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Javier Jahncke: Busquemos "generar ingresos que no afecten a la naturaleza"

Coordinador de la Campaña de Desinversión en Minería de la Red Iglesias y Minería, denuncia el "crecimiento desmedido del extractivismo que está afectando a los territorios"

Javier Jahncke | ADN Celam

(ADN Celam).- Javier Jahncke es coordinador de la Campaña de Desinversión en Minería de la Red Iglesias y Minería. Peruano, tiene un papel destacado en la Plataforma por la Desinversión en Minería que impulsa la red de la que forma parte y que fue presentada en la sede del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), en Bogotá, el pasado mes de enero y en Roma el pasado 20 de marzo gracias al Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

Con el apoyo de más de 40 instituciones y redes internacionales, entre ellas por la alianza española Enlázate por la Justicia (Cáritas, Cedis, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y REDES), que la ha invitado, junto a la líder aymara Yolanda Flores, están dando a conocer el trabajo que llevan a cabo en favor de las comunidades de América Latina.

Pregunta.¿Cuál es hoy el principal desafío que enfrentan las comunidades afectadas por la minería en América Latina?

Respuesta. Estamos viviendo un momento crítico a nivel mundial del fin de una época. Esta época capitalista, en su etapa final se busca mantener con uñas y dientes. Y en ese sentido, uno de los grandes temas que está avanzando es la exacerbación extractivista a partir de cuatro grandes temas: el armamentismo y la guerra, las transiciones energéticas como falsas soluciones, las economías criminales que están generando lavado de sus ingresos económicos como el narcotráfico y la trata de personas vinculándose directamente con la actividad extractiva minera ilegal.

R. Es un momento crítico, donde también el tema de las falsas nuevas tecnologías vinculadas con la inteligencia artificial está generando una necesidad de más minerales. Todo eso conjuga exigencias de demanda en los territorios, de extracción, con una mayor presión en los territorios y esto afecta a las comunidades en América Latina. No solamente en América Latina, también África y Asia, especialmente en países en los cuales la geopolítica nos ha planteado como aporte de materia prima a los países industrializados y a la demanda de mantener un estatus de vida en el norte global.

P.Usted coordina una campaña que apuesta por la desinversión. ¿Qué significa eso en la práctica y qué resultados concretos se han conseguido hasta ahora?

R. Estamos iniciando una campaña de desinversión desde hace tres años, que ya ha tenido la conformación de una plataforma por la desinversión en minería. Lo que buscamos es generar conciencia en la necesidad de no dependencia de las actividades económicas extractivas mineras y empezar a buscar alternativas, porque eso está generando impactos en los territorios. En ese sentido, lo que estamos esperando es que haya acciones concretas de quienes se puedan sumar a esta plataforma de desinversión o no inversión en minería a partir de generación de información primero, que es un tema muy importante.

R. Que cuando tengamos nosotros acceso o queramos tener acceso a fondos de inversión o fondos que se incluyan en flujos financieros bancarios que puedan generar ingresos, tengamos información de dónde van o de dónde se originan estos recursos económicos para saber si no es que estaríamos nosotros aportando a actividades que afectan a los derechos humanos, a los derechos de los pueblos indígenas o la casa común. Eso es una primera cosa, la investigación para generar información y nosotros tenerla a mano es un primer tema importante para tomar decisiones.

R. Un segundo tema es poder contar con las instituciones, primero las instituciones que tienen origen de fe. Contar con códigos de conducta, códigos éticos que preestablezcan principios para generar inversiones, que sean éticas y responsables en la perspectiva también de no vincularse con la actividad minera que pueda estar afectando derechos. Ese es un segundo nivel, tomar decisiones a partir de códigos de ética y criterios éticos.

R. Un tercer nivel ya es propiamente el hecho de retirar las inversiones, desinvertir. Ante una actividad que está afectando derechos y afecta la vida de personas, a pueblos indígenas o a la casa común, al ambiente y el tema de la naturaleza, entonces poder tomar la decisión de dar un paso atrás en esos procesos y buscar alternativas. Por eso también estamos en el campo de buscar alternativas para dar otras opciones de inversiones que puedan generar ingresos, quizás no los mismos ni en el mismo nivel, que puedan generar ingresos que no afecten a los derechos ni a la naturaleza. Esos son los tres ámbitos en los cuales estamos impulsando los procesos para que se tomen decisiones adecuadas en ese sentido para no afectar a la casa común ni a la vida de las personas.

P.¿Qué papel deberían jugar las instituciones eclesiales en ese proceso de desinversión? ¿Existe una coherencia entre el mensaje social de la Iglesia y sus inversiones actuales?

R. No hay la práctica de solicitar información sobre cómo está la composición de los fondos de inversión. Normalmente nosotros abordamos las instituciones de inversión, abordamos intermediarios financieros en los cuales se solicita información respecto de cuáles son las posibilidades y cuáles son los fondos que más ingresos otorgan. Pero no necesariamente solicitamos información respecto de la composición de esos fondos de inversión, de dónde viene el dinero y a dónde va.

R. Es importante tener esa información, exigirla primero para tomar una buena decisión y participar, en todo caso, en espacios como se lo proponemos en la plataforma, donde nosotros, con los aliados que tenemos que generan investigación y academia, y que en la academia se pueda generar también esta información que pueda ser puesta a mano a estos espacios de instituciones de Iglesia y sociedad civil para que puedan tomar una decisión adecuada y no afectar a los derechos. Este es un tema necesario y primordial, que estemos también preparados y busquemos aliados para que puedan informarnos para tomar decisiones adecuadas.

