El cardenal Ouellet se sienta en el banquillo en Montreal y dos mujeres más rompen el silencio contra él

El purpurado se querella por difamación contra la ex catequista que lo denunció y le pide 100.000 dólares

Cardenal Ouellet
Cardenal Ouellet

Dos nuevos testimonios han sacudido el juicio por difamación que el cardenal Marc Ouellet ha abierto contra la ex catequista Paméla Groleau en Montreal. Mientras el purpurado busca “restablecer su reputación” con una demanda civil de 100.000 dólares contra ella, dos mujeres, Marie-Louise Moreau y Hélène Trépanier, han decidido comparecer en apoyo de la demandada y relatar ante el tribunal episodios de comportamientos que califican de inapropiados por parte del antiguo prefecto vaticano, ampliando así el alcance simbólico del caso.

El juicio que se complica para el cardenal

Según reconstruye La Presse, el proceso civil se abrió después de que Marc Ouellet, de 81 años, denunciara por difamación a Paméla Groleau, quien lo acusa de tocamientos de carácter sexual cuando ella trabajaba como agente de pastoral en el arzobispado de Quebec entre 2008 y 2010, en el marco de una acción colectiva contra la diócesis.

El cardenal niega toda connotación sexual, afirma no recordar los hechos y sostiene que el daño principal lo ha sufrido él, porque la acusación es un atentado contra su honor y su dignidad.

Sin embargo, la estrategia de Ouellet se ha complicado con la irrupción en la sala de dos nuevas denunciantes, llamadas por la defensa para mostrar que las acusaciones de Groleau no son un caso aislado.

La Presse habla de “testimonios llamativos” que el juez Martín Castonguay ha permitido escuchar, aunque decidirá más adelante sobre su admisibilidad formal como “hechos similares”. El cardenal y su equipo legal se oponen a su inclusión, argumentando que desvian el foco del litigio principal.

“Me sentí prisionera”: la voz de Marie‑Louise Moreau

La primera de las dos nuevos testigos, Marie‑Louise Moreau, de 84 años, relató ante el tribunal un episodio que situó en 1992, cuando preparaba los objetos litúrgicos para una misa en una iglesia de Montreal.

Según recoge Le Devoir, la mujer describió cómo Ouellet se colocó muy cerca de ella por detrás, apoyando las manos a ambos lados de su cuerpo y frotando su pelvis contra sus nalgas; aseguró haberse sentido atrapada, “como prisionera”, antes de zafarse y abandonar el lugar, tras lo cual evitó durante años los espacios donde pudiera cruzarse con el prelado.

Moreau explicó que nunca había contado el episodio hasta 2023, cuando la identidad de Paméla Groleau se hizo pública y fue entonces cuando decidió salir del silencio para apoyarla.

Tanto ella como las otras mujeres implicadas han renunciado a la habitual orden de no publicación de nombre en causas de agresión sexual, precisamente para subrayar la importancia de visibilizar lo que denuncian como abusos de poder en un contexto eclesial.

“Una traición y un abuso de poder”: el testimonio de Hélène Trépanier

La segunda testigo, Hélène Trépanier, contó un episodio posterior, en el que, durante un encuentro, sintió la mano de Ouellet deslizarse por debajo de su camiseta. De acuerdo con la síntesis publicada por La Presse, la mujer explicó que su reacción inmediata fue sujetar la mano del entonces sacerdote y tratar de detener el gesto, pero que él la fue bajando aún más, hasta situarla entre sus pechos.

 El relato de la abusada subraya que conocía a Ouellet desde desde su participación en actividades juveniles de la parroquia, y que lo consideraba una figura espiritual paterna, lo que hizo que viviera el episodio como una “traición” y un uso indebido de la autoridad.

Trépanier afirmó haber quedado paralizada y haber sentido miedo, no solo por sí misma, sino por “todos los jóvenes que él frecuenta”, preguntándose si podría haber accionado de modo similar con otras personas.

Un juicio civil con fuerte carga eclesial

Aunque el proceso en curso es estrictamente civil y se limita a dirimir si Groleau difamó o no al cardenal, la acumulación de testimonios que La Presse y Le Devoir van aireando en detalle ha dado al caso una dimensión eclesial y social mucho más amplia.

Para unos, lo que está en juego es el derecho de una figura pública a defender su reputación frente a acusaciones no probadas penalmente; para otros, la causa se ha convertido en espacio de resonancia para mujeres que denuncian décadas de silencios y mecanismos de protección en torno a uno de los cardenales más influyentes de la Curia romana.

De momento, el juicio se retomará el 11 de marzo en Montreal, con nuevas comparaciones previstas. El juez deberá decidir no solo sobre la demanda de Ouellet, sino también sobre el peso jurídico de estos “hechos similares”.

En la opinión pública, sin embargo, el veredicto se va adelantando a cada crónica que se publica. Mientras el cardenal intenta limpiar su nombre, las palabras de Groleau, Moreau y Trépanier, recogidas y amplificadas por los medios de comunicación, han colocado de nuevo a la Iglesia canadiense frente a su talón de Aquiles: el uso de poder en las relaciones pastorales y la falta de credibilidad de sus máximos responsables cuando se sientan en el banquillo.

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