Insurgentes reivindicados, católicos comprometidos
Guillermo Gazanini Espinoza / 10 de septiembre.- Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, en su reflexión semanal, toca de nuevo el controvertido tema de las degradaciones de Hidalgo y Morelos. Citando la carta pastoral “Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra patria", que el Episcopado Mexicano presentó a principios de este mes, el prelado de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas puntualiza la reivindicación de los padres de la patria mexicana, ante las discusiones de los historiadores que afirman que la Iglesia católica debe disculparse por la excomunión lanzada los próceres de la insurgencia. El ritual laico de los festejos del Bicentenario tuvo un tributo excepcional, para algunos exagerado, cuando los restos de los insurgentes fueron objeto de los honores militares para reposar, provisionalmente, en la megaexposición del Bicentenario en Palacio Nacional.
En los festejos del Bicentenario se ha hecho un examen de estas excomuniones. El Episcopado Mexicano, gracias a las Jornadas de Iglesia e Independencia, revisó el papel de los sacerdotes insurgentes en la emancipación de México. En septiembre próximo pasado, di cuenta de las Jornadas en la Universidad Pontificia de México donde los obispos se comprometieron a analizar las excomuniones de Miguel Hidalgo y José María Morelos e hice mención de los reclamos de los legisladores del Congreso de la Unión para examinar los procesos de excomunión de los insurgentes.
Durante la LX Legislatura, el 11 de octubre de 2007, diputados integrantes de las fracciones parlamentarias del Partido Revolucionario Institucional y del Partido de la Revolución Democrática, posicionaron ante el pleno de la Cámara baja una proposición con punto de acuerdo para exhortar a la Secretaría de Relaciones Exteriores a iniciar las gestiones relativas al “levantamiento” de los edictos de excomunión contra los independentistas mexicanos ante el Estado del Vaticano; por otro lado, dispone un exhorto a la Secretaría de Gobernación para “promover la revisión de los edictos de excomunión de 1811 y 1814, por representar un desconocimiento de facto a nuestro país como nación independiente, además de la posible omisión de nuestro orden constitucional, emanado del Constituyente de Apatzingán en 1814”.
Los diputados, en la exposición de motivos de la propuesta, señalan los pormenores históricos del movimiento armado así como algunos párrafos del decreto de excomunión contra Hidalgo emitido por Manuel Abad y Queipo y dado a conocer el 28 de octubre de 1810. El punto de acuerdo argumenta: “Con el edicto de excomunión publicado por Abad y Queipo –donde se identificaba a Morelos como uno de los principales cabecillas (sic), el 22 de julio de 1814 en Valladolid, contra los independentistas mexicanos, se les coloca al lado de los grandes revolucionarios de la historia. Igual que con la independencia de México, la Iglesia católica fue inflexible con la ciencia moderna y persiguió a algunos de sus principales cultivadores. Giordano Bruno (1544-1600) fue apresado por la Inquisición y quemado en el romano Campo de Las Flores. Galileo Galilei (1564-1642) tuvo que comparecer ante el tribunal de la Inquisición que condenó su teoría científica por herética en 1633 y vivió su ancianidad bajo la vigilancia de la Inquisición. Con la excomunión se quiso segregar a Morelos y borra su ascendencia y familia; se le intentó apartar de su venerada religión, se le quiso condenar por sus amigos y correligionarios…”
Someter a investigación las excomuniones de Hidalgo y Morelos no es nuevo. En 1953, Jesús García Gutiérrez, José Bravo Ugarte y Juan B. Iguínez presentaron un dictamen al arzobispo de México, Mons. Luis María Martínez, en el cual ofrecieron las valoraciones históricas sobre las excomuniones de los independentistas mexicanos. De acuerdo al documento, Hidalgo sí había sufrido la pena canónica como manifiestan los especialistas:
“a) Que el cura Hidalgo ciertamente incurrió en excomunión del canon porque era latae sententiae. Más aún, y conforme a la doctrina de Santo Tomás, expuesta por S. Alfonso, que incurrió en ella varias veces, tantas cuantas puso el acto penado con esa excomunión. (Repetidas prisiones de sacerdotes y religiosos, degüello de dos de estos (S. Alfonso o.c. Lib VII, dub. 111, No. 16).
