Instrumentum laboris del Sínodo: "la Historia de la Iglesia es la historia de su Poder" (II) "Pretender que los clérigos no pequen con el poder, y que todo sea servicial, es querer acabar con los clérigos"

MItra, báculo, pectoral y anillo episcopales
MItra, báculo, pectoral y anillo episcopales

"El Concilio Vaticano Iº fue el del Papa, el Vaticano IIº fue el de los obispos, y el presente Sínodo pudiera ser el del Pueblo fiel, debidamente mezclado con los dos anteriores"

"Se concluyó la anterior parte, con referencia a eso tan del Papa Francisco y de los jesuitas que es el “conversar en el Espíritu”, que implica el discernimiento"

"Como laico que soy miro a la sociedad civil y veo que la autoridad y el poder trastorna; demoniza a las gentes para conseguirlo y mantenerlo; trastornados y como demonios, los políticos por supuesto, pero también los demás, desde los funcionarios, jueces y juezas, los notarios y las registradoras de la propiedad, los cajeros de un supermercado, hasta mi amigo Ramiro"

El pasado domingo, 25 de junio, en la Basílica San Miguel, atendida por el Opus Dei, se celebró la Misa, víspera de San Pedro,  celebrada por el Nuncio del Papa en España y Andorra, Don Bernardito, cuya homilía duró diez minutos y diez segundos. La Homilía fue una oración sobre el papa Francisco, en la víspera de la festividad de San Pedro.

Llamó la atención que en la predicación no se hiciera referencia al proceso sinodal, tan candente, incluso, incluso  en un lugar, Basílica,  tan poco “sinodal”, y situándose a la derecha del Nuncio, monseñor Cipriani, del Opus Dei, cardenal emérito de Lima, del que periodistas aseguraron que fue el hombre de la CIA en tiempos del Presidente Fujimori. Seguramente “cosas de periodistas”.  Llamó la atención que frente a tanta exquisitez de mármoles y esculturas, el atril de madera para sostener las cuartillas del celebrante principal estuviese tan deteriorado, con desconchados y agujeros como de polilla.   

Basílica de San Miguel

Se escuchó muy bien al Nuncio, cuya predicación empezó de la siguiente manera, tan poco sinodal: “Excelentísimas autoridades y excelentísimos señores embajadores, miembros del Cuerpo Diplomático”. Luego se producirían los desarreglos comprensibles en quien pronuncia el castellano con acento tagalo-filipino. Así, queriendo decir, “todos”, “todos”, se oyó: “toros, toros”, y el señor obispo y diplomático vaticano tartamudeó con lo de “periferíiias”. Lo de los pajarillos y las flores de primavera, y Dios con nosotros, se  pronunció correctamente. 

Si en la anterior parte, la 1ª, se mencionó al Pueblo fiel, Colegio episcopal y Obispo de Roma, los tres en “escucha del Espíritu Santo” (según el número 10 del Prólogo de Instrumentum laboris), ahora en esta segunda parte, corresponde recordar que el Concilio Vaticano Iº fue el del Papa, el Vaticano IIº fue el de los obispos, y que el presente Sínodo pudiera ser el del Pueblo fiel, debidamente mezclado con los dos anteriores; parecido, pero de ninguna un Concilio, aunque el Pueblo fiel lo merezca. 

Expliqué que Instrumentum laboris, en su primera parte, trata de eso tan complicado que es saber lo que es el actual y peregrinante Sínodo, así como lo de la Iglesia sinodal. Ahora, gracias a los cardenales Grech y Hollerich sabemos más, pues, además, lo de la Iglesia sinodal, es “meterse en juego con el Espíritu” o que “es una oración”. Tal abstracción o concreción –según se contemple- pudiera ser consecuencia de que los dos purpurados y pastores, jesuita el último, son de dos lugares muy poco recomendables –en ellos tienen la sede respectiva- por ser muy pecadores y  mafiosos, como son la Isla de Malta, de la Orden que fue del cardenal Burke (Grech), y Luxemburgo, un paraíso, aunque fiscal, o sea,  un infierno (Hollerich).  

Hollerich y Grech

Incidentalmente indico que mi amigo, padrino de mi hijo, José María M-C, registrador de la Propiedad, padre de Lucía y otras, con enterramiento apalabrado en la Iglesia madrileña de Medinaceli, y sin que ver con la sinodalidad, me anunció el pasado 19 de junio, que me contaría cosas de la Orden de Malta, al haber cenado con un futuro alto cargo de esa Orden, en La Valeta maltesa. A mi amigo, contesté con velocidad, que lo más gordo me lo contaron en el Vaticano hace unos días. Y di a mi amigo,  no obstante, las gracias.

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Se concluyó la anterior parte, con referencia a eso tan del Papa Francisco y de los jesuitas que es el “conversar en el Espíritu”, que implica el discernimiento, lo cual es muy propio. Conversar sin discernir es de humanos locos. Y la Iglesia, por tener tanta tradición en el “conversar”, tiene una larga tradición en el discernimiento eclesial, con pluralidad de métodos y enfoques, como se indica en el número 35 de I.L. Y si la “conversación en el Espíritu”, dinámica de discernimiento en la Iglesia sinodal, empieza con una preparación personal, termina con una oración final de agradecimiento. Y del discernimiento nada debe ser excluido, ni lo de los divorciados vueltos a casar, lo de las diaconesas permanentes, lo del celibato o la inculturación de la liturgia, ni lo demás. 

