50 años de la "casita sagrada" de la Virgen de Guadalupe: "¿Qué viste en estas tierras que te ha hecho venir al Tepeyac?"
El cardenal Carlos Aguiar presidió la Misa de las Rosas inaugurando el Año Jubilar Guadalupano e invitó a los fieles a acercarse a Dios y reconocer el camino que conduce a la paz. La celebración incluyó la apertura de la Puerta Santa y la lectura del mensaje del Papa León XIV
(Hna. Rocío García Villegas -Ciudad de México/VaticanNews).- La Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe abrió este lunes 12 de octubre de 2026 el Año Jubilar Guadalupano, concedido por el Papa León XIV, a través de la Penitenciaría Apostólica, con motivo del 50.º aniversario de la dedicación de la Nueva Basílica. El jubileo se extenderá hasta el 12 de octubre de 2027 y permitirá a los fieles obtener la indulgencia plenaria bajo las condiciones establecidas por la Iglesia.
La fecha reúne tres momentos significativos para la devoción guadalupana: la coronación pontificia de la imagen, autorizada por el papa León XIII y celebrada el 12 de octubre de 1895; el traslado de la sagrada imagen desde la Antigua Basílica a su nuevo recinto, el 12 de octubre de 1976, y ahora, cincuenta años después, la apertura de este tiempo jubilar.
En esta memoria histórica, la celebración de apertura estuvo precedida por una procesión que reunió algunos de los signos que evocan la presencia de Santa María de Guadalupe y el amor de su pueblo a lo largo del tiempo. Entre ellos se encontraban la corona original de la coronación pontificia, una diadema regalada por el papa Francisco en 2016 y la llave con la que se abrió la Nueva Basílica hace cinco décadas.
Una oportunidad para vivir bajo la mirada de María de Guadalupe
La celebración eucarística fue el centro de este hecho histórico. En su homilía, el cardenal Carlos Aguiar Retes presentó el Año Jubilar Guadalupano como una oportunidad para encontrarse con Dios y renovar el camino de la fe.
A partir del Evangelio de Lucas (19, 41-44), que relata cómo Jesús lloró al contemplar Jerusalén, el prelado invitó a los fieles a reconocer la oportunidad que tienen hoy de acercarse a Dios. Para ello, destacó las palabras del Evangelio: "Si en este día comprendieras lo que puede conducirte a la paz".
Asimismo, expresó que la presencia de María es motivo de esperanza para su pueblo: "Hoy es una oportunidad para recordar que tenemos una madre que nos ha revelado al verdadero Dios por quien se vive y que está pendiente de nosotros y escucha nuestras plegarias".
Esta invitación a acercarse a Dios y reconocer el camino que conduce a la paz encontró eco en la oración comunitaria, en la que obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos se unieron en profunda devoción ante la sagrada imagen. La plegaria recordó el encuentro de María con su prima Isabel y las palabras de asombro con las que esta expresó su admiración ante la visita de la Madre de Dios: "¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?".
Con la misma actitud de asombro y gratitud, la plegaria dio voz a otra pregunta que se dirigió a la sagrada imagen: "¿Qué viste en estas tierras que te ha hecho venir al Tepeyac?". "Sin duda, la fe de nuestros antepasados y tu deseo permanente de seguir generación tras generación dándonos a conocer a tu Hijo Jesús", fue la respuesta.
La homilía, prolongada en esta oración comunitaria, concluyó con una acción de gracias al papa León XIV por la gracia de este Año Jubilar. También se encomendó a quienes hicieron posible la construcción de la Nueva Basílica y a los peregrinos que llegan al santuario con sus alegrías, preocupaciones y esperanzas, buscando la ayuda y el amor maternal de Santa María de Guadalupe.
El Papa invita a renovar la misión evangelizadora
En este ambiente de profunda gratitud, se escucharon las palabras del papa León XIV, quien invitó al pueblo mexicano a renovar su misión evangelizadora.
En su mensaje, el Pontífice llamó a conmemorar este aniversario unidos espiritualmente a María, "Madre del verdadero Dios por quien se vive", y a dar gracias por las raíces cristianas que han marcado la historia y la fe del pueblo mexicano, reafirmando el compromiso de anunciar el Evangelio.
Asimismo, exhortó a los fieles a continuar esta misión con renovado ardor, para que "llegue a todos la luz de la Palabra de Dios, el consuelo de los sacramentos, el auxilio de la oración, y no falte nunca la ayuda caritativa y fraterna a los más necesitados".
Finalmente, el papa León XIV invocó la protección maternal de Nuestra Señora de Guadalupe sobre todos los presentes e impartió la bendición apostólica, que extendió también a sus familiares y seres queridos.
Celebrar una casita sagrada de amor y ternura
Celebrar el jubileo de la Nueva Basílica remite a un deseo que está en el corazón de la historia guadalupana: "Mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada", pidió Santa María de Guadalupe a san Juan Diego. Desde entonces, el Tepeyac se convirtió en un lugar de encuentro para quienes acuden a la Virgen en busca de consuelo, presentan sus preocupaciones y comparten con ella sus esperanzas.
Con el paso del tiempo, la llegada de miles de peregrinos hizo necesaria la construcción de un nuevo recinto que pudiera acoger a quienes venían de distintos lugares para encontrarse con la Madre de Dios.
El 12 de octubre de 1976, la sagrada imagen fue trasladada solemnemente a su nueva casa, la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe. Con mayor capacidad para recibir a los peregrinos, el templo se convirtió en un lugar de encuentro para quienes llegan de todas partes del mundo buscando el amor y la ternura de una Madre.
A cincuenta años de aquel acontecimiento, la celebración mira también hacia 2031, cuando se conmemorarán los quinientos años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. En este camino de preparación, los días 11 y 12 de octubre estuvieron marcados por la alegría de un pueblo que se reúne con su Madre. La Misa de las Rosas, presidida por el cardenal Carlos Aguiar Retes; la apertura solemne de la Puerta Santa; el Rosario Arquidiocesano, y un concierto conmemorativo fueron expresiones de gratitud y amor a Santa María de Guadalupe.
Así, cincuenta años después del traslado de la sagrada imagen, la Nueva Basílica sigue siendo mucho más que un recinto capaz de recibir a millones de personas: es esa "casita sagrada" donde cada peregrino puede sentirse acogido por María y poner ante ella su vida, sus dolores y sus esperanzas.
