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El cardenal Cupich denuncia la ejecución televisada de Nidal Malik Hasan: “Una barbarie tratada como espectáculo”

El arzobispo de Chicago rechaza la pena capital en todos los casos y advierte del daño de convertir un fusilamiento en una retransmisión pública, especialmente para los niños

Cupich y Trump

El cardenal Blase J. Cupich ha condenado la ejecución planificada de Nidal Malik Hasan y su anunciada transmisión mediante un pelotón de fusilamiento. En su declaración, califica esa retransmisión de “una barbarie tratada como espectáculo” y plantea una pregunta dirigida a toda la sociedad: “¿Realmente queremos que nuestros hijos, que inevitablemente la verán, estén expuestos a la pornografía de un asesinato patrocinado por el Estado?”

Ejecución

El rechazo del arzobispo de Chicago parte de una posición inequívoca: “La pena capital es inaceptable en todos los casos”, como afirma el Catecismo de la Iglesia y, con él, el Papa León XIV. Por eso, Cupich no limita su denuncia al método de ejecución o a su difusión pública, sino que cuestiona el acto mismo de matar en nombre del Estado.

La violencia convertida en espectáculo

El cardenal pone el foco en las consecuencias de hacer de una ejecución un acontecimiento televisado. Considera que esa exposición, “especialmente una por medios tan violentos”, no contribuye a prevenir futuros delitos.

También advierte de que podría producir el efecto contrario: “Puede animarlos, al otorgar martirio al asesino de Ft. Hood”. Con esa expresión, Cupich señala el riesgo de que la ejecución pública convierta al condenado en un símbolo para quienes pretendan justificar o reproducir su violencia.

El argumento no es una defensa de los crímenes cometidos, sino una advertencia sobre la respuesta que una sociedad elige darles. Para el cardenal, la retransmisión añade a la muerte una dimensión de exhibición que compromete a quienes la promueven y afecta a quienes la contemplan.

Una nación "violenta y vengativa"

Cupich sostiene, además, que la ejecución televisada también perjudica la imagen moral del país. “Contribuye a caracterizar a nuestra nación como un lugar violento y vengativo”, afirma.

Su declaración contrapone esa lógica de venganza a la delperdón, que “otorga gracia”. Por eso, sitúa su oposición en el terreno de la fe y de la dignidad humana: “El asesinato por parte del Estado es un insulto a Nuestro Señor, que enseña que todas las vidas son sagradas”.

Cupich y León XIV | @Vatican Media

El cardenal dirige así su denuncia tanto contra la pena de muerte como contra su transformación en espectáculo. Su pregunta sobre los niños obliga a mirar más allá del condenado e interpela a una sociedad dispuesta a presenciar una muerte organizada por sus propias instituciones.

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