b) Que, de suyo, Hidalgo fue excomulgado vitando, por haber sido excomulgado notorio de derecho desde su confesión judicial en Chihuahua y excomulgado notorio de hecho desde que se fueron sabiendo por muchos las prisiones y degüellos de sacerdotes y religiosos hechos por su orden. (García Gutiérrez-Bravo Ugarte- B. Iguiníz. Dictamen sobre las excomuniones del Cura Hidalgo, 1953, 13)”.
Sin embargo, la excomunión de la Inquisición no pesó sobre Miguel Hidalgo en virtud de que no hubo sentencia de ésta contra el cura de Dolores. Los dictaminadores, en esa ocasión, presentaron sus conclusiones generales al arzobispo de México después de haber realizado su trabajo con “serena imparcialidad, sin ser movidos por pasión, ni prejuicio alguno” Miguel Hidalgo no había incurrido en la pena de excomunión por haber iniciado la independencia pero sí habría sido sujeto de esta condena por los ataques a la libertad y vida de los clérigos y religiososy haber sido absuelto de sus pecados por el sacramento de la confesión que lo aproximó a los auxilios espirituales para tener una muerte cristiana.
El 15 de septiembre de 1985, en Dolores Hidalgo, Guanajuato, los obispos mexicanos rehabilitaron y reconocieron al padre de la patria. Al haberse conmemorado el 175 aniversario del inicio del movimiento de independencia, se celebró una misa en el atrio del templo donde se diera el famoso “Grito de Dolores”. Treinta y un obispos y 122 presbíteros concelebraron la eucaristía presidida por el entonces arzobispo de México, el cardenal Ernesto Corripio Ahumada. Los prelados dijeron que la excomunión contra Hidalgo había sido aplicada por atacar la libertad y la vida de los clérigos y religiosos, no por haber iniciado la insurgencia. Antes de su fusilamiento, el cura de Dolores se confesó y fue absuelto, por lo que cesaron los efectos de la excomunión, según explicaron los obispos en esa ocasión. El cardenal Corripio manifestó la voluntad y disposición de los obispos mexicanos para encontrarse con el pueblo y con las raíces de la nación mexicana. El arzobispo primado de México alabó los ideales de libertad del cura de Dolores quien “se atrevió a comenzar el movimiento sin contar con más fuerza que la de su pueblo…” adoptando una imagen, la de Guadalupe, que en las manos de Hidalgo “volvía a ser signo de esperanza para los habitantes de estas tierras”.
En octubre de 2007, el arzobispo primado de México, Mons. Norberto Rivera Carrera, ordenó la constitución de una comisión que emitiera sus valoraciones en torno a las excomuniones. El encargo fue encabezado por el Dr. Gustavo Watson Marrón, especialista en historia de la Iglesia y director del Archivo Histórico del Arzobispado de México. Sus conclusiones fueron publicadas, un año después, en octubre de 2008, en el Libro Anual del ISEE (Siglas de Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos) bajo el título “Consideraciones en torno a las excomuniones de Hidalgo y Morelos”.
Watson Marrón recoge las consideraciones del dictamen de García Gutiérrez y Bravo Ugarte, señalando la validez de la excomunión de Abad y Queipo en su calidad de autoridad máxima de la diócesis de Michoacán; sin embargo, el especialista da cuenta de los honores tributados a los próceres después de la consumación del movimiento revolucionario. Un decreto de 19 de julio de 1823 declaró como Beneméritos de la Patria en Heroico Grado a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo, José María Morelos y “ocho caudillos más” ordenando que sus restos fueran exhumados “y que éstos fueran trasladados a una caja, que se conduciría a la capital, cuya llave sería custodiada en el archivo del Congreso. Esa caja se trasladaría a la Catedral el 17 de septiembre…” para “levantar ahí “un sepulcro… con la inscripción que ponga la Universidad y apruebe el gobierno”. Una procesión solemne se realizó por toda la ciudad en honor a los caudillos y sus restos fueron depositados en una bóveda bajo el altar de los Reyes de la Iglesia principal de la diócesis de México, permaneciendo en Catedral hasta 1926 cuando los mismos fueron trasladados a la columna de la Independencia del Paseo de la Reforma. Watson Marrón concluye afirmando que “todo esto no hubiera ocurrido si Hidalgo y Morelos hubieran muerto excomulgados”. Estas conclusiones fueron remitidas a los legisladores de la Cámara de Diputados para que, al momento de dictaminar, fueran consideradas en la valoración de los hechos históricos.
