"Increíbles", errores de la oficina de comunicación de arzobispo Aguiar Retes “Toma de catedral”, una historia de errores y mala fe

“Toma de catedral”, una historia de errores y mala fe
“Toma de catedral”, una historia de errores y mala fe

¿Hay responsabilidad de las autoridades del arzobispado?

¿Dónde quedó aquel oscuro sacerdote, quien ni siquiera forma parte del arzobispado, Manuel Corral, impuesto en un cargo inventado por el arzobispo Aguiar Retes como supuesto encargado de relaciones interinstitucionales? ¿Por qué esta idea de la toma por el ejército escaló hasta tales niveles causando confusión e indignación?

Comunicación del arzobispado llegó a niveles "lamentables e ineficientes", canónigo Valdemar Romero

 

Tras las fiestas patrias, la situación parece amainar después de los malentendidos entre el gobierno de la capital del país, instancias militares y autoridades religiosas de la arquidiócesis primada de México. Fue el domingo 13 de septiembre cuando, a través de un video, el deán de catedral, Ricardo Valenzuela Pérez, hizo una especie de denuncia sobre las limitaciones y cierre del templo debido a la proximidad de las festividades patrias al ser impedido el ingreso regular de fieles al curso normal de la misa de mediodía que debería ser presidida por el obispo auxiliar Salvador González Morales.

El canónigo ofrecía una explicación por los inconvenientes debido a que la Secretaría de la Defensa Nacional había “tomado la plancha de la Constitución” (sic). Esa fue la indicación última de la misa con pocos fieles congregados y que pronto fue un reguero de pólvora esparcida en el accidentado camino de “convenientes”, tergiversaciones llegando incluso a la misma conferencia mañanera del presidente López Obrador para desmentir y negar la supuesta ocupación militar de catedral, capítulo aprovechado por algunos  periodistas y azuzar indignación en redes sociales que brincó a nivel nacional por una supuesta acción castrense sin precedentes, en un acto que recordaría aquéllos de las dictaduras represoras de la libertad de culto y religión.

catedral ejército

Con el transcurrir de los minutos, a través de un anuncio en redes atribuido al cabildo catedralicio, se daba cuenta de la “mucha pena” para decir a los fieles que el acceso al recinto sería difícil, por lo menos en los días previos al 15 de septiembre, “no podrán participar de los servicios religiosos” acentuando el carácter de “toma” de las inmediaciones por el ejército. El reclamo era evidenciar las descortesías, la falta de diálogo y comunicación que confundía a los fieles y usuarios de redes, de inexistentes pláticas que antes fluían convenientemente por estos eventos anuales: “No fuimos informados y aún no sabemos cuántos días permanecerá esta situación…”, pero el enardecimiento estaba encendido, católicos alarmados y preocupados y propiciando confusión en alguno que otro obispo para saber, con certidumbre, qué estaba pasando en la catedral primada de México.

Como ya es cosa común en la oficina de comunicación del arzobispado, este intempestivo asunto les agarró literalmente con los dedos en la puerta. Confundidos y sin saber cómo reaccionar ante el hecho, era menester dar una pronta justificación por ser un tema que podría suscitar un choque y erosión accidentando las relaciones entre la Iglesia católica de la Ciudad y las autoridades de la Ciudad y de la misma Secretaría de la Defensa Nacional.

Sin embargo, la respuesta no vino del arzobispo Aguiar o de su oficina de comunicación. Fueron los canónigos José de Jesús Aguilar y Hugo Valdemar Romero quienes dieron sendas explicaciones a medios católicos de comunicación a fin de deslindar responsabilidades y aclarar, sobre todo, una polémica. Valdemar Romero atribuyó las restricciones de acceso a catedral por la “desorganización” del gobierno federal acusado de ineptitud e insensibilidad de las autoridades por no respetar los derechos de los fieles. “Deberían portarse a la altura” y respetar los acuerdos, según el canónigo penitenciario. Por otro lado, José de Jesús Aguilar consideró la pertinencia al aclarar lo que significó la supuesta “toma” de la Plaza de la Constitución. Desde luego, el término causó prurito, pero el director de radio y televisión de la arquidiócesis de México y arcipreste del cabildo abundó en decir que el ejercito “siempre ha entrado en catedral”  y “se ha tenido una magnifica colaboración, una magnifica información porque incluso miembros del ejército son los que normalmente suben a tocar las campanas después de que el señor presidente da el Grito y también para controlar el acceso y el uso de la pólvora que se quema durante el evento”. La causa se repetía de nuevo: Falta de comunicación y cerrazón o incapacidad al diálogo.

