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La esperanza se abre paso en Colombia: En Pereira, las religiosas y el obispo trabajan en las calles para responder al dolor y a la incertidumbre

Un grupo de WhatsApp permitió a las religiosas de Pereira organizarse y salir al encuentro de las comunidades afectadas, pese a las dificultades para desplazarse y comunicarse… Por su parte, el obispo invita a toda Colombia a participar este domingo 16 de agosto en una Jornada de Oración

Cristina Ángel Castro, religiosa de los Sagrados Corazones de Jesús y de María

(Luz Marina Medina/Micaela Alejandra Díaz/ADN Celam).- Frente a las consecuencias del terremoto del 10 de agosto en Colombia, las religiosas de Pereira han salido al encuentro de las comunidades afectadas, llevando alimentos, acompañamiento y solidaridad, pese a las dificultades para desplazarse y comunicarse.

La hermana Cristina Ángel Castro, religiosa de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, presidenta de la seccional Pereira de la Conferencia de Religiosos de Colombia (CRC) y delegada del obispo para la Vida Consagrada de la diócesis, relató a ADN Celam cómo ha vivido la emergencia.

Por su parte, el obispo, monseñor Cardona Ramírez, invita a toda Colombia a participar este domingo 16 de agosto en una Jornada de Oración por las víctimas del terremoto y por las comunidades afectadas. Su cercanía no es solamente pastoral. Al igual que muchos habitantes de Pereira, el obispo tuvo que abandonar el lugar donde vivía porque también resultó completamente averiado.

Mientras continúan las labores de rescate, la Iglesia de Pereira acompaña a las familias, organiza ayuda humanitaria y comienza a pensar en la reconstrucción.

Un grupo de WhatsApp permitió a las religiosas de Pereira verificar cómo se encontraban y ponerse en acción

La falta de comunicación no ha impedido que las religiosas se contacten, visiten comunidades afectadas y coordinen alimentos y apoyos para quienes lo necesitan.

La hermana Cristina contó que permaneció incomunicada durante las primeras horas y solo hasta el martes logró restablecer el contacto. Un grupo de WhatsApp permitió a las comunidades religiosas verificar cómo se encontraban y conocer las primeras afectaciones. En Pereira hay cerca de 20 comunidades femeninas, alrededor de 15 de ellas ubicadas en el área urbana.

En medio de las dificultades para desplazarse por la ciudad, logró llegar hasta varias comunidades. Visitó a las Hermanas Concepcionistas, que sufrieron algunas afectaciones, y posteriormente acompañó a las Hermanitas de los Pobres de San Pedro Claver, cuyo hogar para adultos mayores resultó afectado. Junto a los Padres Vocacionistas, llevó alimentos y compartió con las religiosas sus preocupaciones.

“Ya visitar las hermanas es distinto cuando ellas ya pueden abrazar a alguien y compartir también su preocupación y toda su situación”, afirmó. La presencia se vuelve especialmente necesaria mientras persisten dificultades de acceso.

Las religiosas evalúan daños y necesidades

Mientras avanza el diagnóstico de las comunidades, la hermana Cristina confirmó que hasta ahora no se han reportado religiosas heridas. Las Hermanas Pasionistas informaron que el hogar de niños que acompañan no presenta daños de consideración, aunque algunas estructuras requieren evaluación.

La religiosa también articula esfuerzos con el Banco de Alimentos para identificar las comunidades que requieren apoyo y canalizar las donaciones. El objetivo inmediato es completar un balance de las afectaciones que permita establecer prioridades y gestionar las ayudas necesarias.

“Lo primero que tenemos que hacer es un balance, una visita y un balance de todas las comunidades que han sido afectadas”, explicó. La CRC Nacional acompaña este proceso y explora alternativas para gestionar recursos destinados a atender las necesidades más urgentes.

La comunicación sigue siendo uno de los principales desafíos, especialmente en sectores donde aún no hay energía eléctrica. Mientras se restablecen los servicios, la hermana Cristina continúa en contacto telefónico con las comunidades y coordinando apoyos con otras congregaciones.

Oración y esperanza ante la reconstrucción

La emergencia también dejó daños en una edificación de un colegio que actualmente no está en funcionamiento y pertenece a la comunidad de la hermana Cristina. Como parte de la respuesta, se gestiona el apoyo de religiosas de Medellín que puedan trasladarse a Pereira y sumarse al acompañamiento.

