En Chiclayo, donde todo habla de Robert Prevost

Viaje a las raíces peruanas de León XIV

Todos recuerdan al Papa como un gringo que fue más peruano que todos los peruanos y donde supo integrarse tanto que, al final, un forastero no habría sabido decir si era peruano o de otro lugar.

Robert Prevost con la comunidad de Chiclayo
Robert Prevost con la comunidad de Chiclayo | CEP
Paola Ugaz
25 feb 2026 - 20:30

(osservatoreromano).- Cuando el papa León XIV decida visitar Perú, sin duda vendrá a Chiclayo, donde es querido y esperado con gran expectación. Chiclayo, la ciudad donde se forjó el sucesor de Pedro, es la capital de la región de Lambayeque, una de las ciudades más importantes de la cultura Moche, que se desarrolló en el norte de Perú. En 1987, el arqueólogo peruano Walter Alva descubrió una tumba única e intacta de un gobernador regional prehispánico, enterrado junto a su séquito, cubierto de oro y joyas de incalculable valor, y lo llamó el Señor de Sipán. La revista National Geographic lo definió como el «Tutankamón de América». Para Walter Alva, el descubrimiento reveló los avances tecnológicos alcanzados por esa cultura y su conocimiento de la organización social y el pensamiento religioso. Esto «devolvió la autoestima a los peruanos, que se sienten herederos del Señor de Sipán y saben que descienden de una cultura extraordinaria. Siempre me preguntaban si el pasado es importante, hoy respondo que el pasado puede ser nuestro futuro».

El Museo de las Tumbas Reales del Señor de Sipán alberga más de 1600 objetos trabajados en oro, plata, cobre dorado, cerámica y conchas de spondylus, y es uno de los pocos lugares que compite con la ciudadela inca de Machu Picchu, en la región de Cuzco, por atraer a los turistas.

Museo de las Tumbas Reales de Sipán
Museo de las Tumbas Reales de Sipán

El entonces obispo de Chiclayo, Robert Prevost, fue un asiduo visitante del Museo de las Tumbas Reales de Sipán y los guías del museo lo recuerdan con gran agrado por sus agudas preguntas sobre una civilización que ha marcado la historia de la costa norte de Perú. En una entrevista con «L'Osservatore Romano», la guía turística Doris Bances Parraguez recordó que, antes de venir a Roma, el entonces obispo había visitado el museo y ella había tenido el privilegio de hacerle de guía. «Me emocionó mucho conocer al futuro Papa y, por sus preguntas, me di cuenta de que conocía muy bien la cultura de los Moche, famosos por haber vencido al desierto, por ejemplo, mediante la construcción de acueductos».

En los recuerdos de un amigo

César Piscoya, un querido amigo del Papa, lo conoció en un momento difícil de su vida: acababa de anunciar a sus padres que quería ser agustino y fue Prevost, en calidad de promotor vocacional, quien habló con sus padres, los tranquilizó y les pidió que confiaran en su decisión. Desde ese momento, Piscoya vivió en la comunidad de Trujillo. Prevost se convirtió en su consejero espiritual hasta 1999. Además de él, los principales formadores en la casa de los agustinos de Trujillo eran John Lydon y Ricardo Muller. «Era un hombre muy disciplinado, se levantaba a las 4 de la mañana y a las 5 ya estaba en la capilla, a las 6 celebrábamos la misa. En resumen, nos enseñaba con el ejemplo.

Era muy exigente en lo que se refería al estudio y las tareas dentro de la casa y nos daba consejos sobre cómo hablar y acercarnos a los laicos con los que trabajábamos», recuerda Piscoya.

Prevost en Chiclayo
Prevost en Chiclayo

Los dos amigos se «separaron» a finales de 1999 porque, en 2001, Prevost fue nombrado prior general de los agustinos. Piscoya, por su parte, se trasladó a Bolivia. Posteriormente, abandonó la orden de San Agustín. Estudió sociología, se casó, tuvo tres hijos y enviudó cuando estos tenían solo 9, 7 y 3 años. Se reencontraron a finales de 2016, cuando César regresó a Chiclayo y, en esa ocasión, el obispo Prevost le ofreció el cargo de vicario pastoral de la diócesis como laico, dando así inicio a una experiencia laboral inédita en Chiclayo y en el resto del Perú.

