Bendice, alma mía, al Señor
¡Feliz viernes! Para ir cerrando esta semana laboral que ha supuesto el cambio desde febrero a marzo vamos a disfrutar de una bella composición que salió de la mano de un maestro que aparece por primera vez por aquí. La cuestión está en que el maestro no es un desconocido total por lo que no me explico cómo se me ha podido pasar. Sea como fuere, aquí está para deleitarnos con una belleza, no su obra más conocida pero que merece la pena ser escuchada con atención.
Te presento a Mihail Ippolitov-Ivanov (1859-1935), compositor ruso nacido en Gátchina. Su música recibe mucha influencia de la música popular georgiana y caucásica. Como curiosidad te diré que su apellido era solo Ippolitov pero le añadió el Ivanov final para distinguirse de un crítico musical de nombre similar. RImsky-Korsakov y Balakirev también fueron fuentes en las que bebió el compositor, que consiguió un estilo muy similar a lo largo de su vida. Fue una voz independiente, que se asemeja a Glazunov, que desarrolló un intenso interés en la música étnica. Puesto que pasó casi once años en el Cáucaso allí se interesó de forma intensa por su obra, y las recogió a adaptó felizmente en las mismas. Incluso llegó a escribir obras orquestales sobre temas catalanes y finlandeses. Siempre que hablamos compositores interesados en la música popular nos referimos a Bartók o Kodály pero nos olvidamos de Ippolitov-Ivanov porque quizá no es un maestro de primera fila... que a lo mejor debiera estarlo.
Su opus 37 es la Liturgia de San Juan Crisóstomo, una composición imprescindible en casi todo compositor ruso. Te ofrezco hoy su segunda pieza titulada Bendice, alma mía, al Señor. Está escrita en un estilo sencillo, director y limpio que mira directamente a la obra del mismo título de Tchaikovsky. Es una obra favorita de los coros que la interpretan con regularidad. Tiene toda esa emoción de las obras litúrgicas rusas, siempre tan directas al corazón y tan profundas. Las voces cantan siempre en paralelo, casi sin lugar al contrapunto, pero no por ello deja de emocionarnos. Una prueba de que en la sencillez está la belleza.
La partitura de la obra puedes conseguirla aquí.
La interpretación es del Coro Masculino de San Petersburgo.