Cupich critica la 'ludificación del guerra': "No solo corremos el peligro de tolerar la violencia, también el de dejar de sentirla"

El purpurado recibió el "Blessed are the Peacemakers Award" de la Catholic Theological Union. Se trata del premio anual más prestigioso de la CTU, considerada la mayor escuela de teología de América del Norte

Cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago
Cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago
30 abr 2026 - 20:45

(Davide Dionisi/Vatican News).- “La expresión operadores de paz es excepcional tanto por su rareza lingüística como por su contexto político provocador. Las Bienaventuranzas son la única vez en que aparece en la Biblia. Y al llamar a los operadores de paz hijos de Dios, Jesús subvierte la propaganda romana de la Pax Romana, que define a César como artífice de la paz e hijo de dios. Para Jesús, los verdaderos hijos de Dios no son los generales que pacifican mediante la conquista y la fuerza militar, sino aquellos que entran en conflicto con el único objetivo de restablecer el shalom, un concepto hebreo de integridad y justicia”. Esto es lo que dijo el cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, durante la ceremonia de entrega del Blessed are the Peacemakers Award de la Catholic Theological Union (CTU), celebrada ayer, 29 de abril. Se trata del premio anual más prestigioso de la CTU, considerada la mayor escuela de teología de América del Norte. Instituido en 1993, el reconocimiento honra cada año a un líder que se haya distinguido a favor de la paz, la unidad y la reconciliación.

La advertencia del papa León XIV

“El papa León XIV, desde su homilía del Domingo de Ramos, está subvirtiendo la narrativa que intenta justificar la guerra para lograr la paz mediante el dominio”, explicó el purpurado, precisando que “en esa ocasión el Pontífice habló con una claridad desarmante: Jesús, Rey de la paz (…) que rechaza la guerra, que nadie puede usar para justificar la guerra, (…) no escucha la oración de quien hace la guerra y la rechaza diciendo: aunque multiplicarais las oraciones, yo no escucharía: vuestras manos están chorreando sangre”.

Blessed are the Peacemakers Award
Blessed are the Peacemakers Award

La paz es una tarea

El cardenal Cupich observó con preocupación cómo, especialmente en Estados Unidos, la reacción al Evangelio en tiempo de guerra se ha reducido a un debate técnico para “reexaminar, defender y afinar la teoría de la guerra justa”. “La primera pregunta no es: ¿puede justificarse esta guerra? La primera pregunta es la que Jesús plantea en las Bienaventuranzas: ¿qué nos pide hoy el Evangelio? ¿Qué significa, concretamente, ser operadores de paz?”, explicó, subrayando que “la Gaudium et spes enseña que la paz no es la simple ausencia de la guerra (…), sino que se define con toda precisión como obra de la justicia, algo que debe construirse continuamente. La paz, en otras palabras, es una tarea”.

Para el arzobispo de Chicago, “poner la otra mejilla significa rechazar el papel asignado por el agresor; niega a la violencia el poder de definir la relación. En lugar de responder según la lógica del dominio y la humillación, el discípulo sale completamente de ella. De este modo, el acto se convierte en una forma de libertad: muestra la injusticia sin reproducirla e interrumpe la cadena de represalias en su origen. Por lo tanto, se trata de una actitud radicalmente activa y no pasiva”.

Amar al enemigo

En cuanto al mandamiento de amar al enemigo, el purpurado señala que “no es un sentimiento, sino una práctica que desarma la hostilidad negándose a reflejarla. Crea un espacio inédito en el que el otro ya no es tratado como un enemigo a derrotar, sino como una persona a la que volver a encontrar”.

No corremos solo el peligro de tolerar la violencia, sino también el de dejar de sentirla, hasta el punto de que algunos, incluso en nuestro gobierno, no tienen reparos en transformar descaradamente el sufrimiento ajeno en entretenimiento
Amar al enemigo para desarmarlo
Amar al enemigo para desarmarlo

El purpurado también se refirió a la “ludificación” de la guerra: “Conflictos mediados a través de pantallas, reducidos a imágenes, estadísticas y abstracciones estratégicas, donde las vidas humanas corren el riesgo de ser percibidas como simples datos en lugar de como personas. No corremos solo el peligro de tolerar la violencia, sino también el de dejar de sentirla, hasta el punto de que algunos, incluso en nuestro gobierno, no tienen reparos en transformar descaradamente el sufrimiento ajeno en entretenimiento”.

Citando al difunto teólogo y cardenal jesuita Avery Dulles, el cardenal Cupich dijo: “El diálogo consiste en dar a quien tienes delante el permiso de decirte por qué cree que tú estás equivocado. Estas capacidades y actitudes no son naturales; se forman con el tiempo, día tras día, a través del compromiso y la disciplina”.

La teoría de la guerra justa

Luego, un pasaje sobre el límite de la teoría de la guerra justa: “Cuando se convierte en la lente principal a través de la cual miramos el conflicto, corre el riesgo de restringir nuestra imaginación a lo que puede ser permitido en lugar de ampliarla hacia lo que es requerido. Y lo que es requerido es más exigente”.

Finalmente, el Papa como pastor, no como estratega: “El papa León no se dejó involucrar en discusiones abstractas sobre el uso justificado de la fuerza. En cambio, ha pedido una cultura de paz, exhortando a los líderes a volver al diálogo en lugar de a la escalada, y basando su llamado no en la teoría sino en el sufrimiento humano, recordando la historia de un niño que había conocido y que luego fue asesinado en la guerra. Habló como pastor, no como estratega. Y lo mismo debemos hacer nosotros”.

León XIV
León XIV

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