En diciembre de 2009, la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados, presidida por el panista Javier Corral Jurado, presentó al pleno de esta instancia legislativa el dictamen correspondiente para ser aprobado y llevado a la discusión del Pleno de la Cámara baja. En la presentación, el chihuahuense afirmó que " el dictamen tiene su base precisamente en una comunicación oficial de la Curia Católica Mexicana… Un documento formal que fue remitido por las autoridades eclesiásticas de la iglesia católica, donde dan cuenta de que en realidad no estaban ellos excomulgados, sólo amonestados…"
Sin embargo, la diputada Beatriz Paredes Rangel, presidenta del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional, abundó sobre la pertinencia del dictamen dado que en ese momento se suscitaba la controversia relativa a la despenalización del aborto hasta la doceava semana. Para no entrar en conflicto con los “poderes espirituales”, la exgobernadora de Tlaxcala aseveró ante pleno de la Comisión: "No sé cuál sea el tratamiento que se quiera dar ante la opinión pública del dictamen, y me parece que en el nivel de afecto que todos procuran que los diputados tengamos, y el esfuerzo que todos realizan para que se prestigie la función de legislar, no sé si sea un dictamen que tenga un sentido de oportunidad", por lo que el grupo parlamentario del PRI solicitó que el documento fuera retirado para ser discutidos posteriormente, cosa que no se dio.
Aún cuando los legisladores no le entraron al debate para reconocer que los próceres han sido reivindicados, este Bicentenario es una ocasión propicia que enaltece a los héroes de la patria. Los historiadores serios coinciden en afirmar que los insurgentes fueron excomulgados y después reconciliados y la Iglesia, en diversas ocasiones, así lo ha reconocido. La última pastoral de los obispos de México realiza un mea culpa y, a la vez, examina esta reconciliación, como cita Mons. Felipe Arizmendi Esquivel en su mensaje semanal: "En el caso de Hidalgo, desde 1800 se habían hecho denuncias por proposiciones supuestamente heterodoxas y por vida disipada en San Felipe. Sin embargo, ante la falta de pruebas y más bien gracias a testimonios muy favorables de la ortodoxia de Hidalgo, así como de un cambio de vida, se archivó el caso y los propios inquisidores reconocieron que la fama de Hidalgo era de “sabio, celoso párroco y lleno de caridad”. Sin embargo, luego del Grito de Dolores, el fiscal de la Inquisición lo acusó de hereje e Hidalgo fue citado a comparecer. Respondió algunos cargos desde Valladolid, y a todos puntualmente ya prisionero en Chihuahua, confesando su íntegra fe católica”.
