"A Francisco le gusta que la prioridad sea para los más débiles, los pobres de verdad" El llamado humanismo renovado (a propósito del discurso del Papa en Atenas)

El Papa, en el palacio real de Atenas
El Papa, en el palacio real de Atenas

"En ese mismo lugar, el 4 de mayo de 2001, con ocasión de la “Peregrinación Jubilar a Grecia, Siria y Malta”, ante el entonces Presidente de la República helénica, Konstantinus Stephanopoulos, el Papa Juan Pablo II, pronunció también un importante discurso"

"Ambos papas hicieron bien en no “pasarse” en una supuesta identificación entre el pensamiento griego y el judeo-cristiano, pues una cosa es admirar y reconocer la excelencia y profundidad del pensamiento helénico, y otra es no ver las profundas diferencias entre uno y otro pensamiento"

"Todo lo que se institucionaliza, inevitablemente, adquiere un carácter conservador, se hace de derechas; y la Iglesia, en cuanto institución y con unas personas físicas a su servicio, clérigos obedientes (que han de velar por que lo del Evangelio sea perenne y no pasajero), lo conservador es esencial"

En Roma no escucho todos los discursos papales, pero en Atenas y en Jerusalen escucho y releo todos. A la hora prevista, en Atenas, a partir de las 12,45 horas del día 4 de diciembre de 2021, se pronunciaron en el Palacio de la Presidencia de la República helénica -antes palacio Real, muy conocido por el Rey emérito don Juan Carlos de España-, los discursos de la Presidenta de la República, la jurista Keterina Sakellaropulos, y el del Papa Francisco, dentro del denominado “encuentro con las Autoridades, la Sociedad Civil y el Cuerpo Diplomático” de Grecia.

En la primera fila de la derecha, mirando al Papa, se situaron los tres cardenales que le acompañan en el viaje, las Eminencias Reverendísimas Parolín, Sandri y Koch, los arzobispos Peña y Gallagher de la Secretaría de Estado de la Ciudad del Vaticano, así como el arzobispo Presidente de la Conferencia Episcopal de Grecia, Mgr. Rossolatos, y el Arzobispo católico de Atenas, nombrado hace pocos meses, Mgr. Theodoros Kontidis, jesuita. Y en la primera fila de la izquierda se sentaron el Primer Ministro, su esposa y siguiendo luego los ministros; un Primer Ministro muy conservador, de “Nueva Democracia”, que sucedió en 2019 al radical de izquierdas, Alexis Tsipras, que, como suele ser habitual en los políticos muy de izquierdas, hizo, en el Gobierno, todo lo contrario a lo prometido.

Papa, en Atenas

En ese mismo lugar, el 4 de mayo de 2001, con ocasión de la “Peregrinación Jubilar a Grecia, Siria y Malta”, ante el entonces Presidente de la República helénica, Konstantinus Stephanopoulos, el Papa Juan Pablo II, pronunció también un importante discurso, si bien más breve. Los lectores interesados pueden hacer un estudio comparativo entre ambos documentos papales, de Juan Pablo y Francisco, y pueden tomar como base, del discurso pronunciado por Francisco, la excelente crónica, aquí publicada, en Religión Digital, fechada el mismo día 4 de diciembre y firmada por Jesús Bastante; y para conocer el discurso de Juan Pablo II, se puede acudir a la magnífica página web de la Santa Sede (Viajes de Juan Pablo II, en 2001).

En ambos discursos se citó al Padre de la Iglesia, San Gregorio Nacianceno, respecto al cual, recordó Francisco su frase destacada: “Atenas, villa de oros, en la que, buscando la elocuencia, encontré la felicidad”, y ello dentro de unas más amplias reflexiones papales sobre la sabiduría y belleza alcanzadas en la Grecia clásica. A propósito de la lengua griega, de tanta precisión y modulaciones, Francisco la denominó la lengua del “logos”, inmortal, de la sabiduría humana y de la divina (“Evangelios escritos en griego”, según Francisco, y “textos del Nuevo Testamento, divulgados en griego, lo que permitió su rápida difusión”, según Juan Pablo II).

Ambos papas hicieron bien en no “pasarse” en una supuesta identificación entre el pensamiento griego y el judeo-cristiano, pues una cosa es admirar y reconocer la excelencia y profundidad del pensamiento helénico, y otra es no ver las profundas diferencias entre uno y otro pensamiento. Eso ocurre con lo tan esencialmente cristiano que es la resurrección en general y de Cristo en particular, que fue rechazado con radicalidad por el mundo griego, siendo dispares los conceptos de muerte en Grecia y Judea. Unos atenienses que, como recordó el papa, llamaron insensatos (dementia) a los cristianos que creían en la resurrección, y que por eso mismo calificaron de “charlatán” a San Pablo (Hechos de los Apostoles, 17:18,32). Incidentalmente recomiendo el interesante libro de Geza Vermes, titulado La resurrección (Ares y Mares, 2008).

Juan Pablo II, en Atenas

Novedad del texto de Francisco respecto al de Juan Pablo II, fue el contenido social y político del mismo, sobre política y democracia, sobre cambio climático, las migraciones y vacunas, con alusiones a los olivos mediterráneos y con importante recuerdo, muy breve, al juramento de Hipócrates sobre el respeto a la vida humana, del nasciturus y de los ancianos, nunca motivo de descarte. Y concluyó Francisco su Discurso del siguiente modo:

"Que a las seducciones del autoritarismo responda con la democracia; que a la indiferencia individualista  oponga el cuidado del otro, del pobre y de la creación, pilares esenciales para un humanismo renovado, que  es lo que necesitan nuestros tiempos y nuestra Europa”.

