Ningún obispo impuesto...en Bilbao, tampoco
Primero, porque las tres diócesis vascas son ejemplo de corresponsabilidad del laicado y de democracia interna. Sus órganos decisorios, elegidos democráticamente, funcionan no solo en la teoría, sino también en la práctica. En segundo lugar, porque representan a una Iglesia minoritaria (levadura en la masa), pero siempre bien formada, querida y con capacidad de influencia, que no impone, que se sitúa en el mundo para ofrecerle esperanza.
Y tercero, porque se trata de una Iglesia encarnada en el pueblo, como exige el Vaticano II. Una Iglesia pegada a su gente, a la que acompaña en el servicio y la corresponsabilidad.
Una Iglesia moderada, bien preparada y a la que la derecha coloca sistemáticamente en la picota. Por mor de un nacionalismo que, para la derecha eclesial, se ha convertido en un pecado. Una Iglesia que intenta ser libre y que no tiene miedo a levantar la voz. Y hacerse oír.
Cuando las curias diocesanas de casi todo el país callan y tragan todo tipo de tropelías, las del País Vasco (Bilbao y San Sebastián) siguen proclamando su verdad. Porque no tienen miedo. Porque saben que la verdad les asiste y que lo que reclaman pertenece a la esencia del Evangelio de Jesús. La Iglesia vasca, en estos momentos grisis de las fronteras y del conmigo o contra mí, nos ayuda a respirar. Y se lo agradecemos. Y que cunda el ejemplo.
José Manuel Vidal