Dignitas Infinita: toma y daca (II) "¿Nada tiene que decir el Vaticano sobre la pandemia de suicidios o la Inteligencia artificial?"

Dignitas Infinita
Dignitas Infinita

"¡Qué pena que la misma Iglesia, a veces, en su Historia, haya mirado para otro lado, en asunto tan importante, humano y divino!"

"Esos viejos artículos contradicen, por prejuicios de sospecha, la proclamada dignidad femenina, y deberían ser expulsados del Código Civil"

Según Gaillard, el aumento de la capacidad cerebral, por la acción de las máquinas y la Inteligencia Artificial (IA), irá acompañado de un aumento de las perturbaciones o enfermedades mentales

"Otro asunto muy importante y sobre el que el Vaticano, en su Declaración calla, es sobre la pandemia de suicidios de pre/adolescentes y adolescentes que hace sufrir a tantas familias"

I.- Sobre la Parte General de la Dignitas:

De entre los adjetivos que califican a la Dignidad humana, me quedo con el de ontológica, que está en la Introducción de la Declaración Dignitas Infinita. Es la primera, la ontológica, de la cuádruple distinción conceptual de la dignidad, según se escribe, siendo las tres restantes, la dignidad moral, la dignidad social y la existencial. Y una Declaración, Dignitas Infinita que, procediendo de un Dicasterio vaticano, el de “la Doctrina de la Fe”, la firman, tal como ya escribí, no sólo sus autores, sino también el Papa, que no está entre ellos. Eso causó confusión y asombro, por firmar el Papa documentos de los que no es autor. Eso, tal como escribí en la 1ª Parte, también causó sorpresa, dando pie a comentarios sobre intríngulis en el Vaticano. 

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Dignitas Infinita
Dignitas Infinita

Que no se diga que lo de la autoría y firma son simples cuestiones formales, pues a los que tal dijeren, se llamará inmediatamente ignorantes. Y es que los problemas de forma son siempre de fondo. El sabio Aristóteles, que fue un gran pedagogo, amante de divisiones y clasificaciones para desentrañar y ver mejor los fenómenos complejos, dejó escrito: “La forma es la esencia de la cosa”. Forma y fondo, esencia y existencia, teoría y práctica, son maneras de ver mejor lo que es uno, separándolos. Y hacer lo que se llaman “cuadros sinópticos”, es el colmo de la simplificación pretendida. 

La “interacción” fondo y forma, principales, se manifiestan, por ejemplo, en la Consagración, dentro del Rito Eucarístico, con las palabras del ministro válidamente ordenado antes de la Elevación del Cuerpo y Sangre de Cristo (La Transubstanciación). Es de interés la lectura De los ritos y ceremonias de la celebración eucarística (cánones 924 y siguientes del Código de Derecho canónico). 

La llamada “aclaración fundamental” en la Declaración vaticana es básica: Dignidad ontológica “que corresponde a la persona como tal por el mero hecho de existir y haber sido querida, creada y amada por Dios”. Más adelante, se escribe: “A partir de algunas reflexiones filosóficas más recientes sobre el estatuto de la subjetividad teórica y práctica, la reflexión cristiana ha llegado después a acentuar aún más la profundidad del concepto de dignidad, alcanzando en el siglo XX una perspectiva original, como por ejemplo la del personalismo”.  

Poco a objetar, salvo que el siglo XX también fue el siglo de la indignidad máxima. En cualquier caso, es adecuado que lo afirmado en el párrafo anterior, lo repita y proclame una Iglesia tan importante como es la católica, aunque, en Europa, decaiga en importancia. Y es que la cuestión, no sólo es muy importante, sino también difícil, difícil de practicar. ¡Qué pena que la misma Iglesia, a veces, en su Historia, haya mirado para otro lado, en asunto tan importante, humano y divino!

