Fieles greco-católicos melquitas en México: una comunidad floreciente pese al abandono de la jerarquía eclesiástica durante más de 38 años

A pesar de todas estas dificultades, la Eparquía de Nuestra Señora del Paraíso de los Greco-Melkitas de la Ciudad de México y de toda la República Mexicana continúa existiendo y creciendo en la Catedral de Porta Coeli

Iglesia greco-melkita de México
Iglesia greco-melkita de México
Mtro. Christian C. Hernández Rosado, T.Carm
16 jun 2026 - 19:51

En espíritu sinodal, y como fruto de la reflexión y experiencia por parte del laicado de la Eparquía Greco-Melkita de Nuestra Señora del Paraíso en la Ciudad de México, presentamos esta nota con el deseo de dar a conocer la realidad que vive nuestra comunidad en la República Mexicana.

El pasado 11 de junio del presente año, los ojos del mundo entero se posaron sobre México con motivo del inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026. El presente artículo tiene como finalidad aprovechar la atención mediática hacia nuestro país para mostrar la realidad eclesial de los católicos de rito bizantino y tradición greco-melkita en la República Mexicana.

Iglesia greco-melquita de México
Iglesia greco-melquita de México

Actualmente, esta comunidad se encuentra limitada a la Catedral Greco-Melkita de Nuestra Señora de Porta Coeli, ubicada en la avenida Venustiano Carranza núm. 107, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Durante el periodo virreinal, esta ciudad fue considerada la “Roma del Nuevo Mundo” por la gran cantidad de iglesias, conventos, monasterios y oratorios que albergaba, además de poseer el santuario mariano más visitado del mundo: la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.

Un poco de historia…

La presencia de las Iglesias orientales —tanto católicas como ortodoxas— en nuestro país es fruto de la migración de cristianos provenientes de Medio Oriente hacia la República Mexicana durante los siglos XIX y XX. Millones de libaneses, sirios, egipcios y migrantes de otras regiones del Cercano Oriente emprendieron el viaje al continente americano en busca de mejores oportunidades de vida y trabajo, dejando atrás un decadente Imperio otomano que, en sus últimos años, persiguió brutalmente a los cristianos.

Ejemplo de ello fueron los genocidios armenio, asirio y griego, que diezmaron gran parte de la población cristiana de Asia Menor y Medio Oriente. Muchos de los migrantes que llegaron a nuestro país eran cristianos pertenecientes a la Iglesia Maronita, a la Iglesia Greco-Ortodoxa y a la Iglesia Greco-Melkita Católica.

Ahora bien, conviene matizar, para beneficio del lector, el complejo mapa de nombres de las Iglesias orientales y ortodoxas. Las Iglesias orientales católicas con presencia oficial en la República Mexicana son la Iglesia Maronita, bajo la Eparquía de Nuestra Señora de los Mártires del Líbano, y la Iglesia Greco-Católica Melkita, bajo la Eparquía de Nuestra Señora del Paraíso de los Greco-Melkitas en la Ciudad de México y toda la República Mexicana. Ambas eparquías son católicas, poseen patriarca propio y están en plena comunión con el Papa de Roma.

En México también existen comunidades ortodoxas que no están en comunión con Roma, como el Sacro Arzobispado Ortodoxo Griego de México (Patriarcado Ecuménico), la Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena de México, Venezuela y el Caribe (Patriarcado Greco-Ortodoxo Antioqueno) y la diócesis de México de la Orthodox Church in America.

Iglesia greco-melquita
Iglesia greco-melquita

Nacimiento de una eparquía (diócesis)

Habiendo explicado el mosaico de Iglesias orientales en México, podemos proseguir con la historia de la comunidad greco-melkita. Los primeros greco-melkitas de los que se tiene noticia en México llegaron a principios del siglo XX. Existe constancia de que solicitaron al Romano Pontífice de aquel momento, Pío XII, los permisos necesarios para contar con iglesia propia y un sacerdote de su rito que atendiera sus necesidades pastorales en su nueva vida en la República Mexicana.

