómo vivirlo, afrontarlo, soportarlo, entenderlo y resucitarlo.
A mis lectores les deseo de corazón que la verdadera procesión, que cada uno lleva dentro, acabe en la luz maravillosa de una Pascua que es, ni más ni menos que el triunfo de Alguien que se ha presentado al mundo como VIDA y ESPERANZA.
¡Hosanna al Hijo de David! ¡Sálvanos, Señor!
Alberto Jaime Martínez, parroco de La Ribera