Escribimos que “comunión, misión y participación” son los tres temas prioritarios para la Iglesia sinodal. A esos tres temas se dedica la llamada Sección B de I.L en la primera parte, así como las llamadas Fichas de trabajo (para la Asamblea sinodal) de la segunda. Al ser, desde el principio, casi desde el bautismo, un fiel laico, me interesó especialmente el pilar B 3. “Participación, responsabilidad y autoridad, sin dejar de leer con atención el B.1 “Una comunión que se irradia” y el B.2 “Corresponsales en la MISIÓN”. 

sinodo continental
sinodo continental

¡Qué no voy a saber de lo de la autoridad en la Iglesia, habiendo estudiado la Primaria en los Hermanos Maristas, y añado ahora que también la Secundaria! Luego, en lo que pudiera llamarse las “terciarias”, me interesó el Poder, la Potestad, en las Ciencias políticas y jurídicas. Por cierto que a los 13 años en Los Maristas, un extravagante Hermano explicaba, no bobadas de trigonometría o de catetos e hipotenusas, sino lo de Dios, “uno y trino”, como máxima autoridad. ¡Cómo voy a adherirme a descalificaciones educativas en el llamado nacional-catolicismo español!

Por todo lo expuesto, estoy completamente de acuerdo con lo escrito en I.L: “En su origen, el término “autoridad” indica la capacidad de hacer crecer” y por tanto, el servicio a la originalidad personal de cada uno, el apoyo a la creatividad y no un control que la bloquea. Eso, en verdad, es el verbo augeo en latín, en castellano “aumentar”, y añado, como curiosidad, que el término y concepto de “autoridad”, no se encuentra en la lengua de la Grecia clásica; es ingeniosidad del pensamiento romano. Precisamente por Ella, a la Iglesia, a la heredera del Imperio Romano es tan importante la autoridad, como la potestas, de potis, que es el que ejerce el poder. Y aquí surge la gran cuestión del origen divino del poder, de los dioses garantes de la autoridad (Dei auctores) y del Dios cristiano (Deo auctor).

Leyendo lo de las “Fichas de trabajo”, me vino a la mente las enseñanzas de Umberto Eco para hacer una tesis doctoral, lamentando  citar a una persona tan detestada, injustamente, en el Vaticano. Y es que las numerosas páginas dedicadas en I.L. a esas “Fichas”,  recuerdan la técnica para hacer una buena tesis doctoral. Lo que vale para alcanzar la excelencia cum laude, doctoral, puede valer para que el proceso sinodal en las dos Asambleas, la de octubre de 2023 y la de 2024, se supere con sobresaliente, no obstante la abundancia de temas que harían “descarrilar” a cualquier papa o papá, de paternidad responsable. 

Instrumentum Laboris del Sínodo de la Sinodalidad
Instrumentum Laboris del Sínodo de la Sinodalidad RD/Aras

Por supuesto que nada escribiré acerca del “cómo utilizar las fichas de trabajo” y otro asuntos procesales, que, por ser de adjetivos, evito,  reconociendo, eso sí, la importancia de conocerlos por lectura, pero me interesan más los sustantivos, los “chichos” más que los envoltorios. Nada aquí de contextualizaciones, preguntas para discernir e intuiciones documentales. 

Y llegados aquí, lamento no coincidir con el optimismo de los autores ¿quiénes son o quiénes sois? los de Instrumentum laboris. Como laico que soy miro a la sociedad civil y veo que la autoridad y el poder trastorna; demoniza a las gentes para conseguirlo y mantenerlo; trastornados y como demonios, los políticos por supuesto, pero también los demás, desde los funcionarios, jueces y juezas, los notarios y las registradoras de la propiedad, los cajeros de un supermercado, hasta mi amigo Ramiro (alias Ramirín), que, siendo peluquero, estilista y psico/esteta, escribe de Música en un periódico.

Y como de la sociedad eclesiástica que soy, por Bautismo y por promesa posterior confirmada, con renuncia a Satanás, el de las pompas, veo a la autoridad y al poder eclesiástico haciendo de las suyas, pecados mortales. Pretender que los clérigos no pequen con el poder, y que todo sea servicial, es querer acabar con los clérigos. Da lo mismo que los clérigos sean chiitas o católicos. El poder les es inherente. 

Consagración episcopal

Los llamados ritos clericales  de Ordenación destacan ese carácter autoritario o poderoso. En las ordenaciones episcopales, por ejemplo, es impresionante ver a dos diáconos sosteniendo un pesado libro encima de la cabeza del ordenante; también es impresionante ver colocar una mitra sobre la cabeza del nuevo obispo. ¿Cómo va a pensar que es un cualquiera, aquél, al que se practican esos rituales? Lo de poner las manos en cabezas, casi siempre calvas, es ambiguo. Y si ya es obispo ordenado, es fascinante ver sentarse al obispo con mitra y báculo en la nueva sede catedralicia, momento de muchos aplausos y de grandes y plurales emociones, destacando la de mamá. 

Comprendo que esté de moda denunciar lo del clericalismo, pero lo siento, soy pesimista; veo difícil y acaso peligroso acabar con él, y pudiendo los seminarios vaciarse más, si posible fuere, si a los clérigos se les inculca que por mandar han de pedir perdón. Y la Historia de la Iglesia es la historia de su Poder. Su historia sin Poder ¿qué será? Hace bien Instrumentum laboris en recomendar la no autorreferencialidad: “No mirarse al ombligo”. Pero es muy difícil, pues allí, delante del ombligo, los clérigos superiores u obispos, colocan lo que antes se llamó el “Pectoral”, y allí miran también los demás clérigos, echando en falta el pectoral.  

No repetiré el final de la 1ª Parte, aunque sí que recordaré lo que sobre el Obispo de Roma y sobre los demás obispos escribí, reiterando mi humilde condición, sin autoridad y/o poder, por ser del Pueblo fiel. Y que todo ello sea, como dicen los juristas, para evitar repeticiones innecesarias, y cuando las ganas de escribir disminuyen. 

Poder de la Iglesia

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