Fray Augusto Ramírez Monasterio, ofm, “Mártir de la Caridad”, asesinado por defender la vida de los empobrecidos en Guatemala

Memoria histórica de la persecución contra la Iglesia católica durante el conflicto armado guatemalteco

Siervo de Dios Fray Augusto Ramírez Monasterio, ofm
Siervo de Dios Fray Augusto Ramírez Monasterio, ofm
Víctor M. Ruano P. Pbro. Diócesis de Jutiapa, Guatemala 15 de junio 2026
17 jun 2026 - 21:02

La tarde del 7 de noviembre de 1983, Guatemala perdió a uno de sus hijos tan comprometido con el Evangelio y con la defensa de la dignidad humana, como los otros 14 beatos mártires del Conflicto Armado Interno: Fray Augusto Ramírez Monasterio. ofm, que fue secuestrado, torturado y ejecutado en circunstancias que reflejan con claridad el clima de terror que dominaba al país durante los años más violentos vividos bajo los nefastos regímenes militares y sanguinarios de la época.

Su asesinato no fue un hecho aislado. Tampoco puede entenderse como el resultado de la delincuencia común o de un enfrentamiento fortuito. Fue la culminación de una cadena de acontecimientos que se desarrolló en medio de una estrategia sistemática de persecución contra quienes, desde la Iglesia, acompañaban a los más pobres, defendían la vida y denunciaban las injusticias del sistema imperante.

Un país gobernado por el miedo

A finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, Guatemala vivía una de las etapas más sangrientas de su historia. Los gobiernos militares de Romeo Lucas García, Efraín Ríos Montt y posteriormente Óscar Humberto Mejía Víctores impulsaron una política contrainsurgente que convirtió amplias regiones del país en escenarios de represión, desapariciones forzadas, torturas, ejecuciones extrajudiciales y aldeas arrasadas.

Las fuerzas de seguridad del Estado, Ejército y fuerzas policiales actuaban bajo la lógica del terror y de que cualquier persona vinculada a movimientos sociales, organizaciones populares o iniciativas pastorales podía ser considerada colaboradora de la insurgencia. La sospecha sustituyó al derecho y la violencia se convirtió en método de gobierno para implantar el miedo y la angustia entre los pueblos.

En ese contexto fueron asesinados dirigentes estudiantiles, líderes campesinos, sindicalistas, catequistas, religiosas y sacerdotes, hasta llegar al asesinato de Mons. Juan Gerardi, 1998. La Iglesia católica, especialmente aquella inspirada por el Concilio Vaticano II y las Conferencias de Medellín, 1968, y Puebla, 1979, fue vista con creciente hostilidad por sectores del poder político, la élite económica y el estamento militar.

Las fuerzas de seguridad del Estado, Ejército y Policía actuaban bajo la lógica del terror
Las fuerzas de seguridad del Estado, Ejército y Policía actuaban bajo la lógica del terror

La Iglesia bajo persecución

La década de los ochenta estuvo marcada por una ofensiva contra agentes pastorales en todo el país. Sacerdotes, religiosos y catequistas fueron secuestrados, desaparecidos o asesinados. Las denuncias de los obispos sobre violaciones a los Derechos Humanos provocaron tensiones cada vez mayores con el Estado, el Ejército y el sector económico más pudiente.

La Conferencia Episcopal de Guatemala denunció públicamente la persecución contra la Iglesia, las organizaciones sociales y sus liderazgos, como consta en la colección de documentos de 1956 hasta 1997 bajo el título “Al servicio de la Vida, la Justicia y la Paz”.

Las diócesis más comprometidas con las comunidades indígenas y campesinas fueron objeto de vigilancia, amenazas y agresiones. En ese ambiente, ejercer el ministerio sacerdotal en favor de los más vulnerables suponía un riesgo real para la propia vida.

Fray Augusto desarrollaba su labor pastoral desde el convento de San Francisco El Grande, en Antigua Guatemala. Era reconocido por su cercanía a la juventud, su compromiso con los pobres y su profunda sensibilidad humana, defendían la vida y denunciaban las injusticias. Con él sumaban ya 13 sacerdotes asesinados en Guatemala.

La Conferencia Episcopal de Guatemala denunció públicamente la persecución contra la Iglesia, las organizaciones sociales y sus liderazgos.
La Conferencia Episcopal de Guatemala denunció públicamente la persecución contra la Iglesia, las organizaciones sociales y sus liderazgos.