La petición fue atendida no solo por la Santa Sede, que gestionó la llegada de clero melkita para esa diáspora, sino también por la propia Arquidiócesis Primada de México, que cedió un templo a la comunidad greco-melkita residente en la zona comercial del Centro Histórico cercana al Mercado de La Merced. El templo cedido fue el antiguo templo dominico de Nuestra Señora de Porta Coeli, ubicado en la avenida Venustiano Carranza núm. 107.

El citado templo había sido recientemente recuperado para el culto divino, pues durante algún tiempo fungió como oficina gubernamental e incluso como archivo nacional, después de haber sido confiscado durante las Leyes de Reforma bajo la presidencia de Benito Juárez.

Porta Coeli no es un templo cualquiera. Es sede de una de las devociones más populares del Centro Histórico de la Ciudad de México: el Señor del Veneno, un Cristo que, según la tradición, se volvió negro milagrosamente para salvar a un devoto de un intento de envenenamiento.

La comunidad greco-melkita, integrada principalmente por fieles de origen libanés, sirio y egipcio, se consolidó en Porta Coeli desde los años cincuenta. Finalmente, el 27 de febrero de 1988, san Juan Pablo II, con la aprobación del Patriarca Greco-Melkita y de su Santo Sínodo, elevó dicha comunidad al rango de eparquía para el servicio de los fieles católicos de rito bizantino y tradición melkita, nombrando como primer obispo de esta sede a Mons. Boutros Pierre Raï, B.A., quien falleció en 1994.

Decadencia y presencia al borde de la extinción

Tras el fallecimiento del primer y único obispo titular de la Eparquía Greco-Melkita de México, la comunidad comenzó un lento proceso de decadencia. Los administradores apostólicos nombrados por la Santa Sede o por el Patriarcado Greco-Melkita, en lugar de potenciar el desarrollo de la naciente Iglesia particular mediante la promoción vocacional, la formación de clero nativo y la fundación de nuevas parroquias, se limitaron a una pastoral de mantenimiento.

Iglesia greco-melquita de México
Iglesia greco-melquita de México

Muchas familias melkitas, que habían prosperado económicamente gracias a sus negocios en las inmediaciones de la catedral melkita, abandonaron el Centro Histórico y se trasladaron a otras zonas de la ciudad. Con ello dejaron atrás su catedral y su vida comunitaria. Fruto de aquellas fortunas permanece el inmenso legado artístico de Porta Coeli, cuyos mosaicos bizantinos la convierten en la joya oriental de las iglesias del Centro Histórico.

Según miembros veteranos de la comunidad, la eparquía llegó a recibir importantes donaciones de familias libanesas adineradas; sin embargo, con el paso de las administraciones, dichos bienes se fueron perdiendo. Incluso existió la donación de un terreno destinado a la creación de un seminario greco-melkita en México, propiedad que se perdió en circunstancias poco claras.

Muchos descendientes de aquellos melkitas terminaron integrándose en parroquias latinas, pues ya no les resultaba práctico desplazarse hasta el Centro Histórico para participar en la Divina Liturgia. De esta forma, se fue diluyendo la identidad y el patrimonio espiritual de una comunidad oriental católica que pudo haber aportado enormemente a la Iglesia en México. Otros fieles optaron por integrarse a la Iglesia Maronita o incluso pasar a la Ortodoxia.

La Catedral de Porta Coeli cayó en un prolongado letargo pastoral y litúrgico. Durante décadas se celebraron más típikas (liturgias de la Palabra) que Divinas Liturgias debido a la falta de sacerdotes melkitas. Los archimandritas responsables de la administración no supieron desarrollar el proyecto de la eparquía, llevando a esta Iglesia católica sui iuris al borde de la extinción en México.

Lo que mantuvo viva parcialmente a la comunidad fue la devoción al Señor del Veneno y el culto a la Virgen del Perpetuo Socorro.

