Cristo, apiádate de tus siervos
¡Feliz jueves! Hoy empieza en les de noviembre y espero que lo haga con buen pie. ¡Ánimo que ya casi estamos a final de semana! El mes tiene su inicio con un día festivo aquí en España en el que recordamos a todos esos santos, tanto los que están en los altares como los que no pero cuyo ejemplo de vida sigue siendo muy poderoso para nosotros. Y poderosa es la palabra que podemos usar con la música de hoy, llena de fuerza, de potencia y de una sonoridad muy rica.
Quien consiguió esto fue Marcel Dupré (1886-1971), compositor francés nacido en Ruan. Si hay una palabra que es sinónima de Dupré es órgano. Está considerado uno de los grandes organistas de todos los tiempos, entroncado en la tradición romántica pero con una armonía propia del siglo XX. Era un extraordinario improvisador y un influyente profesor. Su sabiduría a los teclados la adquirió de Guilmant (de quien recibió clase de forma privada) y luego de Vierne y Widor en el conservatorio de París. Con doce años era organista en St. Vivien en Ruan y con quince estrenó un oratorio. En 1920 dio una serie de recitales de memoria con todas las obras de Bach. En un solo viaje llegó a dar 110 recitales e hizo diez giras de conciertos en Estados Unidos. En 1953 dio su concierto número 1900 y en ellos improvisaba fugas y sinfonías para órgano a partir de temas que le daban los oyentes. Como pupilos famosos tuvo a Jehan Alain y Olivier Messiaen, en cuya música para órgano influyó grandemente.
Hoy te traigo su pieza titulada Placare Christe Servulis, op. 36 n.º 16. Pertenece a una obra mayor, compuesta en 1943, titulada «Le tombeau de Titelouze». La de hoy se basa en un himno para maitines y vísperas del día de Todos los Santos. El abad de la catedral de Ruan le mostró a Dupré la que tradicionalmente se había considerado la tumba de Jean Titelouze, padre de la música para órgano francesa. Eso inspiró a Dupré esta colección. En la pieza de hoy, se trata el himno en forma de tocata en compás de 12/8. El organista debe emplearse a fondo para tocar la compleja música de Dupré, compuesta con tanta sabiduría en la técnica para el órgano. Una pieza para rogar con insistencia a todos los santos que velen por nosotros.
La interpretación es de Matthieu de Miguel al órgano Eugène Puget para la Iglesia de Notre-Dame de la Dalbade de Toulouse.