Llorad, cielos

Aeterna Christi Munera: Pepe Gallardo
06 dic 2019 - 05:45
Rorate coeli, Schroeder
Rorate coeli, Schroeder

¡Feliz viernes! Casi todos los años, en algún momento del Adviento, te traigo algo de música relacionado con este motivo favorito del lloro de los cielos porque de ellos sale en Dios que va a hacer en unos días. Este año no podía ser menos y aquí vengo con él otra vez. Creo que el compositor de hoy es un nuevo visitante de este humilde blog. De nuevo vamos a comprobar que desconocemos muchísima más música de la que conocemos.

Hermann Schroeder
Hermann Schroeder

Te presento a Hermann Schroeder (1904-1984), compositor alemán nacido en Bernkaastel. Era también un reconocido profesor y organista. Parece ser que por vía materna estaba emparentado con el mismísimo Beethoven. Siguiendo los pasos de este insigne ancestro, Hermann estudió en Colonia con, entre otros, Hermann Abendroth (dirección de orquesta). Luego ya pasó él a ser profesor en la misma localidad y organista en Trier. En 1948 llegó a ser catedrático de la Musikhochschule de Colonia. Poco a poco fue convirtiéndose en una institución en la música de esa ciudad y en toda Alemania, siéndole otorgado el premio Robert Schumann de Düsseldorf y el de las Artes de Rheinland-Pflaz. Es un gran compositor católico porque reformó la música de la Iglesia, usando técnicas medievales y polifonía del mismo siglo XX para así romper el monopolio de la música romántica. Usa la atonalidad (al modo de Hindemith) y así introduce en su música unos aires nuevos muy frescos.

Disfrutemos de su motete Rorate coeli. Fue compuesto en 1954 para coro a cuatro voces, en un libro de coro editado por él mismo que contiene motetes (principalmente del siglo XVI) para todo el año litúrgico, entre los que interpoló los suyos; la colección se titula Exultet: Motettenbuch für den gottesdienstlichen Gebrauch. Esta composición quizá se emparenta más con la música anterior a Palestrina ya que apreciamos mucho movimiento paralelo que nos recuerda al organum medieval, al estilo de obras de los siglos X y XI. No usa demasiado el movimiento contrario salvo algo en las voces superiores. La obra está también surcada por cromatismos muy delicados y por un contrapunto muy conseguido que presenta una especie de clímax en las palabras ergo enim sum Dominus. Excepto por los retazos iniciales del canto llano, ya no hay más presencia de este a lo largo de toda la obra. Una agradabilísima sorpresa.

La interpretación es de Ars Musicae Ensemble.

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