Renacimiento de una comunidad casi extinta

El 16 de enero de 2015, el Papa Francisco nombró a S.E. Mons. Nicholas James Samra, obispo de Newton de los Greco-Melkitas (Estados Unidos), administrador apostólico sede vacante ad nutum Sanctae Sedis.

Con la llegada de Mons. Samra, la comunidad comenzó a salir del estancamiento. Nombró como párroco al P. Alfonso Serna Ornelas, a quien encomendó reorganizar la administración de la eparquía. A lo largo de los años, el P. Alfonso reorganizó la vida pastoral, recuperó el mantenimiento del templo y dio estabilidad a la comunidad.

Iglkesia greco-melquita de México
Iglkesia greco-melquita de México

Asimismo, Mons. Samra ordenó diácono y posteriormente sacerdote al P. Agustín Martínez, quien había pasado varios años en formación esperando la imposición de manos de algun eparca. El caso del P. Agustín es particularmente significativo: es el primer sacerdote greco-melkita nativo de México y pertenece además al pueblo otomí.

Gracias al trabajo de ambos sacerdotes, la comunidad comenzó a recuperar vida. De ser una comunidad donde apenas asistían tres personas a la Divina Liturgia, comenzó a crecer paulatinamente con la llegada de jóvenes, familias y niños.

Conviene enfatizar que gran parte de esta nueva feligresía está compuesta por fieles de rito latino atraídos por la espiritualidad y la liturgia bizantina. Muchos han encontrado en la Iglesia Greco-Melkita la posibilidad de vivir plenamente el Oriente cristiano sin abandonar la comunión con la Iglesia católica.

Este fenómeno resulta particularmente interesante porque la comunidad se ha convertido en un espacio para vivir la tradición bizantina sin caer en la tentación de abandonar la comunión con Roma para ingresar en la Ortodoxia. Algunos fieles incluso regresaron a la Iglesia Católica después de haber pasado años en comunidades ortodoxas, encontrando en la Iglesia Melkita un espacio cercano a la experiencia espiritual que buscaban.

Bajo la administración de Mons. Samra comenzaron a integrarse jóvenes al coro y al servicio litúrgico. Con el tiempo se incorporaron monaguillos, niños provenientes de la catequesis y jóvenes, un subdiácono bizantino y un acólito instituido (latino). Hoy la mayoría de los jóvenes de la comunidad son universitarios o jóvenes profesionales, varios de ellos con estudios de posgrado, incluso con formación teológica.

Fin de la administración de Mons. Samra: la comunidad entra en un limbo jurídico

El 20 de diciembre de 2019, el Papa Francisco nombró como nuevo administrador apostólico a Mons. Joseph Khawam, B.A., exarca apostólico de los Greco-Melkitas de Venezuela y administrador apostólico sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis de la Eparquía Greco-Melkita de Nuestra Señora del Paraíso de la Ciudad de México.

Sin embargo, la comunidad lleva ya seis años esperando que el administrador apostólico llegue a México para tomar posesión efectiva de la sede y continuar la labor iniciada por Mons. Samra.

Debe reconocerse que Mons. Khawam intentó ingresar al país en abril de 2024, pero debido a un malentendido con las autoridades migratorias mexicanas se le negó la entrada. Posteriormente, el incidente fue aclarado y el gobierno mexicano emitió disculpas formales, además de reiterar la invitación al prelado para visitar el país. No obstante, desde entonces la comunidad desconoce las razones por las cuales Mons. Khawam no ha asumido presencialmente la atención de la eparquía.

iglesia Porta Coeli de México
iglesia Porta Coeli de México

A pesar de la ausencia prolongada de un obispo y de la desaparición paulatina de las familias fundadoras, la comunidad parroquial de Porta Coeli continúa creciendo. Cada vez llegan más jóvenes, matrimonios y niños a la catequesis. Incluso la comunidad cuenta entre sus jóvenes con un iconógrafo cuyos trabajos han llegado a manos de obispos y del propio Papa León XIV.

