La Iglesia ya inició contactos con senadores para que lo rechacen Argentina, a un paso despenalizar el aborto

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"Ya se acerca Nochebuena, ya se acerca Navidad, para toda la Argentina que el aborto sea legal”. El grito del movimiento feminista tronó alrededor del Congreso

La ley contempla la despenalización del aborto hasta la semana 14 del embarazo. Después de esa franja de tiempo, la interrupción solo será autorizada según lo que establece la actual normativa

La discusión en la Cámara de diputados fue seguida no solamente en las calles, a pesar de los rigores del confinamiento, sino en millones de casas

El Senado, donde un proyecto similar fue rechazado hace dos años, tendrá la última palabra

Luego de encendidos debates y una sociedad movilizada a pesar de la pandemia, la Cámara de diputados de Argentina aprobó este viernes el nuevo proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo -131 votos a favor, 117 en contra y seis abstenciones-. Miles de mujeres vestidas de verde festejaron el resultado. "Ya se acerca Nochebuena, ya se acerca Navidad, para toda la Argentina que el aborto sea legal”. El grito del movimiento feminista tronó alrededor del Congreso. Cerca de ellas, las abanderadas del color azul se encomendaban al cielo mientras confiaban en que el proyecto volviera a fracasar por inspiración divina. "Religión o muerte", llegaron a contestar en las calles los sectores que se oponen con mayor vehemencia a la ley. La Iglesia Católica y los evangelistas están en contra de su aprobación.

Dos años atrás, una iniciativa similar obtuvo la luz verde de los diputados, pero no pasó la prueba del Senado por siete votos. Entonces gobernaba la derecha. Esta vez, el Gobierno peronista cree que contará con la fuerza suficiente para hacer realidad la llamada ley nacional de atención y cuidado integral de la salud durante el embarazo y la primera infancia. El debate y la votación tendrán lugar antes que termine el 2020. "Estamos cerca de lograrlo. Fue una promesa de campaña y sentimos que fuimos escuchados ", dijo la secretaria Legal y Técnica de la presidencia, Vilma Ibarra.

La ley contempla la despenalización del aborto hasta la semana 14 del embarazo. Después de esa franja de tiempo, la interrupción solo será autorizada según lo que establece la actual normativa: en casos de violación o cuando haya riesgo para la salud de la gestante. "Soy católico, pero tengo que gobernar para todos", dijo el presidente Alberto Fernández al promoverla. Elizabeth Gómez Alcorta, la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, celebró el paso dado en la legislatura: "somos un Gobierno que llegó para ampliar derechos".

De acuerdo con estimaciones extraoficiales, en Argentina se realizan cada año más de 450.000 abortos, en su gran mayoría clandestinos. Unas 40.000 mujeres deben ser luego internadas por complicaciones. Además de la despenalización, la ley contempla un plan de los 1.000 días que, en palabras de Fernández, busca "bajar la mortalidad, malnutrición y desnutrición, además de prevenir la violencia, protegiendo los vínculos tempranos, el desarrollo emocional y físico y la salud de manera integral de las personas gestantes y de sus hijos e hijas hasta los tres años de vida".

El debate

La discusión en la Cámarade diputados fue seguido no solamente en las calles, a pesar de los rigores del confinamiento, sino en millones de casas. El diputado socialista Enrique Estevez denunció la "hipocresía" que existe en torno a los abortos clandestinos. "Todos y todas en este recinto, seguramente, conocemos a alguien que haya abortado, pero tenemos un pacto de silencio y conveniencia".

Según el diputado opositor (PRO, derecha) José Carlos Núñez, el proyecto intenta "desviar la atención de los verdaderos problemas que tiene Argentina". Sus promotores, añadió, "militan la muerte de aquellas personas que no tienen voz y no se puede defender".

Para la diputada peronista Paula Penacca, "el aborto legal es un grito único en la calle". En su opinión, "sin aborto legal no hay justicia social". A pesar de su condición de opositora, la diputada de la Unión Cívica Radical (UCR), Karina Banfi, se pronunció a favor de la ley: "No podemos ocultar más esto detrás de un dictamen de rechazo. Los abortos existen, las mujeres se mueren y, si no hacemos nada, seremos cómplices de violencia institucional".

