Bach, Cantata BWV 37
De nuevo una cantata más de Bach, de nuevo una maravilla más que nos iluminará el día. Estas pequeñas perlas barrocas que nos legó el maestro no solo han aguantado el paso del tiempo sino perdurarán por siempre ya que serán constante inspiración para los compositores y fuente de deleite para los melómanos y personas de buen gusto.
Para ser un día festivo como el de la Ascensión Bach usa unos efectivos muy modestos en esta cantata, sin trompetas ni timbales. Eso no es problema para el grandísimo maestro que era Bach. Con esos efectivo creó una obra de tanto atractivo que estuvo en circulación por los ambientes musicales durante el siglo XIX.
El coro inicial destaca porque presenta tres líneas melódicas presentadas simultáneamente. Se reparten entre el coro, los violines y el bajo continuo. En las dos últimas aparece sendos corales luteranos. Tiene una sinfonía inicia que se entrelaza con la intervención de las voces. El segundo movimiento está incompleto aunque ha sido reconstruido en forma de aria para tenor y soprano. En el tercer movimiento Bach presenta un asombroso concerto coral al estilo de Johann Hermann Schein. Otra aria posterior se apoya en el canto de los oboes que dialogan con las voces. Termina la obra con un coral en la forma habitual a cuatro voces.
Las partes de esta obra son:
1. Coro: Wer da gläubet und getauft wird.
2. Aria: Der Glaube ist das Pfand der Liebe.
3. Coral: Herr Gott Vater, mein starker Held.
4. Recitativo: Ihr Sterblichen, verlanget ihr.
5. Aria: Der Glaube schafft der Seele Flügel
6. Coral: Den Glauben mir verleihe..
La instrumentación de la misma es a siguiente: soprano, alto, tenor, bajo, coro, dos oboes d'amore, dos violines, viola y bajo continuo.
El texto en español puedes seguirlo haciendo clic aquí. La partitura de esta belleza la tienes aquí.
La interpretación que te propongo es la de Paul Esswood (alto), Kurt Equiluz (tenor) y Ruud Van der Meer (bajo) acompañados por el Wiener Sängerknaben y el Chorus Viennensis, junto con el Concentus Musicus Wien dirigidos por Nikolaus Harnoncourt.