Y es que, en referencia a la ontológica Dignidad, se necesita predicar y mucho; que “ver” la dignidad humana en los otros supone el calor de la simpatía y hasta del amor y caridad, y no sólo una fría y metafísica razón. Lo ontológico se opone a lo contingente y variable, sin olvidar que los “tiempos y concepciones de la Dignidad” también son históricos. Y el Poder, el poder político y económico, el eclesiástico y civil, los micropoderes privados (relaciones laborales), con tanta preferencia por la sumisión y esclavitud, son dardos continuos contra la Dignidad humana. 

Jesucristo
Jesucristo

Y reitero que está muy bien que la Iglesia lo proclame, pero siempre sabiendo que una cosa es predicar, que, a veces, es barato, y otra diferente es “dar trigo”, que, a veces, es caro. Muy complicado, por ser fuente de conflictos, es lo de la “estructura relacional de la persona humana” (Parte 3ª de la Declaración Dignitas Infinita). Dice el número 27: “La dignidad del ser humano incluye también la capacidad, inherente a la propia naturaleza humana, de asumir obligaciones hacia los otros”. Lo escribimos antes.   

Y pondré ejemplos cercanos a los españoles, pero de validez general, no atreviéndome a escribir de “validez universal”. Y lo que cuento a continuación, lo hago con la humildad que me caracteriza, que, al parecer, puede ser escasa. Siempre me llamó la atención que los sabios legisladores del Código Civil español, en el año 1889, escribieran en el artículo 30 la exigencia de que el nacido, para tener personalidad, debería tener “figura humana”. O sea, que aquellos sabios daban por supuesto que por la vagina femenina podían salir figuras no humanas. Tal disparate, contrario a la dignidad de la mujer, y años antes de lo del “inconsciente” de Freud, no fue advertido hasta que se derogó tal párrafo del artículo por la Ley 20/2011, de 21 de julio, del Registro Civil. 

Recuerdo bien que al haber leído la remisión al viejo artículo 30 del Código Civil, para las inscripciones de nacimiento, en el Proyecto de Ley remitido al Congreso, advertí a la entonces alcaldesa de Gijón (Paz Fernández Felgueroso), siempre feminista, de cómo era posible que un Gobierno socialista, el de entonces, el de tantas feministas con carrera ministerial, hubiera aprobado un Proyecto de Ley tan bárbaro por misógino. 

El caso es que las gestiones dieron su fruto y se cambió por el actual vigente en el proceso parlamentario de aprobación de la nueva Ley (la del Registro Civil). Y es llamativo que aún ahora sigan vigentes los artículos 959 al 967 del Código Civil, ambos inclusive, bajo el título, en sede de herencias: “De las precauciones que deben adoptarse cuando la VIUDA queda encinta”. A mi juicio, esos viejos artículos contradicen, por prejuicios de sospecha, la proclamada dignidad femenina, y deberían ser expulsados del Código Civil.  

Fuero de los españoles

Y para incidir más en lo contingente, variable e histórico del concepto de Dignidad, he de recordar lo que se escribía en el Fuero de los Españoles, de 17 de julio de 1945, en la redacción dada por el Decreto 779/1967, de 20 de abril, por el que se aprobaron los textos refundidos de las llamadas Leyes Fundamentales del Reino. Decía el Fuero: “El Estado español proclama como principio rector de sus actos el respeto a la dignidad, la integridad, y la libertad de la persona humana, reconociendo al hombre, en cuanto portador de valores eternos”. 

Un artículo el entrecomillado muy comentado por Luis Sánchez Agesta, autor del libro Derecho Constitucional Comparado, de la Editora Nacional, en 1965, al precio de 340 pesetas, que fue, durante años, un manual para estudiantes del llamado Derecho Político II, en las Facultades de Derecho españolas. Escribió don Luís de los Mensajes radiados de Pio XI y Pío XII, del humanismo cristiano y del iusnaturalismo de Vitoria, Soto y Vázquez de Menchaca. Preferí siempre el libro de idéntico título, de don Manuel García Pelayo, en edición de la Revista de Occidente (7ª Edición en 1964), y al que seguía ad pedem literae el profesor de Derecho Político II, en Oviedo, don José Pérez Montero, profesor adjunto. 