La pasión de los legisladores se desborda para decir que la excomunión de los próceres sería un desconocimiento de la actual nación mexicana. Es claro que los insurgentes padecieron el sacrificio bajo un sistema que se sintió amenazado por el levantamiento revolucionario que cuestionó el orden imperante de las posesiones españolas en los albores del siglo XIX. Doscientos años después, los católicos mexicanos realizan la semana de oración por la patria, del 9 al 15 de septiembre, difundiendo subsidios litúrgicos y catequesis populares, para reconocer las virtudes de los sacerdotes que iniciaron la insurgencia y, sobre todo, para afianzar el sentimiento patrio que provoque un cambio de mentalidad que permita alcanzar la paz en un México convulsionado por la violencia. La celebración de estos acontecimientos, como afirman los obispos de México, “nos hace sentir a los católicos que tenemos el compromiso de colaborar en la construcción de esta gran Nación Mexicana; no queremos ser excluidos, ni mucho menos pretendemos autoexcluirnos; al contrario, nos sabemos identificados con este pueblo y esta cultura tan nítidamente expresada en el rostro mestizo de Santa María de Guadalupe”. (Carta Pastoral “Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra patria", No. 133)
En los festejos del Bicentenario se ha hecho un examen de estas excomuniones. El Episcopado Mexicano, gracias a las Jornadas de Iglesia e Independencia, revisó el papel de los sacerdotes insurgentes en la emancipación de México. En septiembre próximo pasado, di cuenta de las Jornadas en la Universidad Pontificia de México donde los obispos se comprometieron a analizar las excomuniones de Miguel Hidalgo y José María Morelos e hice mención de los reclamos de los legisladores del Congreso de la Unión para examinar los procesos de excomunión de los insurgentes.
Durante la LX Legislatura, el 11 de octubre de 2007, diputados integrantes de las fracciones parlamentarias del Partido Revolucionario Institucional y del Partido de la Revolución Democrática, posicionaron ante el pleno de la Cámara baja una proposición con punto de acuerdo para exhortar a la Secretaría de Relaciones Exteriores a iniciar las gestiones relativas al “levantamiento” de los edictos de excomunión contra los independentistas mexicanos ante el Estado del Vaticano; por otro lado, dispone un exhorto a la Secretaría de Gobernación para “promover la revisión de los edictos de excomunión de 1811 y 1814, por representar un desconocimiento de facto a nuestro país como nación independiente, además de la posible omisión de nuestro orden constitucional, emanado del Constituyente de Apatzingán en 1814”.
Los diputados, en la exposición de motivos de la propuesta, señalan los pormenores históricos del movimiento armado así como algunos párrafos del decreto de excomunión contra Hidalgo emitido por Manuel Abad y Queipo y dado a conocer el 28 de octubre de 1810. El punto de acuerdo argumenta: “Con el edicto de excomunión publicado por Abad y Queipo –donde se identificaba a Morelos como uno de los principales cabecillas (sic), el 22 de julio de 1814 en Valladolid, contra los independentistas mexicanos, se les coloca al lado de los grandes revolucionarios de la historia. Igual que con la independencia de México, la Iglesia católica fue inflexible con la ciencia moderna y persiguió a algunos de sus principales cultivadores. Giordano Bruno (1544-1600) fue apresado por la Inquisición y quemado en el romano Campo de Las Flores. Galileo Galilei (1564-1642) tuvo que comparecer ante el tribunal de la Inquisición que condenó su teoría científica por herética en 1633 y vivió su ancianidad bajo la vigilancia de la Inquisición. Con la excomunión se quiso segregar a Morelos y borra su ascendencia y familia; se le intentó apartar de su venerada religión, se le quiso condenar por sus amigos y correligionarios…”
Someter a investigación las excomuniones de Hidalgo y Morelos no es nuevo. En 1953, Jesús García Gutiérrez, José Bravo Ugarte y Juan B. Iguínez presentaron un dictamen al arzobispo de México, Mons. Luis María Martínez, en el cual ofrecieron las valoraciones históricas sobre las excomuniones de los independentistas mexicanos. De acuerdo al documento, Hidalgo sí había sufrido la pena canónica como manifiestan los especialistas:
“a) Que el cura Hidalgo ciertamente incurrió en excomunión del canon porque era latae sententiae. Más aún, y conforme a la doctrina de Santo Tomás, expuesta por S. Alfonso, que incurrió en ella varias veces, tantas cuantas puso el acto penado con esa excomunión. (Repetidas prisiones de sacerdotes y religiosos, degüello de dos de estos (S. Alfonso o.c. Lib VII, dub. 111, No. 16).
b) Que, de suyo, Hidalgo fue excomulgado vitando, por haber sido excomulgado notorio de derecho desde su confesión judicial en Chihuahua y excomulgado notorio de hecho desde que se fueron sabiendo por muchos las prisiones y degüellos de sacerdotes y religiosos hechos por su orden. (García Gutiérrez-Bravo Ugarte- B. Iguiníz. Dictamen sobre las excomuniones del Cura Hidalgo, 1953, 13)”.