El desastre también ha puesto a prueba la fortaleza espiritual de las comunidades religiosas. Para la hermana Cristina, la oración y la cercanía son parte esencial de la respuesta ante el dolor y la incertidumbre. “Como dice la palabra, mirando con esperanza hacia el futuro, que no defrauda”, apuntó.

La religiosa resaltó también la solidaridad que ha recibido desde diferentes lugares del país y del exterior. Mensajes, oraciones y expresiones de apoyo han acompañado a su comunidad durante estos días. “Agradezco infinitamente y también agradezco la oración”, observó.

El testimonio de la hermana Cristina muestra que la respuesta de la Vida Consagrada apenas comienza. De acuerdo a lo expresado, el desafío ahora es identificar las afectaciones, acompañar a las comunidades y gestionar los recursos necesarios para afrontar la recuperación, sin perder de vista la esperanza.

Pereira, la esperanza se abre paso entre los escombros

La esperanza se abre paso entre los escombros de Pereira

Por su parte, monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez, obispo de la diócesis, invita a toda Colombia a participar este domingo 16 de agosto en una Jornada de Oración por las víctimas del terremoto y por las comunidades afectadas. Mientras continúan las labores de rescate, la Iglesia de Pereira acompaña a las familias, organiza ayuda humanitaria y comienza a pensar en la reconstrucción.

En una entrevista concedida a Vatican News, monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez, obispo de Pereira, describió la magnitud de los daños en la diócesis y llamó a no perder la esperanza: “La naturaleza ha mostrado todo su poder, pero bueno, el Señor ha sido grande con nosotros y aquí estamos acompañando a la comunidad y también preparándonos para la reconstrucción de todo esto”.

Iglesia también golpeada

La diócesis de Pereira ha sufrido importantes daños en sus estructuras. Según explicó el obispo, 12 parroquias presentan afectaciones muy graves, algunas de ellas con la posibilidad de tener que ser demolidas. También resultaron seriamente afectados la Curia diocesana, que actualmente presenta riesgo de colapso, el Seminario Mayor y el Banco de Alimentos. A estas estructuras se suman alrededor de 60 parroquias con averías graves, una situación que compromete buena parte de la infraestructura eclesial de la diócesis.

La destrucción también alcanza distintos sectores de la ciudad. Cardona Ramírez mencionó particularmente el centro de Pereira, el sector del parque de la iglesia de La Valvanera y La Lorena, donde se produjeron colapsos de edificios.

“Empieza el proceso de todo aquello que será demolido, que aunque permaneció en pie no puede ser habitable”, explicó. Para el obispo, este será uno de los grandes desafíos una vez concluya la primera etapa de emergencia y rescate.

"No nos vamos a ir": una Iglesia presente en las calles

Ante el riesgo de utilizar los templos afectados, los sacerdotes han trasladado su presencia pastoral a otros espacios. Se han celebrado momentos de oración y celebraciones en parques y lugares donde permanecen concentradas las personas, además de acompañar a quienes fueron trasladados a clínicas improvisadas en coliseos y centros deportivos.

Han estado celebrando en los parques, o han ido a los lugares también donde hay personas concentradas”, relató el obispo. La presencia pastoral, sin embargo, se desarrolla con prudencia, evitando aglomeraciones que puedan poner en riesgo a la población mientras continúan las labores de rescate.

También la Pastoral Social ha debido reorganizar su respuesta. El Banco de Alimentos de la diócesis quedó destruido tras el colapso de su sede, ubicada en la parroquia San Marcos, en la ciudad vecina de Dosquebradas. Ante esta situación, la Iglesia comenzó a movilizar donaciones para responder al desabastecimiento que empieza a presentarse en algunos sectores. La ayuda se articula además con Cáritas y con la respuesta gubernamental, que ya comenzó a recibir apoyo internacional.

Agua, alimentos y un lugar para pasar la noche

En esta primera etapa de la emergencia, las necesidades más urgentes son elementos básicos para quienes no pueden regresar a sus viviendas: colchones, frazadas, tiendas de campaña, agua y alimentos no perecederos.