La Iglesia inició contactos con senadores para que lo rechacen

Los obispos comenzaron la estrategia disuasiva antes de que el texto legal recibiera la media sanción en Diputados. La atención está puesta especialmente en los legisladores del oficialismo. Los curas villeros se contactarán con Cristina

En la Iglesia se descontaba que el proyecto de legalización del aborto iba a ser aprobado en la Cámara de Diputados. Ya había ocurrido en 2018 y ahora, siendo un proyecto del presidente de la Nación, Alberto Fernández, más todavía. Solo quedaba esperar un milagro. Por eso, desde que la iniciativa legal fue girada al parlamento, los obispos vienen manteniendo discretos contactos con senadores, especialmente del oficialismo, en procura de volver a lograr su rechazo, seguramente más ajustado que hace dos años.

No por esperada, la aprobación dejó de profundizar el malestar con el Gobierno en los medios eclesiásticos católicos, que además de la oposición sustancial al proyecto por considerar que hay vida desde la concepción, critican su oportunidad: tras un 2020 con pandemia y más de 40 mil muertos, un sistema sanitario exigido y una crisis económica que la cuarentena agravó. Y que tenga un tratamiento acotado en vísperas de las Fiestas para que sea aprobado antes de fin de año.

Pero el malestar alcanzó también a las otras confesiones históricas. Fue sintomático que el miércoles –convocados por el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli- se congregaran para rezar cada uno según su credo por “la vida desde la concepción” y tomarse una foto el rabino de la AMIA, Gabriel Davidovich; los presidentes del Centro Islámico, Aníbal Bakir, y la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas (ACIERA), pastor Rubén Proietti, entre muchos otros.

El propio Papa intervino directamente en el debate con una carta de respuesta a otras de mujeres de barrios populares de la zona metropolitana en la que le manifestaban su oposición a la legalización del aborto para desacreditar el argumento de que ellas son las que más demandan su aprobación porque son las principales víctimas de la ilegalidad. Francisco las felicitó, les dijo que no es una cuestión religiosa y que es moralmente inaceptable eliminar una vida para resolver un problema.

Sugestivamente el pontífice canalizó su respuesta a través de la diputada del Pro Victoria Morales Gorleri, enrolada con los celestes. No menos sugestivo es que el Papa optó por responderle con un llamado a otro celeste del Pro, Cristian Ritondo, jefe de bancada de su espacio en la cámara baja, que le había enviado un mail en el que, entre otras cosas, ratificaba su oposición al proyecto. Que se sepa, no se contactó con ningún legislador kirchnerista.

Días pasados, el senador chaqueño del Frente de Todos, Antonio Rodas, visitó al presidente del Episcopado, monseñor Oscar Ojea, para dejar en claro que –pese a ser parte del oficialismo- se opone al proyecto. Más aún: ofreció sus servicios para que Ojea se reuniera con otros senadores peronistas, especialmente los dubitativos, para tratar de que voten en contra. En las cercanía del obispo dijeron que aceptó esa posibilidad.

La diferencia de siete votos en contra que posibilitaron hace dos años el rechazo en el Senado hoy se acortó para los celestes. El recambio en las últimas elecciones no los ayudó. Por caso, por la ciudad de Buenos Aires de Cambiemos se fue Federico Pinedo, que está en contra, y entraron Martín Lousteau y Guadalupe Tagliaferri, que están a favor. Lousteau le había pedido a Rodríguez Larreta que su compañera sea verde.

La posibilidad de que esta vez tenga que desempatar el titular del Senado, en este caso, Cristina Fernández de Kirchner, también mereció la atención de la Iglesia. Conscientes de que ella tiene una alta valoración de su compromiso social, varios curas villeros decidieron contactarla para que vuelva a su antigua posición de rechazo (dijo que su hija la llevó a cambiar) o, al menos, para que no presione a su bancada.

Pero esta vez los celestes no la tienen nada fácil.

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