Sin embargo, la excomunión de la Inquisición no pesó sobre Miguel Hidalgo en virtud de que no hubo sentencia de ésta contra el cura de Dolores. Los dictaminadores, en esa ocasión, presentaron sus conclusiones generales al arzobispo de México después de haber realizado su trabajo con “serena imparcialidad, sin ser movidos por pasión, ni prejuicio alguno” Miguel Hidalgo no había incurrido en la pena de excomunión por haber iniciado la independencia pero sí habría sido sujeto de esta condena por los ataques a la libertad y vida de los clérigos y religiososy haber sido absuelto de sus pecados por el sacramento de la confesión que lo aproximó a los auxilios espirituales para tener una muerte cristiana.
El 15 de septiembre de 1985, en Dolores Hidalgo, Guanajuato, los obispos mexicanos rehabilitaron y reconocieron al padre de la patria. Al haberse conmemorado el 175 aniversario del inicio del movimiento de independencia, se celebró una misa en el atrio del templo donde se diera el famoso “Grito de Dolores”. Treinta y un obispos y 122 presbíteros concelebraron la eucaristía presidida por el entonces arzobispo de México, el cardenal Ernesto Corripio Ahumada. Los prelados dijeron que la excomunión contra Hidalgo había sido aplicada por atacar la libertad y la vida de los clérigos y religiosos, no por haber iniciado la insurgencia. Antes de su fusilamiento, el cura de Dolores se confesó y fue absuelto, por lo que cesaron los efectos de la excomunión, según explicaron los obispos en esa ocasión. El cardenal Corripio manifestó la voluntad y disposición de los obispos mexicanos para encontrarse con el pueblo y con las raíces de la nación mexicana. El arzobispo primado de México alabó los ideales de libertad del cura de Dolores quien “se atrevió a comenzar el movimiento sin contar con más fuerza que la de su pueblo…” adoptando una imagen, la de Guadalupe, que en las manos de Hidalgo “volvía a ser signo de esperanza para los habitantes de estas tierras”.
En octubre de 2007, el arzobispo primado de México, Mons. Norberto Rivera Carrera, ordenó la constitución de una comisión que emitiera sus valoraciones en torno a las excomuniones. El encargo fue encabezado por el Dr. Gustavo Watson Marrón, especialista en historia de la Iglesia y director del Archivo Histórico del Arzobispado de México. Sus conclusiones fueron publicadas, un año después, en octubre de 2008, en el Libro Anual del ISEE (Siglas de Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos) bajo el título “Consideraciones en torno a las excomuniones de Hidalgo y Morelos”.
Watson Marrón recoge las consideraciones del dictamen de García Gutiérrez y Bravo Ugarte, señalando la validez de la excomunión de Abad y Queipo en su calidad de autoridad máxima de la diócesis de Michoacán; sin embargo, el especialista da cuenta de los honores tributados a los próceres después de la consumación del movimiento revolucionario. Un decreto de 19 de julio de 1823 declaró como Beneméritos de la Patria en Heroico Grado a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo, José María Morelos y “ocho caudillos más” ordenando que sus restos fueran exhumados “y que éstos fueran trasladados a una caja, que se conduciría a la capital, cuya llave sería custodiada en el archivo del Congreso. Esa caja se trasladaría a la Catedral el 17 de septiembre…” para “levantar ahí “un sepulcro… con la inscripción que ponga la Universidad y apruebe el gobierno”. Una procesión solemne se realizó por toda la ciudad en honor a los caudillos y sus restos fueron depositados en una bóveda bajo el altar de los Reyes de la Iglesia principal de la diócesis de México, permaneciendo en Catedral hasta 1926 cuando los mismos fueron trasladados a la columna de la Independencia del Paseo de la Reforma. Watson Marrón concluye afirmando que “todo esto no hubiera ocurrido si Hidalgo y Morelos hubieran muerto excomulgados”. Estas conclusiones fueron remitidas a los legisladores de la Cámara de Diputados para que, al momento de dictaminar, fueran consideradas en la valoración de los hechos históricos.
