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Presidente de Magis, Movimiento de Acción Jesuita para el Desarrollo
Los jesuitas salen al campo a favor de los pueblos de la Amazonía. Y lo hacen lanzando, desde América Latina, varias campañas de sensibilización que tienen el arduo objetivo de implicar a todo el mundo, con vistas al Sínodo de los Obispos para la región panamazónica que se celebrará en el Vaticano del 6 al 27 de octubre próximo.
“El objetivo principal es alentar a las nuevas generaciones, sólo así podremos salvar la Amazonía”, dijo el Padre Renato Colizzi, presidente de Magis, el Movimiento de Acción Jesuita para el Desarrollo, quien recientemente regresó a Italia desde Bolivia.
Especialmente en Bolivia, Brasil y Perú, los países que más acogen la selva amazónica, existen escuelas comunitarias dirigidas por jesuitas en las que se está poniendo en práctica un programa intercultural específico: hacer comprender a los habitantes de estas zonas la importancia del patrimonio que tienen a su disposición. Muy a menudo no son conscientes de la riqueza que tienen a su alcance y de las masacres actuales que la están destruyendo, como los incendios de los últimos días. Una segunda operación es la de ayudar a los pueblos indígenas a proteger sus tradiciones, a partir de la defensa de la lengua local: lo bueno sería publicar manuales y libros en su propia lengua, de lo contrario se perderá para siempre. Tercer eje: ecología. Se debe explicar a los jóvenes que todo estilo de vida tiene un impacto negativo o positivo en todo el ecosistema. Se les debe informar sobre el peligro de algunos grupos de presión, como los de la cría, la producción de madera y la minería. En resumen, los jesuitas intentan introducir un paradigma pedagógico diferente.
Es el mismo Papa Francisco quien quiere que este Sínodo sea un momento de escucha de las poblaciones locales. Y los jesuitas latinoamericanos, respetando este espíritu, están organizando encuentros en los que las comunidades pueden hablar, pueden expresarse. Estas comunidades viven aisladas, en territorios que no son administrados directamente por el Estado, hablan otros idiomas y tienen culturas diferentes. Por lo tanto, llegar a ellos e insertarlos en una dinámica sinodal eficaz representa un esfuerzo pastoral imponente pero necesario.
Exactamente. El Papa Francisco desea una Iglesia con rostro amazónico. ¿Pero qué significa esto? Es importante que las comunidades locales lo digan. La comunidad indígena protege el territorio y el territorio alberga una comunidad. Este equilibrio entre comunidad y territorio es algo que en otras partes del mundo ya no se considera. Ha desaparecido. Debemos aprender de ellos.
Es una reunión que envía un mensaje claro a las comunidades indígenas: no están solos. Deja claro que hay autoridades solidarias con ellos. Todo esto ayuda mucho. Saber que hay una Iglesia que se ensucia las manos afrontando estas problemáticas hace que los corazones se animen.
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