No obstante, la eparquía permanece congelada institucionalmente, incapaz de crecer plenamente como Iglesia particular naciente debido a la ausencia de un ordinario presente. 

¿Qué retos afronta la comunidad?

El primer gran reto consiste en recuperar a las familias de ascendencia libanesa, siria y egipcia que alguna vez pertenecieron a la comunidad greco-melkita, pero que terminaron latinizándose o pasando a la Ortodoxia por falta de atención pastoral.

Algunas de estas familias han manifestado interés en regresar a su Iglesia si existieran nuevas comunidades fuera del Centro Histórico, particularmente en el sur de la Ciudad de México. Sin embargo, la apertura de nuevas parroquias depende de la presencia efectiva de un administrador apostólico.

También existen solicitudes para establecer comunidades en ciudades como Guadalajara, Monterrey, Guanajuato y algunas localidades de Yucatán, hechas por descendientes de familias greco melkitas. El problema es que, sin un ordinario presente, no es posible reclutar clero, admitir nuevas vocaciones ni erigir nuevas parroquias.

Otro elemento de preocupación para la comunidad es la situación del P. Alfonso Serna Ornelas, quien pertenece a la Eparquía de Newton y actualmente sirve en México en calidad de préstamo. Su permanencia depende de la buena voluntad del actual eparca de Newton, Mons. François Beyrouti. La eventual salida del P. Alfonso supondría un golpe severo para una comunidad que ha encontrado en él uno de sus principales pilares de estabilidad.

A nivel eclesial, la comunidad enfrenta además un profundo desconocimiento sobre las Iglesias orientales católicas. Con frecuencia, miembros del clero latino consideran erróneamente que la Iglesia Melkita es una Iglesia ortodoxa más, ignorando siglos de comunión entre el Patriarcado Greco-Melkita de Antioquía y la Santa Sede.

Incluso han ocurrido casos en los que sacerdotes latinos han puesto en duda la validez de los sacramentos impartidos en la comunidad melkita. Persiste en el clero mexicano todavía la idea de que “ser católico” equivale necesariamente a pertenecer al rito romano.

Una Iglesia que persevera

A pesar de todas estas dificultades, la Eparquía de Nuestra Señora del Paraíso de los Greco-Melkitas de la Ciudad de México y de toda la República Mexicana continúa existiendo y creciendo en la Catedral de Porta Coeli.

Domingo tras domingo siguen llegando jóvenes y matrimonios atraídos por la magnificencia de la Divina Liturgia de san Juan Crisóstomo, por la belleza de los mosaicos e íconos que adornan el templo y por la cercanía pastoral del P. Alfonso y del P. Agustín.

Porta Coeli
Porta Coeli

En un plano más amplio, la realidad de las Iglesias orientales católicas en América Latina sigue siendo poco conocida y escasamente comprendida. Nuestras comunidades son fruto de la migración y muchas veces no han recibido la atención necesaria, lo que ha obligado a numerosos fieles a diluir su identidad oriental o a integrarse en Iglesias ortodoxas.

La Iglesia Católica en América Latina debe recordar que la presencia de las Iglesias Orientales Católicas enriquece la catolicidad del continente y permite, como decía san Juan Pablo II, que la Iglesia respire “con sus dos pulmones”: Oriente y Occidente.

Ojalá que nuestra presencia en tierras americanas pueda resonar con mayor fuerza y obtener un espacio real en la vida eclesial latinoamericana, particularmente en organismos como el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Así, nuestras comunidades podrán aportar activamente a la vida de la Iglesia en este continente de esperanza, como lo llamó san Juan Pablo II en Ecclesia in America.

Que la Santísima Madre de Dios de Guadalupe nos alcance del Señor la gracia de que nuestras comunidades puedan arraigarse en tierras americanas y convertirse en testigos creíbles del rico patrimonio espiritual y litúrgico que conservamos para bien y enriquecimiento de la Iglesia universal, sobretodo nos conceda un pastor presente ante las necesidades pastorales que posee nuestra comunidad. .

 

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