Una disputa con saña
¡Feliz lunes y feliz semana! Otra semana que comienza y poco a poco nos vamos acercando a las fiestas navideñas. Espero que este tiempo de Adviento lo estés disfrutando de una forma especial. Nosotros vamos a comenzar aquí la semana con música que para nada tiene que ver con este tiempo litúrgico ya que ni siquiera es religiosa. Pero sí que salió de la mano de uno de nuestros insignes maestros de la antigüedad.
Me refiero a Juan del Encina (1468-1529 o 1530), compositor español nacido muy posiblemente o bien en Encina de San Silvestre o en La Encina, ambas en Salamanca; su nombre original era como el de su padre: Juan de Fermoselle. Parece ser que era de ascendencia judía, nuestro maestro y poeta era capaz de tener buenas relaciones tanto en la corte como en el Vaticano. Sirvió como niño de coro de la catedral de Salamanca y en su universidad estudió leyes. Entró luego al servicio del duque de Alba y se puso a escribir églogas y otras composiciones pastorales. Destacan sus villancicos, para los que escribió tanto la letra como la música. En 1500 lo tenemos prosperando en Roma y, en 1508, fue nombrado archidiácono en Málaga, a pesar de que no había recibido las órdenes religiosas. Poco a poco fue recibiendo diversos beneficios y nombramientos, que también fue perdiendo hasta quedarse de simple prior en León. Se trata de uno de nuestros grandes maestros, cuya música casi puede decirse que está instalada en el acervo popular de nuestra península, algo que no muchos han conseguido.
Una de sus obras más conocidas es el villancico Una sañosa porfía. Se trata de una composición polifónica a cuatro voces (que nosotros escucharemos con ellas e instrumentos) que narra cómo Boabdil ve que los Reyes Católicos se van acercando a él. Aunque no nos engañemos: se trata de una obra propagandística del poder de los monarcas, de ahí que le diga a la reina cosas como «la muy gran leona». El horror de la conquista de los reinos por los reyes es descrito con gran viveza en la composición, que van arrasando a todo lo «moro» que se van encontrando a su paso. Él propio emir contempla esto desde su palacio de la Alhambra. Del Encina se va encargado de describir la obra con vivas imágenes y una música poderosa que, en el caso de la interpretación de hoy, no solo la refuerza sino que casi consigue crearnos otras nuevas perspectivas que el compositor no plasmó, pero que son igualmente ricas.
La partitura de la composición puedes descargarla aquí.
La interpretación anteriormente citada es de Hespèrion XX dirigido por Jordi Savall.