Amén

Aeterna Christi Munera: Pepe Gallardo
07 jul 2017 - 07:07

¡Feliz viernes! Para terminar esa semana laboral primera de julio vamos a poner en nuestros labios esta doxología: amén. Y no vamos a hacerlo con palabras sino con música, con música coral que suena sencilla pero llana de emoción. El compositor es uno de los nombres de la segunda mitad del siglo XX, quizá conocido por una sola obra, una sinfonía. Pero hay vida más allá de esta obra, y la hay llena de luz, como es el caso de hoy. ¿Te apetece refrescarte con bella música? ¡Pues adelante!

Nos aliviará estos calores hoy Henryk Górecki (1933-2010), compositor polaco nacido en Czernica. Su fama le viene tras el estreno de la "Sinfonía nº 3" llamada "De las canciones tristes" que fue un éxito desde entonces. Comenzó a estudiar en Polonia pero fue tras su paso por París donde eclosionó como compositor. Sobre todo le influyó mucho la música de Messiaen. Desde el principio, la música de Górecki se entroncó en las raíces polacas, reflejando siempre las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. Se interesó por la música medieval y renacentista así como por la popular de su país y dio el espaldarazo cuando compuso la sinfonía antes mencionada. Eso le llevó a ser considerado como minimalista, ya que su obra tiene retazos de ello. A pesar de este éxito, siguió componiendo sin pretender buscar un éxito personal. En el momento de su muerte había terminado su cuarta sinfonía que esperaba el estreno.

Te presento, de Górecki, su Amén, op. 35, compuesto para coro en 1975. El texto solo consiste en esa palabra y es una obra de concepción más abstracta que otras para conjunto coral del polaco. La primera parte es modal, con las armonías expandiéndose verticalmente de forma simétrica, alrededor de un intervalo. Tras un clímax, el movimiento se convierte en paralelo con las voces graves doblando las agudas. Un glorioso pasaje en La Mayor parece poner fin a la obra, pero no es así ya que el maestro de nuevo se dirige al material con que dio inicio a la composición, terminando en una tríada menor. Una obra en la que Górecki, una vez más, afirma su fe y casi nos la hace vivir más intensamente.

La interpretación es del Estudio Coral de Buenos Aires dirigido por Carlos López Puccio.

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