¿Es esa, la del Fuero (1945), la misma dignidad que la del artículo 10 de la Constitución española de 1978? Ese artículo dispone lo siguiente: “La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social”. 

No me apetece mucho escribir, comentando una Declaración vaticana, de los preclaros civilistas españoles, discípulos de don Federico de Castro, maestros de notarios, registradores y catedráticos, entre todos los cuales destaco, como fundamentales y muy recordados, a don Luis Díez Picazo Ponce de León y a don Manuel Peña Bernaldo de Quirós, este último durante años cabeza poderosa en la Dirección General de los Registros y del Notariado. El escritor Camilo J. Cela en Memorias, entendimiento y voluntades (Plaza Janés, 1993), sobre don Federico de Castro, escribe: “Definió la Ley diciendo que era de expresión de la voluntad directamente emanada del Caudillo”.  Pregunté a un procesalista, también muy de Don Federico, si lo de Cela era verdad, y me dijo que, seguramente, si, aunque Cela siempre la “guardó” a don Federico por no aprobarle la Parte General de Derecho Civil, explicada en la llamada Universidad Central. 

Estudié con mucho respeto lo escrito por el civilista don Federico, casi como plegaria de Misal con finas hojas de bordes rojos: Derecho Civil de España, El negocio jurídico, Las condiciones generales de los contratos. En Temas de Derecho Civil (1972), en el tema primero de Los bienes de la personalidad, escribió el civilista: “El actual interés de los civilistas por los bienes de la personalidad, es de hace relativamente poco tiempo, pero de ritmo creciente. Ello por dos razones: La insuficiencia práctica de las sanciones penales y el carácter más programático que eficaz de las Declaraciones de derechos del hombre”. Así de seco y escueto se escribió. 

Y el profesor Castán, apoteósico en su obra Derecho civil español común y foral, obra en una docena de libros, en edición de 1963, escribió que persona en acepción vulgar era sinónimo de hombre; que en sentido filosófico era plural y en jurídico, persona era el “ser capaz de derechos y obligaciones”. En 2003, en Instituciones de Derecho Privado, en el Tomo I (Personas) Volumen 2º ya leí lo siguiente: “El hombre, la persona, por el mero hecho de serlo, es titular de derechos y deberes básicos, inalienables derivados directamente de su dignidad humana”.  

O sea, que sí a lo ontológico de la Dignidad, y también sí a lo contingente e histórico. 

Gaillard

II: Sobre la Parte Especial de la Dignitas:

A.- Dignidad humana y Medicina: 

El número 4 de la Declaración Dignitas infinita se encabeza: “Algunas violaciones graves de la dignidad humana”. El que escriba “algunas” no hace improcedente mi lamento -eso creo- de que la tal Declaración omite referirse y dar doctrina sobre violaciones graves de actuaciones médicas en el cerebro humano, de una parte, y acerca de la Inteligencia artificial, de la otra. Me gustaría saber si lo uno y lo otro, ambas, pueden violar o no la ontológica dignidad humana. Sigo sin saberlo porque la Iglesia calla. No lo sé, sólo sé que espero la doctrina de mi Iglesia. 

De la múltiple y variada bibliografía sobre “Medicina y Dignidad humana”, señalo lo último: el libro de Raphaël Gaillard, titulado L´homme augmemnté. Futurs de nos cerveaux', editado por Grasset. El autor estudió en la prestigiosa École normale supérieur, la de la Rue D´Ulm, de Paris, a la cual, con ocasión de su bicentenario, en 1994, el académico y exministro Alain Peyrefitte, dedicó un libro de Crónicas de la vida en la Escuela normal, editado por Fayard, interesante por las referencias científicas, y correspondiendo la Introducción al que fuera presidente de la República francesa, también alumno de la Normal: George Pompidou. 