En diciembre de 2009, la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados, presidida por el panista Javier Corral Jurado, presentó al pleno de esta instancia legislativa el dictamen correspondiente para ser aprobado y llevado a la discusión del Pleno de la Cámara baja. En la presentación, el chihuahuense afirmó que " el dictamen tiene su base precisamente en una comunicación oficial de la Curia Católica Mexicana… Un documento formal que fue remitido por las autoridades eclesiásticas de la iglesia católica, donde dan cuenta de que en realidad no estaban ellos excomulgados, sólo amonestados…"
Sin embargo, la diputada Beatriz Paredes Rangel, presidenta del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional, abundó sobre la pertinencia del dictamen dado que en ese momento se suscitaba la controversia relativa a la despenalización del aborto hasta la doceava semana. Para no entrar en conflicto con los “poderes espirituales”, la exgobernadora de Tlaxcala aseveró ante pleno de la Comisión: "No sé cuál sea el tratamiento que se quiera dar ante la opinión pública del dictamen, y me parece que en el nivel de afecto que todos procuran que los diputados tengamos, y el esfuerzo que todos realizan para que se prestigie la función de legislar, no sé si sea un dictamen que tenga un sentido de oportunidad", por lo que el grupo parlamentario del PRI solicitó que el documento fuera retirado para ser discutidos posteriormente, cosa que no se dio.
Aún cuando los legisladores no le entraron al debate para reconocer que los próceres han sido reivindicados, este Bicentenario es una ocasión propicia que enaltece a los héroes de la patria. Los historiadores serios coinciden en afirmar que los insurgentes fueron excomulgados y después reconciliados y la Iglesia, en diversas ocasiones, así lo ha reconocido. La última pastoral de los obispos de México realiza un mea culpa y, a la vez, examina esta reconciliación, como cita Mons. Felipe Arizmendi Esquivel en su mensaje semanal: "En el caso de Hidalgo, desde 1800 se habían hecho denuncias por proposiciones supuestamente heterodoxas y por vida disipada en San Felipe. Sin embargo, ante la falta de pruebas y más bien gracias a testimonios muy favorables de la ortodoxia de Hidalgo, así como de un cambio de vida, se archivó el caso y los propios inquisidores reconocieron que la fama de Hidalgo era de “sabio, celoso párroco y lleno de caridad”. Sin embargo, luego del Grito de Dolores, el fiscal de la Inquisición lo acusó de hereje e Hidalgo fue citado a comparecer. Respondió algunos cargos desde Valladolid, y a todos puntualmente ya prisionero en Chihuahua, confesando su íntegra fe católica”.
La pasión de los legisladores se desborda para decir que la excomunión de los próceres sería un desconocimiento de la actual nación mexicana. Es claro que los insurgentes padecieron el sacrificio bajo un sistema que se sintió amenazado por el levantamiento revolucionario que cuestionó el orden imperante de las posesiones españolas en los albores del siglo XIX. Doscientos años después, los católicos mexicanos realizan la semana de oración por la patria, del 9 al 15 de septiembre, difundiendo subsidios litúrgicos y catequesis populares, para reconocer las virtudes de los sacerdotes que iniciaron la insurgencia y, sobre todo, para afianzar el sentimiento patrio que provoque un cambio de mentalidad que permita alcanzar la paz en un México convulsionado por la violencia. La celebración de estos acontecimientos, como afirman los obispos de México, “nos hace sentir a los católicos que tenemos el compromiso de colaborar en la construcción de esta gran Nación Mexicana; no queremos ser excluidos, ni mucho menos pretendemos autoexcluirnos; al contrario, nos sabemos identificados con este pueblo y esta cultura tan nítidamente expresada en el rostro mestizo de Santa María de Guadalupe”. (Carta Pastoral “Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra patria", No. 133)