Para hoy una sinfonía

Aeterna Christi Munera: Pepe Gallardo
30 jul 2019 - 05:45
Sinfonía, Keal
Sinfonía, Keal

¡Feliz martes! Pues eso, el título lo dice todo porque hoy te propongo que dediques casi media hora a escuchar una obra poderosa y potente, aunque complicada en una primera escucha. El lenguaje contemporáneo que la recorre es muy vanguardista y por eso puede sonar algo duro a nuestros oídos, aún enclavados en la tonalidad y el barroco. Sin embargo, merece la pena disfrutar de semejante arquitectura orquestal y sonora.

Minna Keal
Minna Keal

Está a cargo de Minna Keal (1909-1999), compositora británica nacida en Londres. Ha sido calificada de idealista hasta el punto que hizo un paréntesis de cuarenta y seis años en su carrera como compositora y escribió sus obras principales con sesenta y cinco años. Estudió en la Roya Academy en 1928 y su obra se vio interpretada en el Royal Albert Hall cuando tenía ochenta años. De padres hebreos, desde pequeña se vio envuelta en el mundo de la música. Tuvo que abandonar apresuradamente los estudios musicales para dedicarse a los negocios familiares, por lo que volvió a los pentagramas cuarenta y seis años después. Nunca dejó de practicar el piano y comenzó a componer. Cuando vio que sus obras principales le estaban saliendo dijo: «Siento que estoy llegando al final de mi vida pero sé que solo es el comienzo. Siento como si estuviese viviendo mi vida al revés». Sin duda toda una verdad para una persona que estudió siendo contemporánea de Edward Elgar pero que a finales del siglo XX compuso piezas contemporáneas de la más alta calidad.

Una de ellas es su Sinfonía op. 3. Comenzó siendo una suite pero en 1987 terminó como sinfonía. Cuando la compositora le enseñó la partitura a Oliver Knussen este quedó muy impresionado y las estrenó en los Proms de 1989. Keal tardó cinco años en finalizar la obra y para nada estaba en los planes de ella que fuese estrenada y se emocionó mucho cuando eso pasó. El aplauso el día de su estreno fue un impulso para su vida como compositora y todos quedaron asombrado porque era su primera obra orquestal. Tiene una potencia arrolladora y gran parte del material de la obra se basa en un acorde inicial de ocho notas así como de un tema procesional de doce notas en una escala cromática que escuchamos en las cuerdas graves. En el segundo movimiento escuchamos un triple forte tras el que sigue un emocionante treno. El final es el movimiento más sustancial y representa una consolidación de todo lo expuesto en los anteriores.

La interpretación es de la Orquesta Sinfónica de la BBC dirigida por Oliver Knussen.

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