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Personas en búsqueda de refugio han saturado refugios en la CDMX
Mons. J. Guadalupe Torres Campos, Obispo de Ciudad Juárez y presidente de la Dimensión Episcopal para la Pastoral de la Movilidad Humana, expresó su preocupación por la política migratoria que se ha establecido por parte del Estado mexicano.
“La tardanza en la entrega de documentos de manera particular las tarjetas de visitante por razones humanitarias y de residente permanente, y la falta de recursos para atender adecuadamente a las personas solicitantes del reconocimiento de la condición de refugiado generan situaciones de precariedad e inseguridad”, señaló.
Aseguró que este Día Mundial de las Personas Refugiadas renuevan el compromiso con la justicia y la paz, e invitamos a todos los fieles y a la sociedad en general a unirse a esta causa.
“La Iglesia Católica, a través de sus diversas instancias, continuará apoyando a las personas migrantes y refugiadas, brindando asistencia y acompañamiento en su proceso de integración”
Destacó que seguirán alzando la voz en defensa de los derechos humanos y fomentarán una cultura de encuentro y acogida. “Creemos firmemente que cada persona, independientemente de su origen o estatus migratorio, son hijos e hijas de Dios y merecen ser tratado con dignidad y respeto”.
Por su parte la Arquidiócesis Primada de México, por medio de su obispo auxiliar Mons. Francisco Javier Acero Pérez, OAR y el Pbro. Juan Luis Carvajal Tejeda, Director de Movilidad Humana de la Arquidiócesis Primada de México agradecieron a todas las personas que atienden a personas migrantes y refugiadas que se han establecido en diversas zonas de la Ciudad de México, en albergues especialmente operados por la Iglesia católica.
“Abrazamos y animamos a todos los agentes de Pastoral de la Movilidad Humana en la Arquidiócesis Primada de México, que todos los días y con gran empeño y caridad, construyen el Reino de Dios con las personas refugiadas que huyen de múltiples violencias, que se resisten y luchan por un porvenir mejor”.
Finalmente, invitaron a hacer eco del mensaje del Papa Francisco de sentirnos “en camino” junto con las personas refugiadas, reconocer su dignidad, salir a su encuentro como una oportunidad de encuentro con Cristo, “hacer sínodo con ellos e integrarlos en los procesos de toma de decisiones en la vida de la comunidad eclesial”, valorarles como personas que contribuyen a la sociedad que los acoge y no como un problema y estar atentos a sus necesidades: hambre, sed, cansancio y desesperación.
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