El hecho que marcó su destino

El 01 de junio de 1983 ocurrió un acontecimiento decisivo. Tras la promulgación de una amnistía por parte del gobierno de facto de Efraín Ríos Montt, un campesino vinculado a la insurgencia acudió a fray Augusto para solicitar ayuda y acogerse legalmente a dicho beneficio.

El sacerdote aceptó acompañarlo. Su intención era sencilla y profundamente evangélica: proteger una vida humana y garantizar que el procedimiento se realizara conforme a la ley. Sin embargo, cuando intentaban obtener la documentación necesaria en Parramos, Sacatepéquez, fueron detenidos por las fuerzas de seguridad. El campesino fue señalado como insurgente y fray Augusto fue arrestado junto con dos jóvenes que lo acompañaban.

Todos fueron trasladados a dependencias policiales y posteriormente a instalaciones militares en Chimaltenango. Los testimonios indican que el sacerdote fue interrogado, maltratado y torturado al extremo.  Estuvo esposado y colgado desde la tarde a la media noche que lo sentaron con las manos atadas hacia atrás. El día 02 finalmente fue liberado, pero a partir de ese momento comenzó un período de constantes amenazas telefónicas e intimidaciones constantes, seguimiento en vehículos, informantes que escuchaban y grababan sus homilías.

Le advirtieron que abandonara el país. Vigilaron sus movimientos. Lo colocaron bajo sospecha por haber intentado salvar la vida de un hombre considerado enemigo del Estado. En los hechos, su sentencia de muerte parecía haber sido dictada desde entonces.

Mural en la cripta Sur del Santuario de San Francisco El Grande. En sus manos  se ven aún los dedos morados de la tortura a la que fue sometido.
Mural en la cripta Sur del Santuario de San Francisco El Grande. En sus manos se ven aún los dedos morados de la tortura a la que fue sometido.

La detención

La tarde del 7 de noviembre de 1983, fray Augusto salió de la casa de unos familiares en la ciudad de Guatemala. Nunca regresó. Horas después comenzó a circular una versión difundida por medios informativos según la cual se había producido un enfrentamiento armado entre fuerzas de seguridad y un supuesto comando guerrillero.  

La historia oficial presentaba múltiples inconsistencias. Testigos afirmaron haber visto a un hombre descalzo, con las manos atadas, huyendo de una patrulla policial. Según estas versiones, el hombre fue perseguido y abatido a tiros por sus captores. Posteriormente se impidió que las personas se acercaran al cadáver.

Al día siguiente, familiares y amigos iniciaron una búsqueda desesperada por hospitales, estaciones de bomberos y morgues. Finalmente, el cuerpo fue localizado en la morgue de La Verbena, registrado como XX, sin identificación alguna.

Será beatificado el 7 de noviembre, en Milpas Altas, Antigua Guatemala
Será beatificado el 7 de noviembre, en Milpas Altas, Antigua Guatemala

La ejecución

El cadáver de fray Augusto mostraba evidencias inequívocas de tortura y ejecución. Presentaba múltiples golpes, erosiones, señales de maltrato con tizones ardientes heridas en muñecas y tobillos compatibles con alambre de amarre; finalmente mostraba  nueve impactos de bala en la espalda y el abdomen, así como un disparo final en la yugular del lado izquierdo. Causándole la muerte inmediata por desangramiento.

Su vehículo apareció abandonado en Ciudad San Cristóbal, en la periferia de la Ciudad. El automóvil estaba perforado por disparos. En su interior se encontraron lazos manchados de sangre y sus pertenencias personales, entre ellas sus anteojos.

Las características del crimen, el intento de ocultar la identidad de la víctima, la difusión inmediata de una versión oficial contradictoria y el contexto general de represión apuntan a una operación realizada por estructuras de seguridad del Estado o grupos vinculados a ellas.

A raíz de la exhumación de sus restos en el año 2005, para el reconocimiento canónico, las autoridades de Antropología Forense de Guatemala indicaron que había sido torturado “ante mortem” reflejado en las costillas rotas y golpes en los pómulos de la cara.

Mientras corría descalzo pidiendo auxilio fue acribillado por la espalda
Mientras corría descalzo pidiendo auxilio fue acribillado por la espalda

¿Quiénes fueron los responsables?

