En Guatemala: Diócesis de Jutiapa llama a escuchar el clamor de los pueblos y convertir la esperanza en acción
Al cumplir diez años como Iglesia particular, el obispo y el presbiterio plantean una mirada crítica sobre la pobreza, el deterioro ambiental, la migración, la violencia, la corrupción y la crisis institucional de Guatemala.
La Diócesis de Jutiapa llega a sus primeros diez años con una convicción que va más allá de la celebración: la Iglesia está llamada a escuchar el clamor de las comunidades, discernir la realidad desde el Evangelio y actuar junto a quienes enfrentan pobreza, exclusión, violencia y falta de oportunidades.
Así lo expresa el mensaje a las comunidades parroquiales del obispo Antonio Calderón Cruz y del presbiterio diocesano, titulado “Escuchar, discernir y actuar: Cristo es nuestra esperanza”, elaborado al concluir sus Ejercicios Espirituales con el acompañamiento de Mons. Guido Charboneau, obispo emérito de Choluteca, Honduras.
El documento propone una Iglesia más cercana a la vida cotidiana de los pueblos y advierte que la fe no puede permanecer indiferente frente a las situaciones que amenazan la dignidad humana.
Texto del mensaje: “Escuchar, discernir y actuar: Cristo es nuestra esperanza”
Agua, tierra y energía: los clamores de las comunidades
Uno de los principales llamados del mensaje tiene que ver con las condiciones que enfrentan las comunidades del denominado Corredor Seco, golpeadas por la sequía y el aumento del costo de vida.
La Iglesia también recoge el clamor por el acceso al agua y sostiene que este recurso debe ser entendido como un bien común y no como privilegio de unos pocos.
El documento pone especial atención en los proyectos de generación de energía y cuestiona aquellas iniciativas que utilizan los recursos de los territorios sin una participación efectiva de las comunidades ni beneficios proporcionales para ellas.
La advertencia se extiende a las industrias extractivas y los monocultivos que, según el mensaje, deterioran los suelos y contaminan las fuentes de agua.
Para la Diócesis de Jutiapa, la tierra no puede reducirse a una mercancía: representa casa, cultura, memoria y futuro.
Una generación joven que no quiere quedarse sin futuro
El mensaje también pone rostro a uno de los desafíos más profundos del país: la falta de oportunidades para los jóvenes.
Muchos aspiran a estudiar, encontrar un empleo, formar una familia y construir un proyecto de vida, pero se encuentran con pocas posibilidades. La Iglesia advierte que si no escucha sus aspiraciones corre el riesgo de hablar de un futuro que ellos mismos ya no pueden imaginar.
La preocupación alcanza también a los migrantes. Detrás de cada persona que abandona su comunidad, señala el documento, existe un rostro, una historia y un sueño.
Por ello, la dignidad humana aparece como el criterio fundamental desde el cual la Iglesia quiere mirar estas realidades.
Contra la corrupción y la impunidad: “no podemos acostumbrarnos”
Uno de los aspectos más contundentes del mensaje aparece cuando aborda la realidad política e institucional del país.
La Diócesis de Jutiapa afirma que frente a la corrupción y la impunidad no es posible acostumbrarse, y que ante el deterioro de las instituciones tampoco se puede permanecer indiferente.
La Iglesia reivindica así la denuncia profética como una expresión de compromiso con Guatemala. Denunciar aquello que destruye la vida, señala el documento, no significa alimentar el odio, sino expresar amor por el país y deseo que este pueda vivir con dignidad, justicia y paz.
La posición adquiere especial relevancia ante la proximidad de las elecciones generales de 2027. El mensaje llama a ejercer una ciudadanía responsable, capaz de distinguir entre propuestas y propaganda, así como entre democracia auténtica y manipulación institucional.
La Diócesis, además, expresa su valoración por las personas que respaldaron mediante sus firmas una iniciativa de reforma constitucional, impulsada por la Asociación Civil Poder Ciudadano, relacionada con el ámbito de la justicia, que considera urgente e importante.
Video: Entrega de las firmas de los ciudadanos de Jutiapa para exigir reformas a la Constitución en el ámbito de la justicia.
Una Iglesia que no quiere quedarse en el templo
El mensaje plantea una consecuencia concreta de la experiencia espiritual vivida por el obispo y los sacerdotes: el discernimiento debe conducir a la acción.
Por eso, el presbiterio afirma que sus Ejercicios Espirituales no pueden quedarse encerrados en una experiencia personal de los sacerdotes, sino que deben convertirse en vida para las comunidades.
La propuesta es caminar junto al pueblo, compartir sus alegrías y sufrimientos, fortalecer las organizaciones comunitarias y acompañar especialmente a quienes padecen pobreza, violencia, migración o exclusión.
También propone dar a los jóvenes un lugar, una voz y una responsabilidad tanto en la Iglesia como en la sociedad, promoviendo comunidades con ciudadanía activa.
Hay aquí un llamado particularmente significativo: que nadie tenga que vender su dignidad, su voto o su libertad a cambio de una promesa pasajera.
La fe también se juega en el cuidado de la casa común
En el contexto del Tiempo de la Creación, la Diócesis renueva su compromiso con el agua, los bosques, los territorios y la casa común.
La migración constituye otro de los ámbitos prioritarios. Frente a ella, propone una Iglesia que acoge, protege, promueve e integra, en sintonía con una visión de la dignidad de toda persona.
El mensaje vincula estas preocupaciones con la Eucaristía: encontrarse con Cristo implica ser enviados nuevamente a la vida y comprometerse con la paz, la justicia y la esperanza.
“Nuestra última palabra no es la denuncia: es la esperanza”
A pesar de la dureza de las realidades descritas, el documento evita concluir desde el pesimismo.
La Diócesis afirma que no quiere hablar desde el miedo, sino desde una esperanza que no cierra los ojos ante las dificultades. Es una esperanza que mira la realidad de frente y descubre en ella las semillas del Reino de Dios.
Por eso, el mensaje sostiene que Guatemala no debe resignarse ante la pobreza, la violencia, la corrupción ni la impunidad.
La esperanza, en esta perspectiva, no es pasividad. Está en las comunidades que defienden el agua, en los jóvenes que perseveran en sus sueños y en quienes levantan la voz ante una injusticia.
Son, para la Iglesia de Jutiapa, signos concretos de que una sociedad diferente puede comenzar a germinar.
Una segunda década con una Iglesia más sinodal y profética
Al iniciar su segunda década, la Diócesis de Jutiapa plantea así un nuevo horizonte pastoral: escuchar más, discernir juntos y actuar con mayor decisión.
El mensaje concluye colocando este camino bajo la protección de María, mujer de la escucha y del camino; de san Francisco de Asís, como referente del cuidado de la casa común; y del Espíritu Santo, para tener la valentía de salir al encuentro de la vida.
La aspiración es clara: que la Iglesia diocesana sea cada vez más sinodal, misionera, profética y samaritana, capaz de transformar la esperanza en compromiso y en vida digna para todos.
En definitiva, los diez años de la Diócesis no son presentados solamente como una ocasión para mirar lo realizado. Son, sobre todo, una invitación a preguntarse qué significa ser Iglesia en medio de un pueblo que clama por justicia, oportunidades, seguridad, cuidado de sus territorios y esperanza.
La respuesta que propone el obispo y el presbiterio cabe en tres verbos: escuchar, discernir y actuar.
Y una certeza sostiene el camino: Cristo va con nosotros.