Entrevista exclusiva al nuevo Secretario de la Comisión Pontificia para América Latina Rodrigo Guerra: "Necesitamos una América Latina unida, reconciliada y con un nuevo papel geopolítico en el contexto de las naciones del globo"

(30) El Papa saluda a Rodrigo Guerra
(30) El Papa saluda a Rodrigo Guerra

"El nombramiento de Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL) es un honor y un acto de confianza del Papa Francisco totalmente inmerecido"

"La sinodalidad llegó para quedarse y los laicos tenemos que impulsarla desde nuestra propia especificidad. Sé bien que tanto mi nombramiento como el de mi apreciada Emilce Cuda, se encuadran en este proceso"

"Es necesario decir 'ya basta' al clericalismo que tanto deforma las mentes y los corazones de sacerdotes y de fieles laicos"

"Estoy convencido que la reforma de la Iglesia – Ecclesia semper reformanda – o es conversión personal o no es nada"

"Guzmán Carriquiry es un maestro y un amigo generoso cuya experiencia no debe ser descartada sin más. La Iglesia en América Latina le debe mucho"

"Los neopopulistas de izquierda o de derecha, no argumentan racionalmente ni en defensa propia. Lo mismo sucede al interior del cristianismo"

"El mensaje profundo de 'Fratelli tutti' tiene su traducción eclesiológica en la sinodalidad. En el aprender a caminar juntos y con amor, sin buscar exterminar al otro"

"Un pequeño pero activo ejército de video-predicadores pseudo-católicos inunda las redes sociales con revelaciones privadas sin el debido discernimiento eclesial, con teorías de la conspiración o con ataques al Papa Francisco y a los obispos en comunión con él"

"La 'Patria Grande' será 'grande' si descubre en la 'pequeñez' de San Juan Diego las pistas fundamentales para no traicionar el regalo de la fe y de la fraternidad universal, a la que todos somos llamados"

Filósofo de reconocido prestigio y fundador del Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV), el mexicano Rodrigo GuerraLópez (Ciudad de México, 1966) es el nuevo y flamante Secretario de la Comisión Pontificia para América Latina. ¿Qué podemos esperar de un laico mexicano en un mundo de clérigos vaticanos y en la víspera de la reforma de la Curia romana? ¿Qué retos se intuyen para la Iglesia de América Latina en el futuro próximo? En su repaso ad intra, el catedrático de Metafísica apuesta por la sinodalidad y por la reforma de la Iglesia, alaba a su predecesor, "maestro y amigo", Guzman Carriquiry y lanza un claro 'basta ya' al clericalismo. Hacia afuera, critica los "neopopulismos de izquierda y d ederecha" y, en la estela del Papa Francisco, quiere una 'Patria Grande' latinoamericana "unida y reconciliada" y que "no traicione el regalo de a fey de la fraternidad universal". Todo un programa con un lema: "Recomenzar desde Cristo".

¿Sorprendido por el nombramiento papal?

Muy sorprendido, José Manuel. El nombramiento de Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL) es un honor y un acto de confianza del Papa Francisco totalmente inmerecido. La curia romana está a punto de ser reconfigurada en su totalidad. Pido a Dios que todos en la Santa Sede podamos entender no sólo el cambio estructural sino el cambio de mentalidad que comporta este nuevo momento en la Historia de la Iglesia. La sinodalidad llegó para quedarse y los laicos tenemos que impulsarla desde nuestra propia especificidad. Sé bien que tanto mi nombramiento como el de mi apreciada Emilce Cuda, se encuadran en este proceso. Ambos tenemos que mostrar con competencia y sencillez que la experiencia del Pueblo de Dios en América Latina es un aporte renovador para la Iglesia Universal. Ambos somos académicos, ambos hemos trabajado de manera cercana con la Iglesia desde hace muchos años, ambos hemos tenido compromisos concretos en diversos desafíos socio-políticos, y ambos somos conscientes de que es necesario decir “ya basta” al clericalismo que tanto deforma las mentes y los corazones de sacerdotes y de fieles laicos.

Rodrigo Guerra

Tu nombramiento es para uno de los cargos más importantes de la Curia otorgado a un laico

El laico de más alto rango en la estructura de la Curia al día de hoy es Paolo Ruffini, Prefecto del Dicasterio para la Comunicación. El tiene 64 años de edad. Tu servidor, de 55 años, está en el segundo puesto. Sin embargo, esta consideración “jerárquica” no hace mucho sentido justamente por motivo de la recuperación de la sinodalidad de la Iglesia. Todos tenemos que comprender a profundidad y de corazón que los “puestos” no son motivo de orgullo o vanagloria sino de servicio y cercanía. El Papa no espera de nosotros otra cosa más que la afirmación desnuda de que es posible una diaconía radical de carácter laical que sirva de “buena noticia” para el resto de los miembros de la Curia, del CELAM y de la CLAR. Todos necesitaremos de una profunda purificación para lograrla. Purificación de nuestros apegos, de nuestras actitudes mundanas, de las ideologías perversas que prostituyen a la fe y sobre todo de nuestro orgullo. Estoy convencido que la reforma de la Iglesia – Ecclesia semper reformanda – o es conversión personal o no es nada.