Aunque nunca existió una investigación efectiva ni una condena judicial, los indicios recogidos por testimonios, familiares, miembros de la Iglesia y observadores de la época señalan hacia aparatos de seguridad estatales que operaban dentro de la estrategia contrainsurgente. En el caso de Fray Augusto fue el Batallón de Reacción de Operaciones Especiales (BROE), un batallón que actuaba en coordinación con la temible G 2.

La G2, Dirección de Inteligencia Militar) y el BROE operaban como un aparato represivo conjunto en Guatemala durante el conflicto armado interno (1960-1996). La G2 dirigía las estrategias de inteligencia, mientras que el BROE ejecutaba detenciones y desapariciones en la capital. La relación operativa de estas fuerzas de seguridad se estructuraba de la siguiente manera:

  • La G2 era el órgano del Ejército que controlaba el sistema de inteligencia del Estado, fichaba a líderes sociales, estudiantiles y opositores, y giraba órdenes de captura extrajudicial. El BROE creado en 1978 y estructurado fuertemente en 1982, fue una unidad contrainsurgente de la Policía Nacional. El BROE servía como el brazo operativo táctico de la G2 en las zonas urbanas, realizando secuestros y patrullajes encubiertos.
  • Coordinación Criminal: La G2 elaboraba las listas y proporcionaba la información de inteligencia, mientras el BROE ejecutaba las operaciones de captura de personas que luego eran desaparecidas.
  • Casos Judiciales: Esta articulación represiva quedó evidenciada en documentos desclasificados del Archivo Histórico de la Policía Nacional y en el llamado Diario Militar, un registro secreto de 195 víctimas por el cual varios exoficiales de la G2 y el exjefe del BROE han sido procesados por la justicia guatemalteca

La forma de actuar coincide con los patrones utilizados durante aquellos años: secuestro, interrogatorio, tortura, ejecución extrajudicial, manipulación de la escena del crimen y construcción de una versión oficial destinada a encubrir los hechos.

Más que un asesinato individual, se trató de un crimen político cometido en el contexto de la persecución contra una Iglesia que denunciaba la violencia institucionalizada y defendía a las víctimas.

¿Por qué lo mataron?

Fray Augusto no empuñó armas ni participó en acciones políticas partidistas. Su "delito" fue asumir las consecuencias del Evangelio. Lo mataron porque decidió proteger a una persona perseguida. Lo mataron porque creyó que la ley debía respetarse incluso para quienes eran considerados enemigos.

Lo mataron porque representaba una Iglesia cercana a los pobres y comprometida con la defensa de la vida. Lo mataron porque se negó a abandonar Guatemala a pesar de las amenazas. Su muerte fue un mensaje dirigido a toda la Iglesia: quien se pusiera del lado de los perseguidos podía convertirse también en perseguido.

Fray Augusto Ramírez Monasterio, ofm, “Mártir de la Caridad”, asesinado por defender la vida de los empobrecidos en Guatemala
Sus restos fueron velados en el templo San Francisco el Grande, Antigua Guatemala
Sus restos fueron velados en el templo San Francisco el Grande, Antigua Guatemala

El legado

El funeral de fray Augusto reunió a cientos de sacerdotes, religiosos y fieles. Fue una de las mayores manifestaciones de solidaridad eclesial de aquellos años.

Con el paso del tiempo, la Iglesia de Guatemala lo incluyó entre los testigos de la fe propuestos para una eventual causa martirial, la cual, gracias a Dios ha llegado. Se realizará el 7 de noviembre 2026, en Milpas Altas, Antigua Guatemala. Su nombre quedó unido al de tantos catequistas, religiosos y sacerdotes que entregaron su vida durante los años del conflicto armado.

Hoy, más de cuatro décadas después, su asesinato continúa siendo una herida abierta para la Iglesia y para Guatemala. Pero también permanece como un testimonio luminoso de fidelidad al Evangelio, de amor a los pobres y de valentía frente a la injusticia.

La sangre de fray Augusto no fue solamente la de una víctima de la violencia política. Fue la sangre de un pastor que decidió permanecer junto a su pueblo cuando hacerlo significaba poner en riesgo la propia vida y defender el secreto de Confesión. Será reconocido como “El Mártir de la Caridad”.

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