Es entonces cuando se crea la Edap, Equipo Diocesano de Animación Pastoral, formado por sacerdotes, religiosas y laicos. Para Piscoya, el trabajo en Chiclayo «era un ejercicio práctico de sinodalidad». Y es entonces cuando se establece un sistema de trabajo con los laicos en el que el obispo de Chiclayo nombra a mujeres para siete de los once puestos más importantes de la diócesis. Antes, recuerda, las mujeres eran «invisibles» en la diócesis. El obispo Prevost, precisa Piscoya, «les asignaba también un grupo para que tuvieran éxito en las funciones que desempeñaban y así se demostrara la importancia de su trabajo dentro de la Iglesia católica». Para Piscoya, que acaba de publicar junto con Veronique Lecaros el libro León XIV, retrato de un Papa peruano, Robert Prevost se distinguía por «la reflexión, la escucha y la firmeza cuando era necesario».

Incluso en las decisiones difíciles, como la suspensión de algún sacerdote, actuaba con discreción y claridad, sin espectacularidad, pero con coherencia evangélica

«Incluso en las decisiones difíciles, como la suspensión de algún sacerdote, actuaba con discreción y claridad, sin espectacularidad, pero con coherencia evangélica. Para muchos, su forma de ejercer la autoridad fue una señal concreta de una Iglesia más humana, transparente y cercana al Evangelio», concluye Piscoya. El estilo accesible del entonces obispo no dejó indiferente a nadie, ya que aún hoy la gente recuerda alguna anécdota sobre él y conserva fotos de bautizos y confirmaciones. Tampoco se han olvidado aquellas ceremonias religiosas en las que Prevost acompañó a su pueblo en momentos difíciles, como los causados por fenómenos meteorológicos como El Niño, que provoca lluvias que pueden devastar ciudades enteras, o La Niña, que reduce la temperatura marina y, junto con los vientos fríos, afecta a la agricultura.

El Museo y la «Ruta» del Papa

Una vez en Chiclayo, se puede visitar el Museo del Papa, situado junto a la catedral, donde hay fotos de su ciudad natal, Chicago, y una línea temporal que llega hasta su elección como Papa. También se puede seguir la «Ruta del Papa», creada por el gobierno regional para conocer los lugares más relacionados con León XIV. La Ruta incluye: la iglesia de San Pedro, donde se encuentra el Jesús Nazareno Cautivo, patrón de Monsefú, muy venerado por los muchos milagros que se le atribuyen, como haber calmado el mar y favorecido el trabajo de los pescadores. La fiesta principal coincidía con el cumpleaños del entonces obispo de Chiclayo, que nunca faltó a la significativa celebración con el Cautivo de Monsefú.

León XIV, cuando era obispo de Chiclayo
León XIV, cuando era obispo de Chiclayo | Cáritas Chiclayo

Y también el Santuario Virgen de la Paz, construido para venerar a la Virgen María y satisfacer las necesidades espirituales de los visitantes a través de la Confesión y la Eucaristía. En una entrevista con «L'Osservatore Romano», el periodista Harry Gordillo, nacido en Monsefú, recuerda el carácter del entonces obispo de Chiclayo: «Un día, en medio de la homilía, llamó la atención de dos autoridades que estaban en conflicto, invitándolas a unirse para trabajar juntas por la ciudad, que estaba descuidada, desordenada, llena de basura, con las calles destruidas, además de ser bastante peligrosa». También recuerda con emoción el día en que el obispo de Chiclayo se puso al frente de un grupo que recorrió el parque de Monsefú junto con una banda de música para invitar a la población a participar en la festividad religiosa de Jesús Nazareno Cautivo.

Gordillo cuenta que el entonces obispo de Chiclayo «dejó la oficina» y, a diferencia de lo que ocurría antes, «se puso en marcha, recorriendo las calles, visitando las casas que, como misionero, había identificado en esa parte del norte, pobres en infraestructuras y servicios básicos, pero ricas en fe, calidez y, sobre todo, en comida deliciosa que supo saborear». Gordillo explica que «todos recuerdan al Papa como un gringo que fue más peruano que todos los peruanos. Supo integrarse tanto que, al final, un forastero no habría sabido decir si era peruano o de otro lugar».

«En cada rincón de Lambayeque, el departamento del norte de Perú donde se encuentra la diócesis de Chiclayo —continúa Harry Gordillo—, dejó al menos un amigo. Prevost siempre supo que nunca debía rechazar un vaso de agua que le ofrecieran, y por eso era tratado con cariño cada vez que visitaba una parroquia de su diócesis. En él no solo encontrabas un guía espiritual, sino también una persona cordial que te abría los brazos en cualquier situación, era un sacerdote que nunca dejaba de escuchar y ayudar en todo lo posible. Por eso, muchísimas personas en Chiclayo dicen que Robert Prevost es su amigo. Lo cual refleja literalmente las palabras de la canción de Roberto Carlos: yo quiero tener un millón de amigos . Prevost los tuvo. Los tiene. Y ellos esperan ansiosos su regreso a Chiclayo, donde «no le bastarán las manos» para recibir tantos regalos y muestras de afecto.

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