Parece ser que al sustantivo “humanismo” le sientan bien los adjetivos, y eso es sorprendente, pues parecería que el sustantivo, en palabra tan importante, lo es todo -hay sustantivos que rechazan lo adjetivo, que no lo precisan-; desgraciadamente al humanismo también se le adjetiva. Los pretendidos políticos católicos, en su alardear de Religión, como antes hicieron los llamados de la Democracia cristiana, no dejan de repetir que ellos son los del humanismo cristiano; que tienen casi su exclusiva, al parecer, por la gracia de Dios, que está con ellos.

Son de un humanismo muy confortable, de color azul como brillante vestido de Inmaculada. Gestionan muchos dineros ajenos y gratis, según dicen. Son de muchos ritos visibles, para quedar bien y buscan asegurarse el “paraíso” por si tal vez, y todo con adornos de jardines, maderas lujosas y moquetas para bien pisar, recordando al ratero, al rico del Evangelio y a la pobre viuda, generosa de verdad (Evangelio del 7 de noviembre). Y con un afán de apuntarse para estar en registrales libros de adheridos y de ayuda mutua. Los de ese humanismo, por lo que dicen y escriben, parecen muy de derechas.

Humanismo cristiano

¿Y qué es eso del humanismo renovado del papa Francisco, tal como dijo en Atenas el 4 de diciembre ante las autoridades griegas? El mismo trató de exolicarlo: “Democracia, cuidado del otro, del pobre y de la creación”, lo cual, dentro de “lo vaticano”, en la práctica –no en la teoría metafísica que todo lo admite, si necesario fuese- suena a peligrosas extravagancias, que tanto gustaban a Juan Pablo I. Es verdad: el humanismo y el Papado parecen de historia complicada; y es como si cada Papa tuviera su humanismo, y eso que no cubren su cabeza con chistera.

Muchos aún recordarán el humanismo de Pío XII, de la Acción Católica, de los roperos y de las visitas a las chabolas de los pobres en las mañanas de domingos; el Papa Pacelli pasmado, que murió de hipo, entre cascabeles y campanillas, de la II Guerra Mundial, como pasmado fue Benedicto XV durante la I Guerra Mundial. ¡Qué “papelón” el del Vaticano en las dos Guerras mundiales! En el Concilio Vaticano II, hubo tanto humanismo que hasta se evitó, dicen que por miedo a los del Kremlin, la mínima referencia y condena al humanismo materialista de los comunistas, teniendo que esperar a la llegada del humanismo, como de Hollywood, de Juan Pablo II, para eso. El humanismo de Pablo VI fue rojo y el de Benedicto XVI fue elucubrante sobre eros, agapes y caritas.

Es sabido que localizaciones políticas, como lo de derecha e izquierda, no son fácilmente adaptables a una cuestión tan delicada y compleja como es una Religión, en particular la Católica, cuyo fundador fue tan outsider. Pero todo lo que se institucionaliza, inevitablemente, adquiere un carácter conservador, se hace de derechas; y la Iglesia, en cuanto institución y con unas personas físicas a su servicio, clérigos obedientes (que han de velar por que lo del Evangelio sea perenne y no pasajero), lo conservador es esencial, siendo los clérigos, por su afán de poder, muy conservadores, bien clérigos musulmanes chiitas como Jomeini, bien clérigos cristianos ortodoxos como el chipriota Arzobispo Macarios.

Francisco, con los refugiados de Lesbos

Parece que no hay duda: a Francisco le gusta la democracia y no el autoritarismo ni el populismo; que la prioridad sea para los más débiles, los pobres de verdad y que no sólo sirvan para adornar discursos como las invocaciones a la Virgen María; y hasta en una Encíclica, la Laudato Si, denuncia los ataques a la Creación y al medio ambiente, con lo que algunos, fieles suyos y de comunión diaria, ganan mucho en compañías eléctricas y de otro tipo, financiando obras en catedrales, con en la de Santiago de Compostela. Todo ello causa un barullo inmenso o un conflicto entre una Iglesia muy conservadora y un Papa que es cabeza del Colegio de Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra, que dicen que es muy poco conservador. El problema está en que lo que el Papa dice, parece creerlo.

Y lo repite continuamente: que hay que descender del pedestal para servir como hizo Jesús, que la búsqueda de prestigio personal es una enfermedad del espíritu; que el abuso de autoridad es causa del nefasto clericalismo o gentes de almas dobles. Es muy complicado para un Papa dejar de hacer lo recomendado por el proverbio indio: adular a elefantes y pisotear a hormigas.

El Papa, en el palacio real de Atenas

Muchos documentos de Francisco se podrían traer a colación, pero nos bastan frases sacadas de la predicación del Angelus, recientes, de los días 17 de octubre y 7 de noviembre de 2021, cuya nueva escucha se recomienda. El mismo Papa se consoló y nos consoló durante la Misa del Segundo Domingo de Adviento, celebrada en el Megaron Center Hall de Atenas, al proclamar que “la esperanza nunca desilusiona y que con Dios, las cosas cambian”. Que así sea.

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