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Religiosidad Popular en torno del Padre Cícero

Renovación del Corazón de Jeús, un fenómeno que siempre sorprende

"Los días pasaban cantando, siguiendo las marcas de otros romeros"

27 ago 2015 - 18:09

(Luis M. Modino, corresponsal en Brasil).- Dejarse sorprender por la sabiduría popular es una de las formas más puras de adquirir conocimientos. Aprender con aquello que otros vivieron y que transmiten con la simplicidad que no nace de los libros y sí de una experiencia vital, que cuando es conocida nos va cautivando.

A Doña Rosinha, como es conocida en Juazeiro do Norte, la tierra que hizo famosa el Padre Cícero Romão Batista, la contemplan 95 años, de los que los últimos 88 los pasó en las tierras del santo del nordeste brasileño, a donde llegó junto con su familia desde Palmeira dos Indios, ciudad del estado de Alagoas, después de varias semanas andando y viviendo de lo poco que encontraban por el camino. Recuerda como los días pasaban rezando y cantando, siguiendo las marcas que otros romeros habían dejado, indicando el camino a seguir.

Como muchos otros huían del hambre y la sequía, con la esperanza de encontrar días mejores junto al Padre Cícero. En la época la fama del sacerdote ya se había extendido entre el pueblo nordestino, siendo reconocido como alguien con halo de santidad y que daba buenos consejos, lo que hacía que el número de personas que acudían a él para consultarle sobre cualquier cosa de la vida cotidiana aumentase cada día.

Frente a esto estaba la postura de la Iglesia Católica que, como Doña Rosinha constata, "no aceptaba ni decir el nombre del Padre Cícero, ni se podía bautizar a nadie con ese nombre". A pesar de esta corriente contraria, ella, como muchos otros en Juazeiro, dice abiertamente que "para mi nació santo, vivió santo y murió santo".

Doña Rosinha es de apariencia enjuta, muy poquita cosa, pero con una viveza impresionante, impropia de la edad que tiene. Ella misma dice que nunca fue a la escuela, pero sí que aprendió los principios de la vida cristiana, que después enseñó para los otros. Es una mujer de una fe sólida, que nunca se debilitó y que la lleva a pedir constantemente la ayuda del Padre Cícero, de quien confiesa que sintió su intercesión en muchos momentos de su vida. De hecho dice que no falta a la misa que cada día se celebra a las seis de la mañana en la Basílica de Nuestra Señora de los Dolores, local donde tuvo lugar el llamado Milagro de Juazeiro, que dice que la hostia se convirtió en sangre en la boca de la beata María de Araujo, cuando el Padre Cícero le dio la comunión, y que fue uno de los motivos de la posterior excomunión del sacerdote.

Doña Rosinha
Doña Rosinha

Ella no duda de la santidad de la beata María de Araujo, confinada en un convento hasta su muerte, después del fenómeno del milagro, ni de la del beato Zé Lourenço, famoso por su generosidad para con todos, y perseguidos por la Iglesia católica, del mismo modo que el Padre Cícero.

Dona Rosinha vive en la Subida al Huerto, local por el que la mayoría de los romeros que visitan Juazeiro do Norte van a camino de la colina donde una imagen majestuosa del Padre Cícero contempla, y en opinión de muchos bendice, la ciudad, convirtiéndose en uno de los puntos de obligada visita.

Siempre de puertas abiertas para recibir a quien llega, habla con orgullo de los muchos romeros que ya han pasado por su casa, inclusive obispos, llegados no sólo de todos los rincones de Brasil, como de otros países. Su hogar, como muchos en Juazeiro do Norte, es un verdadero santuario y entre las muchas imágenes nunca faltan la del Padre Cícero y la del Sagrado Corazón de Jesús, al que todos los días reza un misterio, recordando a todos los que le piden oración.

Nos cuenta que en las casas de Juazeiro, a la imagen del Sagrado Corazón de Jesús siempre la acompaña una luz. Esta tradición viene de la época del Padre Cícero, cuando un hombre que estaba pasando necesidad fue a preguntarle que podría hacer para sobrevivir y le dijo que fabricase candelabros. Después, cuando llegó la fiesta de las Candelas todo el mundo compró los candelabros a pedido del sacerdote. Desde aquella época, en todas las casas de Juazeiro, junto a la imagen del Sagrado Corazón de Jesús está encendido un candelabro alimentado con aceite, que no se deja apagar, igual que la luz del Santísimo en los templos católicos.

Doña Rosinha explica también lo que representa la tradición de la Renovación del Corazón de Jesús, que fue introducida en Juazeiro do Norte por el padre Cícero y que después se extendió por buena parte del nordeste brasileño, como fiesta de familia en la que se reza y después se comparte lo que es conocido como café del santo, que siempre da para todo mundo y sobra.

Se celebra una vez por año en cada casa, cada familia escoge el día, que puede ser el aniversario de boda o de nacimiento o del santo del que es devoto y en el que se invita a todos los familiares y amigos. Para este momento existe un libro con las oraciones de la consagración al Sagrado Corazón, a Nuestra Señora, y con diversos agradecimientos, entre los que nunca puede faltar el canto de los benditos del Padre Cícero, considerado por el pueblo de Juazeiro como su gran intercesor ante Dios.

Doña Rosinha es un ejemplo de la fe de los que nunca estudiaron sobre las cosas de Dios, pero que siempre vivieron según sus principios, de la fe del carbonero, que no entiende cómo alguien a quien todo mundo acudía y reconocía en él la presencia del Dios de Jesucristo, fue rechazado por la Iglesia que el mismo Jesús fundó. Ella, una mujer sencilla y analfabeta, nos enseña hasta mucho más que los doctores de la Santa Madre Iglesia.

Doña Rosinha de Brasil
Doña Rosinha de Brasil

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