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Mensaje del Papa para la Cuaresma 2026

Dios continúa declarándonos su amor.

Esta historia necesita una teología. Es la teología de la historia que hasta en los hechos tribales y concretos, hasta en los hechos criminales, encuentra algo de Dios. Dios habla desde la historia. Dios reclama desde lo bueno y bello que hay dentro de los hombres, como también reclama ante lo feo y malo que hay en las sociedades y hay en los hombres.  ¿Qué encontramos en las lecturas bíblicas de hoy? La primera lectura, donde Dios nos invita no sólo a gloriarnos de las alegrías del pasado, sino a confiar en El, que es capaz de hacer cosas nuevas. Nos dice que Dios no se repite. ¡Es maravilloso esto! Saber qué cosa nueva tiene Dios para nuestra historia de El Salvador. ¡Creamos! Porque Dios lo ha dicho. Creamos, como creyeron al profeta cuando, a los cautivos de Babilonia, les anunciaba una libertad que no parecía llegar y llegó, porque Dios no es mentiroso. Hoy, aquí, en El Salvador, Dios sigue rechazado por los hombres, pero El continúa declarándonos su amor.” (18 de febrero de 1979)

A pesar de que la mayoría de la población se identifica como «cristiana» y de que mucha gente desea «bendición divina» a los demás, Monseñor Romero no duda en afirmar que «aquí, en El Salvador, Dios sigue rechazado por los hombres y mujeres». Y esto no es un capricho de monseñor Romero ni una valoración de hace 47 años. Sigue siendo muy actual, ya que seguimos viviendo en el mismo sistema económico legalizado por la clase dominante y sus lacayos políticos. En el país se siguen invirtiendo millones de dólares en el ejército y el Ministerio de Defensa, mientras que los presupuestos de educación y sanidad no aumentan. Costa Rica es un buen ejemplo de país sin ejército y con altas inversiones en salud y educación. Seguimos pidiendo acceso a agua de calidad para todas las familias, pero no es un tema que interese de verdad a quienes llegan cada tres años a la Asamblea. No tenemos una política agraria que defienda los intereses de la población campesina. «La ganancia» y «el mercado» son los motores de nuestra sociedad.  En otra oportunidad Mons. Romero ha dicho que la nueva infraestructura (carreteras, puentes, edificios de lujo, …) no basta para que el pueblo tenga vida. Lo que le sucede al pueblo no importa. ¿No es cierto que la figura de Monseñor Romero debe seguir estando muy presente? En El Salvador se sigue rechazando a Dios, a pesar de las muchas veces que se menciona el nombre de Dios en los discursos.

Mons. Romero dice: «Dios no solo nos invita a gloriarnos de las alegrías del pasado, sino a confiar en Él, que es capaz de hacer cosas nuevas. Nos dice que Dios no se repite. ¡Es maravilloso! Descubrir qué cosa nueva tiene Dios para la historia de El Salvador. ¡Creamos! Porque Dios lo ha dicho». Con estas palabras, monseñor quiere abrir nuestro horizonte y alimentar nuestra esperanza. El Reino de Dios se hará realidad también en El Salvador y nosotros seremos las y los constructores de esa fuerza imparable, a pesar de los tropiezos, retrocesos, obstáculos y amenazas actuales. «Creamos», nos dice.  Por supuesto, no se refiere a un dios que va a arreglar nuestro país, sino a la fuerza divina que llevamos dentro y que despierta a hombres y mujeres para que se arriesguen a construir un futuro diferente. Jesús es el camino a seguir. Hoy nos toca crear y fortalecer espacios y encuentros de solidaridad y apoyo mutuo. Hoy nos toca cuidar la esperanza y mantener abierto el horizonte. Los graves problemas de hoy no pueden cegarnos, desanimarnos ni sumirnos en un negativismo crítico.  Dejemos de pensar en extremos de blanco o negro. ¿Creemos de verdad que el Dios de Jesús «continúa declarándonos su amor»? La respuesta no es para recitarla en un credo, sino para vivirla. Nuestros hechos mostrarán si somos creyentes o no. Es decir, si somos capaces de amar a los demás, especialmente a las familias más pobres, enfermas y excluidas, como respuesta amorosa al amor de Dios hacia nosotros. Respondamos al amor de Dios con amor radical, siendo prójimos de los demás. Hoy no son tiempos de ritos, celebraciones ni grandes manifestaciones públicas, sino de solidaridad y esperanza; tiempos de crear comunidad fraterna y de vivir de manera diferente desde abajo.

Lo que reflexionamos anteriormente, especialmente a partir de la experiencia en El Salvador, es, por supuesto, válido para todos los países, también para Europa. También en los países europeos necesitamos con urgencia arriesgarnos a confiar en Dios, que nos invita no solo a gloriarnos de las alegrías del pasado, sino también a confiar en Él, pues es capaz de hacer cosas nuevas. Cada vez más personas consideran que el futuro será menos próspero que el de las últimas generaciones, a partir de la posguerra.  Percibimos más amenazas por el calentamiento del planeta y los cambios climáticos que está provocando. La guerra entre Rusia y Ucrania ha acercado mucho el monstruo de la guerra. Los líderes mesiánicos están provocando crisis en la economía mundial.  Muchos de los cimientos de la sociedad actual se están tambaleando y aún no vemos dónde encontrar apoyos sólidos para construir una sociedad nueva. Vivimos en un «entre tiempos», entre dos tiempos. Desde la perspectiva cristiana, este «entre tiempos» es una enorme oportunidad para aprender a desprendernos de lo que ya no sirve y construir poco a poco un futuro nuevo. El discernimiento honesto y crítico es muy importante. Las iglesias pueden jugar un papel importante. Llevamos dos mil años cargando tradiciones. ¿Estaremos dispuestos a visualizar las novedades que Dios nos anuncia? Hoy es el momento de iniciar lo nuevo. Será un proceso lento, pero avanzaremos. No tengamos miedo de ver más allá de las líneas y de los recuadros. Las propias iglesias también tendrán que someterse a procesos de verdadera transformación. En la Iglesia también vivimos «entre tiempos».

Cita 9 del capítulo I  (Dios) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

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