Canónigo Aguilar. Ejército hasta "toca las campanas"
Canónigo Aguilar. Ejército hasta "toca las campanas"

Todavía el 15 de septiembre, el deán Valenzuela Pérez, ofrecía entrevistas para aclarar la cuestión. En diálogo con la emisión de noticias de medio día de El Heraldo Radio, afirmó no saber cuándo sería abierta catedral y enfatizó que siempre hubo un diálogo “bonito” con las autoridades para hacer más simples los protocolos de actuación por las fiestas patrias. “Tuvimos varios problemas en ese sentido” dijo el clérigo quien indicó la “extrapolación” de mensajes que  escalaron al punto de hacer creer sobre la supuesta represión religiosa y violación militar a la santidad del recinto: “No hubo toma de catedral ni entraron los soldados al inmueble…” desmentía así las versiones de periodistas las cuales usaron “injustamente” las palabras del deán quien volvía al punto: el conflicto era la falta de diálogo con un gobierno que, a diferencia de otros tiempos, avisaba con “tres meses de antelación, teníamos un proyecto bien desarrollado con SEDENA, el Estado Mayor y los productores del evento, había un diálogo muy bonito…” El domingo se encontraron con la “sorpresa del cierre de la Plaza” con sólo una carta del Secretario de Gobierno de la Ciudad por aviso. Sólo el canónigo se refería “al miedo” por las potenciales afectaciones que la pirotecnia podría ocasionar con consecuencias fatales. Sin conocer cuándo podría abrirse el recinto, Valenzuela Pérez sólo atinó en calificar de “bizarra” la información y comunicación con las autoridades.

Valenzuela Pérez. Todo era "bonito"
Valenzuela Pérez. Todo era "bonito"

En medio de esta marisma, la acostumbrada pastoral del tuitazo del arzobispo Carlos Aguiar quiso amainar el encono. Aclarando que no hubo una “toma de catedral”, la tardía reacción vino después, hasta la tarde del 14 de septiembre, con un tardío y confuso comunicado que quería decir lo políticamente correcto con un tono aterciopelado asido de la disposición al diálogo. Pero era necesario inculpar a alguien. Y se apuntó hacia Valenzuela Pérez y los canónigos del cabildo quienes tomaron las riendas del vacío informativo y no haber interlocutor a la altura de las circunstancias: el arzobispo Aguiar Retes.

Pero, ¿hay responsabilidad de las autoridades del arzobispado? ¿Dónde quedó aquel oscuro sacerdote, quien ni siquiera forma parte del arzobispado, Manuel Corral, impuesto en un cargo inventado por Aguiar Retes como supuesto encargado de relaciones interinstitucionales?

Manuel Corral. Sin altura.
Manuel Corral. Sin altura.

Al respecto, este medio preguntó a quien tiene muchas horas de vuelo en la forma de comunicar, desactivar crisis y enfrentar a los tenedores del poder. Todavía, a pesar de su “retiro” de los medios como vocero, Hugo Valdemar Romero es punto de referencia para aclarar y ofrecer información que ya no está disponible debido a la impericia y falta de oficio de la oficina de comunicación de Carlos Aguiar y del mismo arzobispo quien vive agazapado, aislado y cada vez más alejado del rebaño y del presbiterio.

En entrevista, Valdemar Romero da su punto de vista acerca del poco afortunado comunicado y de los errores que pudieron haber escalado de no haber sido por la rápida reacción del cabildo metropolitano y de los errores que siguen sumiendo a la arquidiócesis de México al ponerla en manos de quienes, asegura, ni siquiera la conocen. Así se cerró un capítulo que pudo haber costado mucho a la Iglesia de la Ciudad de México.

Valdemar Romero. Arzobispo abandonó catedral.
Valdemar Romero. Arzobispo abandonó catedral.