Raphaël Gaillard es psiquiatra, investigador en neurociencias y, además, con responsabilidades clínicas –es un clínico, en un hospital de Paris. Al principio del libro, al parecer, declara no padecer tecnofobia, aunque se muestra, por su experiencia, partidario de “vigilar a las máquinas”. Y escribo “al parecer”, pues aún no he leído el libro. Lo que escribiré a continuación lo escuché en el video que se puede ver, desde el último 2 de abril, en Internet, en la página web (video d´ecrivains) de la Librairie Mollat. 

Y se trae a colación ese libro, por el silencio del documento vaticano sobre prácticas médicas expuestas en ese libro, lo reitero. Lo de aumentar las capacidades cerebrales por medio de la técnica -señala el autor- no es de ficción, sino de realidad, de prácticas médicas que se están ya desarrollando en muchos hospitales del mundo, con resultados de eficacia. 

Mencionó el psiquiatra y clínico, en primer lugar, las técnicas de implantación de electrodos en el cerebro, para superar ciertas enfermedades mentales, tales como el Parkinson. Mencionó luego las técnicas más complejas para la activación cerebral (caso de parálisis) por medio de ordenador, siendo ese el caso de tetrapléjicos. Con esos procedimientos se trata –señaló- sumar la propia actividad eléctrica del cerebro, con la de las máquinas. Añadiendo lo que llamó terapias psicodélicas o innovaciones farmacológicas, produciendo “consciencias modificadas”, de manera inmediata, frente a la farmacología lenta y tradicional y afectante a otros órganos como el hígado.

Inteligencia artificial
Inteligencia artificial

Y advirtió Gaillard de que, si la gran capacidad del actual cerebro humano es la causante de las perturbaciones mentales, hoy tan presentes, tales como la depresión, la esquizofrenia, bipolaridad y otras, el aumento de la capacidad cerebral, por la acción de las máquinas y la Inteligencia Artificial (IA), irá acompañado de un aumento de las perturbaciones o enfermedades mentales.

Otro asunto muy importante y sobre el que el Vaticano, en su Declaración calla, es sobre la pandemia de suicidios de pre/adolescentes y adolescentes que hace sufrir a tantas familias, no sabiendo bien qué papel desarrollan en eso las nuevas tecnologías, tal como culpó de ello un parlamentario USA a Mark Zuckerberg hace días. Y afirmó Raphaël Gaillard que tendrá explicación el hecho de que los propietarios de los grandes gigantes tecnológicos lleven a sus hijos a escuelas en las que no hay pantallas. Norbert Bolbeny, en su libro Moral barroca (Anagrama 2022) escribe: “Los índices de depresión y suicidio entre adolescentes y jóvenes crecen incluso en países y clases sociales donde el bienestar material y la educación son mejores”.   

¿Nada tiene que decir el Vaticano sobre todo eso?

Nada tocante a la Dignidad humana se ha de dar por supuesto y omitir. Curiosamente, sabíamos la postura de la Iglesia sobre “el drama de la pobreza”, “la guerra”, “el trabajo de los emigrantes”, “la trata de personas”, pero de lo que tratamos en este apartado, sólo disponemos de lo que fragmentariamente dijeron algunos Papas. Y la tan esperada Dignitas Infinita resultó muda en aspectos importantes. A lo mejor es que cinco años de elaboración fueron escasos, habiendo necesitado más. No lo sé, acaso o quizá. 

B.- Dignidad humana e Inteligencia artificial (IA): 

La Inteligencia artificial que manejo es muy torpe. Es verdad que permite leer lo que escribo, sabiendo así cómo suena, pero es torpe como digo, pues los algoritmos si quiero escribir de Lope de Vega, he de estar atento y vigilante, pues escribe López de Vega…

Continuará.  

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