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Que acabe ya la guerra

Música para una guerra

Aeterna Christi Munera: Pepe Gallardo
11 jun 2013 - 06:47

No se trata de música para ninguna guerra real (¡gracias a Dios!) sino para una batalla... una batalla musical. Era un tipo de composiciones muy habitual en la época de nuestro compositor de hoy y él mismo no quiso dejar de componerla. La obra, como puedes imaginar, es de lo más virtuosa para las voces que tienen que enfrentarse a la partitura.

Aunque puede recordarte a otro maestro, hoy te traigo a Claude Le Jeune (1528/30-1600), compositor franco-flamenco nacido en Valenciennes, también conocido como Claude Lejeune. Fue uno de los maestros más destacados de la segunda mitad del siglo XVI. También era uno de los grandes representantes de la "musique mesurée à l'antique". Fue también un miembro destacable de la llamada "chanson parisina", que era la predominante en su época. Todo eso hizo de él uno de los maestros más influyentes. Su militancia anticatólica le hizo tener que abandonar París e incluso estuvo a punto de perderse sus manuscritos. Tras un tiempo en La Rochelle (morada de hugonotes), volvió a París, donde compuso de forma prolífica y murió. Es uno de esos nombres del barroco que, aunque parezca solo de libro, tiene que estar presente en la mente (y si puede ser en los oídos) de todo aficionado a la música antigua.

Es posible que el rey Enrique IV le encargase una obra para acompañar una competición (una batalla) imaginaria. Era un género muy favorito de esos tiempos que produjeron otras obras famosas de otros maestros como Clement Janequin (ese otro al que yo aludía). Así, Le Jeune compuso La Guerre. Precisamente Le Jeune usa las técnicas magistrales de Janequin para crear una confusión total entre Venus y Marte. En la obra de mezclan onomatopeya relacionadas con la guerra y momentos más líricos y casi amorosos, ya que en realidad la obra es una gran alegoría a la guerra amorosa, típico tema del barroco. Exige un conjunto coral de lo más virtuoso y técnicamente perfecto para ejecutar con éxito una bella obra que es sin duda una prueba de fuego para las voces. Aunque pueda parecer superficial, es todo un disfrute para nuestros oídos y un verdadero deleite.

La interpretación se debe al conjunto Clement Janequin dirigido por Dominique Visse.

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