Cultivar para florecer: Perú traza su hoja de ruta sinodal en encuentro nacional

Más de 230 representantes de las 46 jurisdicciones eclesiásticas del país participaron en Lima en una asamblea clave para la implementación del Sínodo

Encuentro Nacional de Equipos Diocesanos Sinodales
Encuentro Nacional de Equipos Diocesanos Sinodales
04 mar 2026 - 20:13

(Sebastián SansónFerrari/VaticanNews).- Con la celebración eucarística presidida por Monseñor Carlos García Camader, Obispo de Lurín y presidente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), concluyó el 1 de marzo el Encuentro Nacional de Equipos Diocesanos Sinodales, realizado en el coliseo del Colegio San Francisco de Borja, en Lima. La cita reunió a 232 representantes -entre arzobispos, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos- de las 46 jurisdicciones eclesiásticas del país, con el propósito de trazar una ruta común para la fase de implementación del proceso sinodal en el Perú.

“La Iglesia está llamada a escuchar antes que cualquier planificación pastoral”, afirmó el prelado durante la homilía del segundo domingo de Cuaresma, en la que vinculó el camino sinodal con el Evangelio de la Transfiguración. Así como los discípulos en el monte Tabor, explicó, la Iglesia ha vivido un tiempo de gracia, pero no puede quedarse en la experiencia luminosa: está llamada a descender y caminar con esperanza en medio de los desafíos del mundo.

La Eucaristía fue concelebrada por Monseñor Alfredo Vizcarra, SJ, Arzobispo de Trujillo y Administrador Apostólico del Vicariato de Jaén; y Monseñor Ángel Ernesto Zapata Bances, OCD, Obispo de Chimbote. En su predicación, el presidente de la CEP recordó que la voz del Padre es clara: “Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo”. Subrayó que la sinodalidad no es un fin en sí mismo, sino un modo evangélico de ser Iglesia que brota de la escucha del Espíritu Santo y del sensus fidei de cada bautizado.

El presidente de la Conferencia Episcopal Peruana durante el encuentro nacional de equipos diocesanos sinodales
El presidente de la Conferencia Episcopal Peruana durante el encuentro nacional de equipos diocesanos sinodales

Ante un contexto nacional marcado por la polarización, Mons. García sostuvo que la Iglesia está llamada a ofrecer una cultura del encuentro, donde incluso quien piensa diferente pueda ser escuchado, buscando juntos la voluntad de Dios y no la imposición de intereses particulares. Recalcó que la autoridad eclesial debe ejercerse como servicio, iluminando las decisiones mediante procesos de escucha y acompañamiento.

“Es necesario bajar al encuentro del mundo herido”, exhortó el prelado, evocando el descenso de Jesús del monte. La sinodalidad —dijo— debe traducirse en prácticas concretas: comunidades que escuchan, estructuras pastorales participativas, cercanía a los pobres y una conversión misionera permanente. Caminar juntos significa aprender a sanar heridas y reconstruir la comunión, manteniendo la mirada fija en Cristo transfigurado para que el proceso sinodal se convierta en una misión que fortalezca la unidad.

Una "revolución relacional" frente a la desevangelización

Durante el segundo día del encuentro, el Nuncio Apostólico en el Perú, Monseñor Paolo Rocco Gualtieri, presidió la Misa de Acción de Gracias e invitó a profundizar en lo que definió como una “revolución relacional”. La sinodalidad -afirmó- no es una invención reciente, sino un estilo de Iglesia que nace del Evangelio y tiene como centro a Jesucristo.

Partiendo de las Bienaventuranzas, recordó que Sínodo significa “caminar juntos”: un camino que deben recorrer unidos nuncio, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, especialmente en este tiempo de Cuaresma. El objetivo es profundizar en el misterio del Señor para anunciarlo con mayor fidelidad.

Tras analizar las relaciones quinquenales presentadas por los obispos peruanos en su reciente visita Ad Limina, el representante pontificio expresó su preocupación por el avance de la desevangelización, particularmente entre los jóvenes y en ambientes universitarios. Ante este escenario, insistió en que la “Iglesia en salida” -arraigada en la experiencia de los primeros cristianos- es la respuesta necesaria para transmitir el Evangelio hoy.

Monseñor Gualtieri destacó además la importancia de que los organismos de participación funcionen realmente, como los Consejos Pastorales y de Asuntos Económicos. “Ni el obispo ni el nuncio deben decidir solos”, afirmó, subrayando que la consulta y la corresponsabilidad fortalecen, y no debilitan, el ministerio ordenado.

Encuentro Nacional de Equipos Diocesanos Sinodales
Encuentro Nacional de Equipos Diocesanos Sinodales

De las palabras a las prácticas

Por su parte, Monseñor Edinson Farfán Córdova, OSA, Obispo de Chiclayo y Coordinador de la Comisión Nacional del Sínodo, definió el encuentro como un “kairós del Espíritu”, un tiempo de gracia en el que Dios invita a redescubrir la esencia de ser Iglesia. En su homilía, enfatizó que la implementación no consiste en repetir discursos, sino en encarnar la sinodalidad en la vida concreta de las diócesis y parroquias.

Donde la sinodalidad se cultiva florecen el diálogo y el discernimiento

“Sin escucha no hay sinodalidad”, advirtió, señalando que donde falta la escucha surgen ideologías, mientras que donde se cultiva florecen el diálogo y el discernimiento. La Iglesia -explicó- no se construye desde iniciativas aisladas, sino desde una alianza: es el Señor quien toma la iniciativa y convoca a su pueblo.

Al responder a la pregunta “¿Y ahora qué?”, fue claro: toca la fase de la implementación. Esta exige generar prácticas sinodales, fortalecer planes pastorales y dejarse guiar por el Espíritu Santo, verdadero protagonista del proceso. “Nadie salva solo la barca, pero tampoco nadie está solo en ella”, recordó, invitando a superar el protagonismo y el desánimo.

Una de las mesas de trabajo durante el encuentro (Conferencia Episcopal Peruana)
Una de las mesas de trabajo durante el encuentro (Conferencia Episcopal Peruana)

El Encuentro Nacional de Equipos Diocesanos Sinodales concluyó así con un llamado compartido: escuchar, discernir y caminar juntos para que la sinodalidad no sea solo un acontecimiento eclesial, sino una auténtica renovación espiritual al servicio de la misión y de la unidad en el Perú.

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