Una gran sonata

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¡Feliz lunes! Empezamos semana. Lo vamos a hacer con una gran obra de un gran maestro, por lo que hoy todo es grande, de ahí el título de la publicación. Repasando las cuentas, hacía ya unas semanas que no nos acompañaba... ¡y eso es imperdonable!

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Es Ludwig van Beethoven (1770-1827), compositor alemán nacido en Bonn. Siendo joven fue asistente de su maestro, Christian Gottlob Neefe, y ya empezó a ganar dinero. Su padre también le dio parte de su sueldo para cuidar de sus dos hermanos cuando el progenitor se dio al alcohol. Nuestro maestro tocó la viola en varias orquesta y se hizo amigo de otros intérpretes, como Reicha, Simrock y otros, que también le encargaron obras. También tocó en la orquesta de la capilla de la corte, y pudo viajar y conocer miembros de la nobleza. Uno de ello fue el conde de Waldstein, quien se hizo amigo de Beethoven y mecenas. En 1792 se trasladó a Viena para estudiar con Haydn, quien lo ayudó mucho en sus comienzos. Luego estudió con Albrechtsberger y Salieri.

Escuchemos su Sonata para violonchelo y piano n.º 4 en do mayor, op. 102 n.º 1. Como todas las demás, es una obra pionera puesto que Beethoven no dispuso de modelos a imitar. La obra de hoy fue publicada en 1817 y está dedicada a la condesa Marie von Erdödy. El compositor aludió a la sonata como de carácter «libre». Está escrita en dos movimientos rápidos, cada uno con un segmento lento introduciéndolos, e incluso casi actuando como movimiento lento. El maestro va creando unas sorprendentes progresiones armónicas, con unas cadencias también sorprendentes. En fin, una nueva obra pionera del maestro, poco conocida, pero que merece muchísimo la pena ser conocida y saboreada como se merece.

La partitura de la pieza puede descargarse aquí.

La interpretación es de Sol Gabetta (chelo) y Nelson Goerner (piano).

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