El cardenal Chomali pide a empresarios poner la dignidad humana en el centro de la actividad económica
El arzobispo de Santiago de Chile presentó la carta “La empresa promotora del bien común”, en la que invita al sector empresarial a mirar más allá de los resultados económicos y asumir su responsabilidad frente al empleo, las familias, las nuevas generaciones y los desafíos que plantea la IA
(Micaela Alejandra Díaz Miranda / ADN Celam).- El cardenal Fernando Chomali, arzobispo de Santiago, dirigió un llamado al mundo empresarial chileno a repensar el sentido de la actividad económica desde la dignidad de las personas y la construcción del bien común. Lo hizo durante la presentación de su carta “La empresa promotora del bien común”, dirigida a pequeños, medianos y grandes empresarios.
El documento fue presentado el 21 de agosto en un encuentro organizado junto con la Unión Social de Empresarios Cristianos, que reunió a empresarios, ejecutivos y emprendedores. La jornada contó también con las intervenciones del economista Vittorio Corbo y del empresario y exministro Alfredo Moreno.
Para el cardenal Chomali, la empresa no puede comprenderse únicamente desde sus balances o su capacidad de generar ganancias. Si bien reconoce que el sector privado constituye una fuente fundamental de desarrollo económico y de creación de empleo, sostiene que su responsabilidad alcanza también a las personas, las familias y la sociedad en su conjunto.
Vocación que trasciende las ganancias
La carta plantea la comprensión de la actividad empresarial como una vocación. Desde esta perspectiva, obtener beneficios económicos es un indicador relevante del funcionamiento de una empresa, pero no constituye el único criterio para evaluar su aporte. El arzobispo plantea que pueden existir resultados financieros positivos junto con situaciones en las que la dignidad de los trabajadores no sea respetada. Por ello, propone que las empresas se entiendan como comunidades de personas, donde la confianza, la justicia, el trabajo en equipo y el respeto por cada trabajador formen parte de las decisiones estratégicas.
La pregunta que atraviesa el documento apunta precisamente al impacto social de las decisiones empresariales: qué tipo de sociedad se está construyendo mediante la actividad económica y qué lugar ocupan el bien común y la dignidad humana dentro de las prioridades de las organizaciones.
El trabajo como camino de inclusión
El empleo ocupa otro lugar central en la reflexión del cardenal. El Card. Chomali remarca la capacidad de las empresas para generar oportunidades y contribuir al desarrollo del país, especialmente para quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad. En este sentido, llamó a ampliar las oportunidades laborales para jóvenes, migrantes, personas con discapacidad y quienes han cumplido condenas. También manifestó su preocupación por el desempleo juvenil y por las dificultades que enfrentan distintos sectores para acceder a un trabajo digno y estable.
Durante la presentación, el arzobispo dijo que promover la creación de empresas puede constituir una de las políticas públicas más importantes para el desarrollo del país, debido a su capacidad de generar empleo y transformar las condiciones de vida de las personas.
La reflexión se extiende también a quienes se encuentran privados de libertad. El Card. Chomali puso como ejemplo la escasez de oportunidades laborales para las personas encarceladas y cuestionó que la respuesta a la inseguridad se limite a la construcción de más centros penitenciarios. Desde su perspectiva, prevenir la exclusión y generar posibilidades de reinserción también requiere crear oportunidades de trabajo.
Trabajo y familia, una relación que debe ser cuidada
La carta dedica además un espacio a la relación entre la vida laboral y familiar. El cardenal advierte que las exigencias del trabajo no deberían desplazar las responsabilidades y vínculos familiares.
En particular, aborda la situación de las mujeres, las diferencias salariales y los obstáculos que pueden surgir para quienes viven la maternidad y, al mismo tiempo, desarrollan una trayectoria profesional. Su propuesta apunta a avanzar hacia ambientes laborales que permitan compatibilizar ambas dimensiones de la vida.
Durante el encuentro fue enfático al señalar que “el trabajo jamás puede competir con la familia”, situando esta relación como uno de los desafíos que también debe ser considerado por quienes toman decisiones dentro de las empresas.
Inteligencia artificial y futuro del empleo
La transformación tecnológica ocupa un capítulo especialmente relevante en la propuesta del arzobispo. La expansión de la inteligencia artificial está modificando rápidamente el mundo laboral y, a juicio del purpurado, plantea preguntas que no pueden resolverse únicamente desde la eficiencia o la productividad.
El cardenal advierte que la velocidad con que se incorporan estas tecnologías podría superar la capacidad de las personas y de los sistemas educativos para adaptarse a los nuevos escenarios laborales. Esto podría dejar a trabajadores con años de formación ante empleos que ya no requieren las mismas competencias. Frente a este panorama, propuso un diálogo amplio entre empresarios, sindicatos, academia y Gobierno para anticipar los efectos de la transformación tecnológica y buscar mecanismos de reconversión laboral.
La pregunta, por tanto, no es únicamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué lugar ocupará la persona en una economía cada vez más atravesada por la automatización y las nuevas tecnologías.
Responsabilidad compartida por el futuro de Chile
La carta invita finalmente a superar una visión fragmentada de los problemas sociales. Para el Card. Chomali, la educación, la salud, el empleo, las familias, las empresas y la seguridad forman parte de una misma realidad y requieren respuestas compartidas. Desde esta perspectiva, el sector empresarial tiene una responsabilidad que no termina en las puertas de sus compañías. Sus decisiones inciden en miles de trabajadores, familias y comunidades y, por tanto, también participan en la construcción del futuro del país.
La propuesta queda sintetizada en el “decálogo para una empresa al servicio de la persona y del bien común”, presentado junto con la carta, como una invitación a revisar las relaciones entre empresarios, trabajadores y sociedad desde una perspectiva centrada en la persona.