Antonio Rella, párroco de la Guaira: "No dejen de orar por Venezuela"
Tras el devastador terremoto que golpeó al país el pasado 24 de junio, el padre Antonio Rella, párroco de la parroquia Inmaculado Corazón de María, describe un panorama marcado por el dolor, la incertidumbre y la solidaridad. Mientras su comunidad se convierte en centro de ayuda para las zonas más afectadas, el sacerdote insiste en que la reconstrucción material y espiritual requerirá tiempo, perseverancia y oración
(Sebastián Sansón Ferrari, Vatican News).- Entre edificios derrumbados, familias que aún esperan noticias de sus seres queridos y comunidades enteras tratando de levantarse, la Iglesia en La Guaira continúa acompañando a la población golpeada por el terrible doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado miércoles 24 de junio.
El padre Antonio Rella, párroco de la parroquia Inmaculado Corazón de María, asegura que describir con exactitud la magnitud de la tragedia resulta todavía difícil debido a las limitaciones de movilidad y a la dimensión de los daños.
“El destrozo fue monumental”, afirma. “Hay lugares que se asemejan a escenarios de guerra y otros que evocan imágenes apocalípticas, con edificios completos reducidos a escombros”.
Entre la esperanza y el duelo
A quince días del sismo, muchas familias continúan aferradas a la esperanza de encontrar con vida a sus familiares desaparecidos. Otras han debido afrontar el dolor de recuperar únicamente los restos de sus seres queridos.
“Todavía existe una esperanza muy grande en muchísimas familias”, expresa el sacerdote, recordando el reciente rescate con vida de dos hermanas entre los escombros.
La incertidumbre, explica, no es solamente emocional. También se extiende a aspectos tan básicos como el acceso al agua, a los alimentos y a la estabilidad económica. Aunque algunos comercios han reabierto, la actividad sigue siendo limitada y muchísimas personas han perdido sus fuentes de ingreso.
“Estamos en una situación compleja”, resume.
Acopio y distribución de las ayudas en La Guaira, Venezuela
Una parroquia convertida en centro de ayuda
La parroquia Inmaculado Corazón de María sufrió daños menores en comparación con otras comunidades de la diócesis. Aunque algunas imágenes religiosas cayeron y el altar resultó afectado, la estructura del templo permaneció en pie.
La situación es muy distinta en otras parroquias vecinas. La catedral sufrió graves daños y varias iglesias deberán ser demolidas debido a los efectos del terremoto.
Precisamente porque el templo parroquial resistió el impacto del sismo, se ha transformado en un lugar estratégico para la atención de la emergencia.
“La parroquia se convirtió en un lugar de encuentro para los sacerdotes y también en un centro de distribución de ayuda para las comunidades vecinas”, explica el padre Rella.
La solidaridad que llegó desde dentro y fuera del país
El sacerdote destaca la extraordinaria respuesta solidaria recibida desde toda Venezuela y desde numerosos países del mundo.
“No recuerdo haber conocido una tragedia de este tamaño”, afirma agradeciendo las múltiples iniciativas de ayuda humanitaria.
Reconoce, sin embargo, que durante los primeros días la asistencia estuvo marcada por cierta desorganización debido a la magnitud de la emergencia y a la llegada simultánea de numerosas organizaciones e instituciones.
En ese contexto, subraya el papel desempeñado por Cáritas Venezuela, cuya estructura parroquial y diocesana permitió una rápida movilización de recursos y voluntarios.
“La primera organización que mostró activarse de manera inmediata fue Cáritas”, enfatiza.
El desafío más difícil: acompañar el sufrimiento
Más allá de la distribución de alimentos o medicinas, el acompañamiento espiritual constituye uno de los mayores desafíos para los sacerdotes de la diócesis.
“No es fácil no ponerse en la situación de la otra persona. Es prácticamente imposible no ser empático”, confiesa.
Entre los muchos testimonios que lo han marcado, recuerda el caso de una abuela que buscaba desesperadamente a su nieta desaparecida bajo los escombros.
También evoca las exequias celebradas recientemente para varias víctimas del terremoto, entre ellas un niño de apenas un año de edad.
“Encontrar las palabras justas para iluminar esta realidad desde la fe no resulta una tarea fácil”, admite.
Reconstruir los templos y reconstruir la esperanza
El sacerdote compara la situación actual con el devastador deslave que afectó a Vargas en 1999, una experiencia que, asegura, dejó importantes lecciones sobre la capacidad de resiliencia del pueblo venezolano.
“Este no es mi primer rodeo”, comenta.
Entre las prioridades de la Iglesia local figura la reconstrucción de los templos, concebidos no solo como edificios sino como espacios de encuentro, consuelo y oración para las comunidades.
“Yo siempre les digo a mis feligreses que esta es su casa”, puntualiza el párroco. “Aquí pueden venir cuando quieran alabar a Dios, darle gracias o incluso pelear con Él”.
Junto a la recuperación de los lugares de culto, considera imprescindible fortalecer el acompañamiento espiritual y psicológico tanto de los fieles como de los agentes pastorales que también han sufrido las consecuencias de la tragedia, llevado adelante tanto por ministros ordenados como por laicos que sirven en la comunidad.
Agua y alimentos, las necesidades más urgentes
En el plano material, las principales necesidades siguen siendo los alimentos y el acceso al agua potable.
Muchos habitantes dependían económicamente de actividades vinculadas al aeropuerto internacional de Maiquetía, al puerto de La Guaira o a pequeños comercios que hoy permanecen cerrados o destruidos.
“Hay personas que no perdieron su casa, pero sí perdieron sus ingresos y ya no tienen cómo sostenerse”, precisa el sacerdote.
Aunque las donaciones de medicamentos han sido abundantes y la parroquia incluso ha organizado un banco de medicinas para la comunidad, el abastecimiento alimentario seguirá siendo prioritario durante las próximas semanas.
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Al concluir, el padre Antonio dirige un mensaje de gratitud a todas las personas e instituciones que han colaborado con las víctimas del terremoto y pide que la solidaridad no disminuya cuando desaparezca la atención mediática sobre la emergencia.
“Cuando comienzan a descender las ayudas, también vamos a seguir necesitando ese empujoncito para poder levantarnos y comenzar la reconstrucción”, advierte.
Asimismo, envía una palabra de esperanza a los venezolanos que viven en el exterior y que siguen con angustia las noticias de su país.
Finalmente, lanza una petición sencilla pero poderosísima a todos los hombres y mujeres de buena voluntad:
“No dejen de orar por Venezuela. Tal vez no todos puedan ayudar materialmente, pero una oración diaria por nosotros vale mucho, porque eso llega hasta el trono de Dios y allí eso se fructifica”.
Y concluye con una frase que resume el espíritu con el que la Iglesia acompaña a las comunidades afectadas:
“La fe no hace las cosas fáciles; simplemente las hace posibles, porque nos da una fuerza en el alma para seguir adelante”.
Un hombre flamea la bandera de Venezuela.