El mandarín maravilloso

Aeterna Christi Munera: Pepe Gallardo
28 nov 2016 - 06:24

O milagroso, o prodigioso, que también podría traducirse así. ¡Vaya música que te ofrezco hoy! ¡De la mejor compuesta en el pasado siglo XX! Aprovecho un aniversario del día de ayer para traerte una obra de uno de los pilares de la música actual. Alguna vez ha aparecido por aquí pero su obra no solo nos sabe a poco sino que tiene que ser aún más conocida y apreciada, dada la categoría de quien la compuso.

Nos visita una vez más Béla Bartók (1881-1945), maestro húngaro nacido en Nagyszentmiklós. En su vida cotidiana era un hombre muy peculiar. Mientras vivía en Buda un vecino le pidió que le diese lecciones de piano a sus dos hijos. El maestro no estaba muy por la labor y le cedió la tarea a una alumna suya, Elizabeth Klein. Uno de ellos estaba mirando por la ventana y les invitó a sumarse. Vieron a Bartók y su familia desnudos, cosa que causó una gran turbación hasta el punto que tuvo que intervenir la policía. Aunque intentaron disuadirlo no lo consiguieron y él continuó así. No se sabe bien por qué lo hizo pero sí que era un hombre muy complejo, intenso y difícil en todos los sentidos. Estaba dedicado por completo a la música y le traía sin cuidado lo que pasase a su alrededor. Era un hombre excéntrico pero serio, un niño prodigio y un talento fuera de serie. Para mí, junto con Schoenberg y Falla forma el triunvirato de los tres compositores más importantes del siglo XX.

Entre 1918 y 1924 compuso su ballet pantomima A csodálatos mandarin, Sz. 73, es decir, "El mandarín maravilloso". Fue estrenado el 27 de noviembre de 1926 en Colonia, de ahí la efeméride a que antes aludía. Es una historia llena de prostitución, fraude, robo y muerte. Tres tipejos fuerzan a una chica para que seduzca a otros hombres y ser robados. Aparece un chino que queda cautivado por los encantos de la chica y, con el plan establecido, los tres hombres intentan robarle. Intentan hasta matar al mandarín pero no lo consiguen. Este sigue prendado de la mujer que, cuando satisface sus deseos, hace que el chino muera. La música de Bartók es sugerente, rica y con una tensión muy especial. El estreno fue un escándalo monumental, teniendo que intervenir hasta la policía. Los asistentes estaban tan ofendidos que la representación tuvo que suspenderse. La obra, es una de las mejores de Bartók, con ese estilo marcado, brillante, por momentos áspero, pero lleno de intensidad, de lirismo y de una capacidad dramática muy especiales.

La partitura de este monumento puedes descargarla aquí.

La interpretación es del Coro de la Radiotelevisión Húngara y la Orquesta Filarmónica de Budapest dirigidos por János Ferencsik.

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