Muchos no podrán entrar a sus casas”, explicó monseñor Cardona. Algunas personas incluso han asumido riesgos para recuperar pertenencias de sus apartamentos, aunque las estructuras continúan representando un peligro.

La segunda etapa será mucho más compleja: la reconstrucción de viviendas, espacios comunitarios y también de las estructuras de la Iglesia. “Dios proveerá para esta segunda fase de reconstruir la ciudad y con ella reconstruir también nuestras iglesias”, señaló.

Voluntarios llevan a cabo operaciones de búsqueda en edificios destruidos por el terremoto, en Pereira (Colombia)

El obispo también perdió su vivienda

La cercanía del obispo con las víctimas no es solamente pastoral. Monseñor Cardona Ramírez contó que, al igual que muchos habitantes de Pereira, tuvo que abandonar el lugar donde vivía porque también resultó completamente averiado.

Durante la primera mañana después del terremoto permaneció junto a sacerdotes y habitantes en el parque Bolívar, convertido temporalmente en un lugar seguro. Allí acompañaron a personas enfermas y ayudaron a tranquilizar a quienes se encontraban atemorizados. “Estuvimos con ellos también consolando, tranquilizando, serenando a muchas personas”, compartió.

Durante los días posteriores recorrió las calles de Pereira, visitó a las comunidades y acompañó a sacerdotes cuyas parroquias también resultaron destruidas. “Que estamos allí, que no nos vamos a ir, que estamos con ellos, que nos quedamos con ellos, que somos parte de ellos”, expresó al describir el mensaje que la Iglesia quiere transmitir a las comunidades afectadas.

La resiliencia como fuerza para levantarse

En medio de la destrucción, el obispo puso el acento en una característica que, a su juicio, distingue a la población de esta región: su resiliencia y su capacidad de mantener la esperanza aun en medio del dolor.

Esta es una tierra de personas muy resilientes, de personas muy llenas de esperanza cristiana y por eso creemos que saldremos adelante con la ayuda de Dios y con la pujanza de esta gente de Risaralda”, dijo.

Para Mons. Cardona Ramírez, esa fortaleza será fundamental no solamente para levantar nuevamente las estructuras físicas, sino también para afrontar las heridas que deja una tragedia de estas dimensiones.

Jornada de oración por Colombia

En este contexto, el obispo invitó a participar el domingo 16 de agosto en una Jornada de Oración por Colombia y por las víctimas del terremoto, promovida por la Conferencia Episcopal de Colombia.

La convocatoria tiene el objetivo de unir a las comunidades católicas de todo el país en oración por quienes sufren las consecuencias del desastre, no solamente en el Eje Cafetero, sino también en regiones como el Valle del Cauca y Chocó.

Se ha invitado para que todos nos hagamos primero conscientes de la necesidad de tantos hermanos”, explicó. La jornada pretende recordar que la emergencia no se limita a una sola ciudad: “En todos los rincones de Colombia en este momento puede haber una persona sufriendo y por ellos y con ellos nos unimos para que nadie se sienta solo”.

La Conferencia Episcopal también coordina la respuesta solidaria a través de Cáritas Nacional, articulando una primera etapa centrada en la oración y posteriormente las ayudas materiales necesarias para la recuperación.

"Mantener la fe y la esperanza"

Al finalizar la entrevista, monseñor Cardona Ramírez dirigió un mensaje a su diócesis y a todos los colombianos afectados por el terremoto. Recordó que Pereira ya ha enfrentado otros momentos difíciles provocados por fenómenos sísmicos y que la experiencia de esas tragedias también ha dejado una certeza: la comunidad puede levantarse cuando permanece unida.

“La gente sabe que Dios no nos deja solos y que la solidaridad de Colombia y del mundo tampoco nos deja solos”, sostuvo.

Invitó a no ceder ante la desesperanza: “Los invito a mantener la fe y la esperanza. Eso es lo que ha hecho grande a este pueblo, a esta Iglesia de Pereira y seguirá siendo nuestra característica principal”.

Y concluyó con una invitación que resume el desafío de los próximos días: “No nos desesperamos, estamos llenos de fuerza, de fortaleza del Señor”, porque esa fortaleza, dijo, será “definitiva para la reconstrucción de nuestro pueblo y para sanar las heridas espirituales, psíquicas que todo esto puede ir dejando”.

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