P.¿Documentos como Laudato si han influido en ese trabajo y en la conciencia de las comunidades?

R. Es un proceso. De hecho, hay una influencia muy importante desde esa época, y ya son más de diez años. Laudato si ha generado esta lógica de «todo está conectado», un abrir los ojos a una perspectiva que nace justamente desde los pueblos. Laudato si nace de una preocupación por el cuidado que tienen las comunidades, y esa mirada que tienen las comunidades de entender que son parte de una sola casa común, de una sola creación, como plantea Laudato si cuando habla que todo está conectado.

R.Laudato si es parte de un proceso que recoge la experiencia de los pueblos, recoge esta mirada de los pueblos, y lo ha dicho el Papa Francisco, de ese cuidado de la naturaleza, esa convivencia entre el ser humano y los demás seres vivientes, entendiendo que somos una sola casa, y que no podemos afectar la vida de nuestra naturaleza, porque finalmente vamos a ser perjudicados nosotros mismos como seres humanos, entendiendo que todo lo que afecta a unos afecta a los otros. Por eso todo está conectado.

R. Esa lógica recoge esa mirada de los pueblos y nos hace ver la necesidad de seguir esa perspectiva de los pueblos, del cuidado de la naturaleza y del cuidado de la casa común, y tomar las medidas necesarias para evitar seguir afectándola, porque también a la larga nos afecta.

P.¿Qué decir a aquellos que afirman que la minería es necesaria para el desarrollo?

R. Lo primero es de qué hablamos cuando hablamos de desarrollo. Nuestros pueblos muchas veces cuestionan esa mirada de desarrollo desde la mirada de crecimiento, de siempre seguir creciendo. Y la pregunta es para quiénes va esa distribución de los ingresos. Siempre hay una pirámide invertida, donde el mayor ingreso va para la menor cantidad de personas y el menor ingreso para la mayor cantidad de personas. Hay una distribución inequitativa de los ingresos. En países como el mío, en nuestra América Latina, se habla del chorreo famoso, el principal tiene que estar lleno para que empiece a chorrear y percibir los demás.

R. Esa mirada ha logrado que se mantengan las diferencias y más bien lo que debemos buscar son alternativas que busquen mejora de calidad y de condiciones de vida. Yo prefiero no hablar del desarrollo, porque esa lógica desarrollista nos lleva al crecimiento y el uso desmedido de los bienes comunes, los bienes que son de todos. Prefiero no hablar de recursos y más bien hablar de la necesidad de nuevos modos y medios de vida, modos de vida que se rescaten desde los pueblos, desde ese cuidado de la casa común, ese cuidado de la naturaleza, ese vivir en la armonía y esa manera de recoger los saberes ancestrales de las comunidades, sus formas de vida. En esa lógica es posible tener alternativas económicas sostenibles que también generan un ingreso no igual que otras actividades extractivas que depredan, pero que a la larga puedan mantener la armonía con la casa común, las poblaciones y las comunidades.

P.¿Y cuáles serían esas alternativas?

R. Las alternativas necesitamos que nazcan desde la mirada de los pueblos a quienes muchas veces se les tilda como antidesarrollo. Son aquellas alternativas que, en la época de la pandemia, cuando estuvimos encerrados, nos mantuvieron: la agricultura familiar, la agricultura sostenible, las pequeñas agriculturas que en realidad son agroecología, que son las que mantienen nuestro día a día, que son centrales y que deben fortalecerse el mercado de comercio justo, que no impacta y brinda el ingreso adecuado a las poblaciones locales.

R. Son alternativas que tenemos frente a una imposición que viene desde afuera, que afecta a los territorios sin consulta, donde la participación de la población sea efectiva, las decisiones de los pueblos sean las que manden, Y no las decisiones que se imponen desde arriba, sin tener un criterio de responsabilidad con las poblaciones de escucharlas, sinodal desde la perspectiva de Iglesia, y que esas sean las que efectivamente, más allá de la rentabilidad, nos den sostenibilidad. Eso es lo que debe primar ante la situación de crisis diversas que vivimos hoy día, especialmente la del calentamiento global, en esta era de crecimiento desmedido del extractivismo que está afectando a los territorios.

P.Desde el Sur global, que sufre en gran medida o prácticamente la totalidad de las consecuencias de esa minería, ¿qué es lo que le diría al Norte global, de donde muchas veces proceden las empresas que provocan esas situaciones?

R. En esa lógica de pensar en el futuro, el Papa Francisco nos llamó en Laudato si a la sobriedad feliz. El tema de los cambios de los modos de vida, de la perspectiva de nuevas formas de vida frente al uso de los medios que tenemos, eso es central. Y en ese sentido, el tema del nivel de consumismo al cual hemos llegado debemos tener una revisión, debemos empezar a cambiar nuestras formas de vida y los niveles de consumo que tenemos.

R. Pero empezar a repensar el tema del decrecimiento también es un tema importante el cambio de los modos de vida. Eso es central, y eso es no solamente para el Norte global, también para las ciudades grandes en el Sur global. Los niveles de consumo son muy diversos y ahí necesitamos cambios, cambios para tomar decisiones que sean radicales en ese sentido.

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