"El signo del pesebre: la religión del amor y del no temor" Monseñor Castillo: "Dios nace entre los escondidos del mundo"

Monseñor Castillo
Monseñor Castillo

En la Misa de Nochebuena, el arzobispo de Lima recordó que la llegada de Jesús al mundo en un pesebre nos revela que Dios nace entre los escondidos del mundo para introducirse en nuestra vida sin asustar, con amor gratuito y humildad

"Detrás de esta sencillez se esconde una gran esperanza: En un mundo en donde la corrupción sigue su paso, la única manera de detenerla es darnos en ayuda a los demás mutuamente y ser hermanos los unos de los otros"

Aseguró que "la humildad es el camino que debe tomar la Iglesia para dirigir y orientar al mundo: «Esta es la tarea de esta Navidad y de todas las navidades"

"Nuestro verdadero cristianismo, nuestra verdadera fe, es aprender a compartir lo que tenemos y ayudarnos, sobre todo, en esta época de fragilidad y de crisis"

(Arzobispado de Lima)- En la Misa de Nochebuena,Monseñor Carlos Castillo recordó que la llegada de Jesús al mundo en un pesebre nos revela que Dios nace entre los escondidos del mundo para introducirse en nuestra vida sin asustar, con amor gratuito y humildad: «El Dios revelado por la fe cristiana, es el Dios que toma al ser humano desde su debilidad, no desde su fortaleza. Él sabe nuestras debilidades y dramas, nuestras interrogantes y problemas no solucionados, y por eso, quiere introducirse en nuestra vida sin asustar. Que este signo extraordinario, el pesebre, nos permita a todos volver humildemente a nuestras bases elementales de vida, y podamos así compartir la vida y levantar a nuestro país del estado de postración y de dificultad en que nos encontramos», reflexionó el prelado. (leer homilía completa).

Al inicio de su homilía, el Arzobispo de Lima habló sobre lo que representa el signo sencillo pero esperanzador del nacimiento de Jesús, recostado en un pesebre y envuelto en pañales: «detrás de esta sencillez se esconde una gran esperanza, por eso nos enternecemos con esta fiesta, por eso nos reunimos como familia, la preparamos con regalos, nos saludamos, porque todos volvemos a lo más profundo que tenemos, que es el haber nacido y haber sido llevado en el útero materno hasta que se da a luz. Y por eso se llama “dar a luz”, porque vemos la luz, y la luz misma viene, no solamente de fuera, sino de adentro, del vientre de María», expresó.

Monseñor Castillo explicó que el nacimiento de Jesús ocurre en un momento importante en la historia de Israel: «el pueblo caminaba en tinieblas porque sufría el peso de un imperio tiránico que marginaba a los pequeños, de tal manera que, en el caso concreto de Jesús y de su familia, no tenían ni siquiera un puesto en una posada. Ellos se encuentran en una condición casi migrante, en donde solo pueden recurrir a las posibilidades que están en los márgenes del mundo», comentó.

Hoy también tenemos muchos imperios tiranos, tenemos situaciones muy graves y complicidades. En un mundo en donde la corrupción sigue su paso, la única manera de detenerla es darnos en ayuda a los demás mutuamente y ser hermanos los unos de los otros. Eso requiere esta actitud entrañable de volver a ser como María, que pone a su Hijo en el pesebre que será alimento para la humanidad. Eso es necesario porque la crisis que vivimos en todo el mundo requiere de mucha madurez para comprender que no podemos recurrir jamás al poder y a la violencia para resolver estos problemas, sino a través del diálogo.

El Primado de la Iglesia peruana recordó que el nacimiento del Niño Dios inaugura la religión del amor y del no temor: «esto es algo fundamental – añadió – porque, si nosotros vivimos siempre asustados, temerosos, entonces no crecemos, nos volvemos infantiles, y no somos capaces de dar nuestra vida a los demás», añadió.

El Obispo de Lima también explicó que el signo del pesebre, simbólicamente, nos recuerda que Jesús es colocado en un lugar donde los animales del establo comen, un anticipo de lo que sucederá más adelante cuando Jesús sea alimento para toda la humanidad: «El Señor ofrece su propio Cuerpo desde el inicio de la vida, sale de la primera casa que tiene en esta tierra que es el vientre de María. Y la Madre del Señor lo pone en el lugar de la comida de los animales, para que luego, los seres humanos también podamos comerlo. Y por eso hemos puesto el Nacimiento debajo del altar, porque dentro de un rato nosotros consagraremos el pan y el vino como Cuerpo y Sangre del Señor y como sacrificio eterno, existencial y vital, no ritual. Y ese Cuerpo lo comeremos, que es el mismo Cuerpo que Jesús consagró, para que nosotros también, desde el inicio de nuestras vidas, seamos pan para los demás, seamos vida para los demás», señaló.

Cuando estamos necesitados de ayuda, cuando en estos meses nuestras ollas comunes en la ciudad clamaban por ser llenadas, todos hicimos el esfuerzo de ser pan para nuestros hermanos. Y durante esta Pandemia todos estamos siendo, de alguna manera, pan para mi hermano, todos nos ponemos en disponibilidad. Ésa es la verdadera comunión, cuando comulgando, compartimos también nuestra vida, nuestros bienes y nuestro pan con los más necesitados.

Recordando las palabras del Santo Padre en la Misa de Nochebuena, Monseñor Castillo aseguró que la humildad es el camino que debe tomar la Iglesia para dirigir y orientar al mundo: «Esta es la tarea de esta Navidad y de todas las navidades: volver al pesebre de Belén, volver a la humildad de Jesús que, siendo el gran Dios anunciado, un Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz que acrecienta su soberanía, llega desde un pesebre como signo de humildad y sencillez».

Jesús nos ha revelado que Dios se esconde entre los escondidos del mundo para revelarse y darse a los demás. Los católicos y todos los cristianos estamos para servir y darnos en ‘comida’ para los demás. Nuestro verdadero cristianismo, nuestra verdadera fe, es aprender a compartir lo que tenemos y ayudarnos, sobre todo, en esta época de fragilidad y de crisis.

Primero, Religión Digital

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