Padre Hugo, antes de ahondar en el fondo del asunto, explíquenos ¿Cuál es el protocolo que cada año se sigue para el cierre de catedral por fiestas patrias y desfile militar?

-En años anteriores, el Estado Mayor presidencial entraba en diálogo con semanas de anticipación con el Dean de la Catedral para ver los pormenores de la seguridad del presidente, del acto del grito de independencia y el desfile militar. Siempre hubo buen entendimiento y coordinación, incluidas las autoridades de la Ciudad de México.

Hubo intencionadas malinterpretaciones en la comunicación, pero debe destacarse algo importante: en ese momento, el Deán de Catedral tuvo que dar una explicación. ¿Fue esto un error?

-El único error fue de parte de las autoridades federales que, a diferencia de años pasados, no entraron en diálogo con las autoridades de catedral; por eso, sin previo aviso, y con dos días de antelación, cerraron todos los accesos a catedral siendo más grave porque era domingo, día en la que gente acude a las misas y esta vez se encontraron con la sorpresa al no acceder al templo mientas que, en años anteriores, el acceso se cortaba hasta el 15 de septiembre pasado el mediodía, lo que causó una gran confusión. Por parte del cabildo no hubo error en la comunicación, pues lo que se informó es que el ejército había tomado las inmediaciones de la catedral, pero nunca se dijo que el ejército hubiera tomado catedral como muchos erróneamente, e incluso con mala fe, interpretaron.

Los medios del arzobispado responden tardía y erráticamente. En un comunicado se percibe que la culpa es del cabildo por crear esta crisis. ¿Qué opina de esto? 

-Por desgracia, el comunicado emitido por la oficina de comunicación de la arquidiócesis llegó de manera tardía y errónea y así lo hizo aparecer. Es increíble que después de dos años en el cargo, el director de comunicación no tenga una mínima idea de la arquidiócesis de México y cometa errores tan graves. Lo tardío y erróneo del comunicado habla del nivel lamentable e ineficiente al que ha llegado la comunicación de nuestra iglesia particular.

Otro temor que parece peor es que, según, la pólvora y pirotecnia almacenados en catedral podrían causar desgracias. ¿Usted qué sabe de esta situación?

-Este es un problema que desde hace décadas se repite y pese a que año con año se denuncia, simplemente se ignora la preocupación del Venerable Cabildo. Almacenar la pólvora al interior del área de catedral es verdaderamente irresponsable; no es imposible un error humano, si llegara a suceder, es tal la cantidad de pólvora almacenada que podría volar el Sagrario Metropolitano y la Catedral y, más allá de la pérdida del tesoro artístico e histórico del monumento colonial más importante de América, sería aún más terrible la pérdida de vidas humanas. Recuerdo que, siendo vocero de la arquidiócesis, ante el argumento de que ahí ponían la pólvora porque no había otro lugar, yo les dije: “Y ¿por qué no la almacenan en el inmenso patio del Palacio Nacional?” Es increíble la irresponsabilidad de las autoridades.

¿Por qué ocurren estos errores? ¿Qué hace que un asunto de esta naturaleza escale a tales niveles de confusión?

-Porque por desgracia no existe una interlocución adecuada entre la arquidiócesis de México y las autoridades federales y de la Ciudad de México, eso no sucedía nunca en el pasado, había una comunicación institucional y fluida que evitaba este tipo de equívocos. Pero ahora simplemente no la hay ni siquiera en los niveles más básicos, ya no digamos a un alto nivel.

Finalmente, un pastor no puede responder a tuitazos, los que sabemos él no redacta. ¿Dónde está el arzobispo Aguiar en todo esto? El obispo auxiliar representante de Carlos Aguiar se mantuvo en la sombra ¿Qué está pasando en catedral?

-Bueno, pienso que esa respuesta la debe dar el mismo arzobispo quien abandonó su catedral desde su llegada y si bien delega en su vicario general su presencia en la misa dominical y en las reuniones de Cabildo, nunca será lo mismo.

En este desenlace, la toma de catedral fue una historia de mala fe, errores evidenciando que en la nueva normalidad, el más ausente de todos es uno: Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de México.

catedral nueva normalidad.

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