No será fácil suceder al histórico Guzmán Carriquiry, ¿verdad?

Estoy muy agradecido por el trabajo que con tanta dedicación realizó Guzmán Carriquiry en la PCAL. El es miembro de una generación excepcional de amigos y discípulos de Alberto Methol-Ferré. Providencialmente, tu servidor estudió esta tradición de acción y pensamiento desde finales de los años ochenta. Guzmán además es un maestro y un amigo generoso cuya experiencia no debe ser descartada sin más. La Iglesia en América Latina le debe mucho. Aunque por motivos de discreción, su incidencia en muchas ocasiones haya sido imperceptible. Espero no ser imprudente al afirmar que sus contribuciones en las Conferencias Generales del Episcopado Latinonoamericano desde 1979 son enormes. Sus continuos diálogos con diversos Papas permitieron que el magisterio pontificio madurara en diferentes temas y aspectos. Hoy muchas de sus agudas intuiciones son magisterio de la Iglesia con plena “recognitio” pontificia.

Papa y Carriquiry

¿Qué ideologías prostituyen a la fe en el momento actual de América Latina?

Hace cuarenta años, en la Iglesia de América Latina las ideologías tendían a categorizarse en términos de geometría política: “izquierdas” y “derechas”. También se utilizó otra taxonomía igualmente pobre: “conservadores” y “progresistas”. La crisis contemporánea de la modernidad ilustrada es la crisis de estos conceptos y la exhibición impúdica de la matriz común que los generó. Tan racionalistas y pragmáticos los marxistas como los neoliberales, los revolucionarios violentos como los integristas antisemitas. Al estudiar las posiciones más extremas y aparentemente contrapuestas de los años setenta y ochenta, encontramos increíbles similitudes y parentescos, solo entendibles desde la crítica fuerte, metafísica y personalista, a la racionalidad instrumental, es decir, utilitaria, a la “cultura del descarte”, como gusta decir Francisco.

Y en la actualidad, ¿qué sucede?

El nuevo momento que en la Iglesia denominamos “cambio de época” exige mirar las cosas de modo renovado. Actualmente en algunos ambientes se sigue usando el lenguaje “retro” de la guerra fría, sin embargo, el problema de fondo tanto en tirios como en troyanos es la invasión del pensamiento débil, es decir, de la frivolidad, de la pseudo-ciencia, de las teorías de la conspiración, de la post-verdad. Wojtyla y Ratzinger lo entrevieron cuando afirmaron que la crisis del cristianismo y de la cultura contemporánea ya no está basada en disputas cristológicas, como hace mil años, sino en el deterioro de razón como razón. Esto es visible hoy de muchas maneras. Por ejemplo, el “neopopulismo” contemporáneo – de izquierdas o derechas por igual – tiene en su raíz el retorno neopagano del irracionalismo, del fideísmo, del emotivismo fanático.

Dicho de modo menos académico pero espero elocuente: los neopopulistas de izquierda o de derecha, no argumentan racionalmente ni en defensa propia. Lo mismo sucede al interior del cristianismo. Una fe despotenciada del encuentro empírico con la Persona viva de Jesús a través de la Iglesia y en comunión con el Sucesor de Pedro, se vuelve rápidamente en recurso fanático e intolerante. Poco importa si el aludido se reviste de lenguaje “revolucionario” o “ultraconservador”. El resultado es el mismo.

Papa y Guerra

A la luz de esta perspectiva, ¿cuál es el reto que tiene la nueva Comisión Pontificia para América Latina?

De alguna manera, el Papa Francisco, en “Fratelli tutti” nos ha dado parte importante de la agenda. Es preciso construir desde la fe una nueva manera para afrontar los conflictos. Cuando el irracionalismo gobierna la cultura, las tensiones entre polos opuestos tienden al exterminio del otro. Por el contrario, la racionalidad cálida que brota de la fe cristiana tiene como desafío buscar siempre una síntesis superior. Romano Guardini, Gaston Fessard y Jorge Mario Bergoglio, mirando con atención las insuficiencias de Hegel y de la lógica de cruzada, nos ayudan a redescubrir un método más humano, y en el fondo, más cristiano. “Fratelli tutti”, en este sentido, es el anuncio original de una pedagogía eclesial y social para que sin las petulancias de los filósofos y de los teólogos, todos entendamos que Dios muchas veces actúa a través de los medios más insospechados. En todos, aún en los “adversarios”, hay algo de verdad, de bien y de belleza que Dios puede usar para la conversión del mundo. La parábola del “buen samaritano”, precisamente, exhibe esto con gran fuerza y penetración. En la época de Jesús, los samaritanos son rechazados como disidentes heréticos por la ortodoxia legalista del pueblo judío. En la parábola, el samaritano, precisamente, se vuelve ícono de la misericordia de Dios, que recoge la carne maltratada de un hombre caído y humillado. Por su parte, el rigorismo moralista, es signo de quien es insensible ante el dolor, ante el sufrimiento, ante las lágrimas. El mensaje profundo de “Fratelli tutti” tiene su traducción eclesiológica en la sinodalidad. En el aprender a caminar juntos y con amor, sin buscar exterminar al otro.

