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Chomali, a los jóvenes peregrinos de Santa Teresa de Los Andes: "Menos pantallas y más espacio para las relaciones y la oración"

El arzobispo de Santiago de Chile presidió una celebración en el Santuario de Santa Teresa de Los Andes, que congregó a fieles de distintas regiones del país. En su homilía, invitó a reconocer la dignidad humana, anunciar el Evangelio y poner límites al uso de las pantallas

Cradenal Fernando Chomali en el Santuario de Santa Teresa de los Andes

(Micaela Alejandra Díaz Miranda/ADN Celam).- Unos veinte mil peregrinos de distintas regiones de Chile llegaron al Santuario de Santa Teresa de Los Andes, en Auco, para participar de una jornada de oración, servicio y esperanza. Aunque esta vez no se realizó la tradicional caminata de 27 kilómetros desde Chacabuco, la convocatoria volvió a expresar la devoción a Teresita, con la presencia de fieles procedentes de Chiloé, Angol, Villarrica, Talca, Laja, Los Ángeles, Valparaíso y otros puntos del país.

En este encuentro, el cardenal Fernando Chomali, arzobispo de Santiago, presidió la celebración eucarística y reflexionó sobre el amor de Dios, la dignidad de cada persona y la misión evangelizadora de la Iglesia. También dedicó una parte de su reflexión a los desafíos de la tecnología y las redes sociales, a partir de la invitación a la higiene digital planteada por el Papa León XIV.

Historia de amor entre Dios y la humanidad

El cardenal invitó a los peregrinos a contemplar la cordillera, la naturaleza y a las personas que tenían a su lado, para reconocer en todo ello la obra creadora de Dios. Desde esta mirada, recordó que la existencia humana nace del amor y que cada persona está llamada a descubrir esa certeza en su propia vida.

“La razón última de nuestra existencia es el amor de Dios”, dijo, al recordar que la vida puede comprenderse como “una gran historia de amor entre Dios y el hombre”. Una relación en la que, según explicó, Dios sale continuamente al encuentro de la humanidad, incluso cuando las personas se alejan de Él.

El arzobispo remarcó que cada ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, con inteligencia para buscar la verdad, un corazón para amar y manos y pies para trabajar y acudir en ayuda de quienes más lo necesitan. Invitó a pedir al Señor un corazón dispuesto a la generosidad y a la solidaridad, especialmente con las personas más vulnerables. Esta conciencia de la propia dignidad, señaló, permite vivir con confianza y reconocer que el amor de Dios permanece incluso en las dificultades. Desde esa certeza, animó a los fieles a poner sus vidas en manos del Señor, confiando en que Él guía sus pasos y los acompaña en cada circunstancia.

Solamente así podremos transformar el mundo si comenzamos transformándonos nosotros mismos

La fe se expresa en el servicio y la misión

Durante la homilía, el cardenal Chomali insistió en que la experiencia de fe no puede quedarse únicamente en una vivencia personal o en una celebración religiosa. Para el purpurado, el encuentro con Dios debe traducirse en una manera de vivir, de relacionarse con los demás y de contribuir a transformar la sociedad.

“Solamente así podremos transformar el mundo si comenzamos transformándonos nosotros mismos”, expresó, al relacionar el reconocimiento de la dignidad humana con el mandamiento de amar a Dios y al prójimo.

El arzobispo recordó que la Iglesia tiene la misión de anunciar a Jesucristo“camino, verdad y vida”. Esta tarea, explicó, comienza en los espacios cotidianos: en los hogares, las familias y las comunidades, donde el amor de Dios se hace visible mediante el servicio: “Tenemos la misión de ir casa por casa, familiar por familiar para decir que Dios es amor y ese amor se manifiesta en el servicio a los demás”.

El valor de la vida humana

Alentó a recuperar el valor de la vida humana, la dignidad de cada persona y la capacidad de vivir el perdón y la misericordia. También invitó a los católicos a participar activamente en la vida del país, aportando su visión sobre el ser humano, creado a imagen de Dios y redimido por Cristo.

El cardenal Chomali describió la Iglesia a la que están llamados los creyentes como una comunidad misionera, servidora y misericordiosa, que busca la conversión y la vida de las personas.

Asimismo, recordó que el testimonio de las obras es esencial para que otros puedan reconocer la autenticidad de la fe.

"Necesitamos una higiene digital"

El cardenal retomó la reflexión del papa León XIV sobre la necesidad de una “higiene digital”, una invitación que, a su juicio, los católicos deben asumir con responsabilidad en la vida cotidiana.

El testimonio de las obras es esencial para que otros puedan reconocer la autenticidad de la fe

“Es muy importante que no vayamos dejando de lado, que le pongamos límites y que tengamos espacio para la oración, que tengamos espacio para la conversación”, señaló, al advertir sobre una realidad en la que las personas pueden estar permanentemente conectadas y, al mismo tiempo, experimentar una profunda soledad.

El arzobispo manifestó especial preocupación por los efectos de las pantallas en niños y jóvenes. Advirtió sobre la exposición a contenidos que promueven el consumo innecesario, dificultan distinguir entre verdad y mentira y afectan la manera de vivir los vínculos y los afectos.

Evangelizar los espacios digitales

Recordó que la educación de los hijos corresponde, en primer lugar, a sus padres, junto con la tarea formativa de los colegios. La tecnología, sostuvo, no puede sustituir el acompañamiento familiar ni la relación educativa, entendida como una expresión de amor.

“No se puede tener una vida espiritual profunda si estamos todo el día conectados a las redes”, dijo e invitó a reservar tiempo para la oración, el diálogo, el estudio y la búsqueda de la verdad, así como para los encuentros personales que ayudan a crecer y madurar.

Sin proponer una demonización de los dispositivos tecnológicos, el cardenal planteó que también es necesario evangelizar los espacios digitales. En lugar de dejarlos dominados por contenidos que generan confusión o desesperanza, propuso llenarlos de buenas noticias, oración, alegría y proyectos sociales que permitan a las personas participar y colaborar con los demás.

Esperanza que nace de la resurrección

En la parte final de su homilía, el cardenal agradeció a quienes hicieron posible la celebración y resaltó la importancia de vivir la vocación cristiana con profundidad. También aludió a Magnifica Humanitas, la encíclica del Papa León XIV, para recordar que la humanidad está llamada a crecer, madurar y discernir, junto a otros, el camino que Dios propone.

Ante los desafíos sociales y las situaciones de violencia, mentira y desesperanza, invitó a los peregrinos a no perder de vista el centro de la fe cristiana: Jesucristo resucitado, vencedor de la muerte y fuente de una esperanza capaz de transformar la vida.

“Están los tiempos para la verdad, para el anuncio de la verdad. Están los tiempos para la misericordia”, expresó, al convocar a los fieles a vivir de acuerdo con el Evangelio y a llevar esa esperanza a sus entornos.

La jornada en el Santuario de Santa Teresa de Los Andes concluyó como una expresión de fe compartida por miles de peregrinos. Inspirados en el testimonio de Teresita, los participantes fueron invitados a reconocer el amor de Dios, cuidar la dignidad de cada persona y hacer de sus vidas un anuncio del Evangelio mediante la oración, la misericordia y el servicio.

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