Solemnidad de la Virgen de Guadalupe
Solemnidad de la Virgen de Guadalupe

¿América Latina sigue siendo el "continente de la esperanza" para la Iglesia?

Tengo la impresión que la frase “continente de la esperanza”, en la que insistió tanto San Juan Pablo II, apunta a reconocer que existe una presencia especial de Jesucristo en la forma creyente como está articulada una parte importante del sustrato más profundo de las culturas latinoamericanas. Por supuesto, que América Latina es continente de Esperanza porque en los jóvenes, en las mujeres y en los más pobres existen reservas espirituales que pueden permitir encontrar a Jesucristo aún en las realidades más heridas y alejadas. Sin embargo, América Latina vive sus propias tentaciones. Basta pasearse un rato por Youtube para descubrir que los jóvenes, las mujeres y los más pobres están siendo bombardeados por una apologética decadente y malsana, por invitaciones a la radicalización violenta, por la estridencia de los falsos profetas que buscan conquistar a las masas con descalificaciones irracionales. Un pequeño pero activo ejército de video-predicadores pseudo-católicos inunda las redes sociales con revelaciones privadas sin el debido discernimiento eclesial, con teorías de la conspiración o con ataques al Papa Francisco y a los obispos en comunión con él. América Latina seguirá siendo continente de Esperanza si logra remontar estas y otras tentaciones que tienden a descarrilar los procesos de diálogo, de acuerdo y de reconciliación.

¿Cuál es, a tu juicio, la necesidad más imperiosa de la Iglesia en Latinoamérica?

En mi opinión, los números 11 y 12 de Aparecida sintetizan la respuesta a esta pregunta. Hay que recomenzar desde Cristo. Una y otra vez. No dar por sentado nada. Los moralismos taimados o crispados, conservadores o liberales, son una trampa que puede hundirnos en un escenario social y eclesial indeseable. La gris pasividad de algunos espacios eclesiales, aparentemente muy correctos, pero endogámicos, no son la respuesta. La Persona de Jesucristo es la verdadera novedad de la Historia. Jesucristo es irreductible a cualquier ideología. Y precisamente por eso, por ser Persona, Jesucristo puede salvar. Las ideas y los valores, por correctos que sean, no salvan. Sólo Cristo salva. Sólo su misericordia salva y libera al hombre y a la mujer de sus esclavitudes íntimas y sociales.

Iglesia latinoamericana

¿Está la Iglesia latinoamericana suficientemente en salida?

Creo que nadie en América Latina se sentirá mal si respondo con total franqueza. “Iglesia en salida” es la Iglesia que cree que la fe sólo se fortalece dándola. La Iglesia que se arriesga. La Iglesia que busca deliberadamente las periferias. Aún nos falta mucho para ello. Creo que por esto y por otras razones parecidas, el Papa Francisco decidió no convocar a una VI Conferencia General del Episcopado Latinoamericano sino que aprobó la realización en noviembre de 2021 de la Primera Asamblea Eclesial Latinoamericana con el propósito de reactivar “Aparecida”. Tenemos que trabajar para que realmente toda estructura eclesial se defina en estado de misión. Tenemos que estorbar lo menos posible al Espíritu de Dios que nos convoca a una nueva creatividad de la fe.

¿Para cuándo el sueño de la 'Patria Grande'?

Dentro de 10 años celebraremos el quinto centenario del Acontecimiento guadalupano. Y en 2033 celebraremos el segundo milenio de la Redención. Tenemos que profundizar en el significado universal de estos dos momentos. Soy de la opinión, que esta profundización, entre otras cosas, nos permitirá dar pasos más sustantivos para una América Latina unida, reconciliada y con un nuevo papel geopolítico en el contexto de las naciones del globo. La “madre del verdadero Dios por Quien se vive” nos pide construir una “casita sagrada”. Esto no es un proyecto de “poder” sino de “servicio samaritano”. Esto es reconocer nuestros origenes como pueblo “sui géneris” y apreciar en San Juan Diego, nuestra posible vocación regional. Insisto: nada de exclusivismos patrioteros. María de Guadalupe y San Juan Diego se encuentran en las antípodas de los afanes de poder o del nacionalismo exaltado, y nos invitan constantemente a mirar en la inculturación del evangelio, en la humildad de los excluidos, y en la fidelidad al verdadero Pastor, un camino para que encontremos camino. La “Patria Grande” será “grande” si descubre en la “pequeñez” de San Juan Diego las pistas fundamentales para no traicionar el regalo de la fe y de la fraternidad universal, a la que todos somos llamados.

Francisco y América

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