Mario Paredes rinde homenaje al cardenal Pierre, el nuncio que tendió puentes entre Roma y los pueblos

Cardenal Pierre y Mario Paredes
Cardenal Pierre y Mario Paredes

El cardenal Christopher Pierre, nuncio apostólico y cardenal-pastor, encarna una forma de servicio que no se mide por los títulos, sino por la huella dejada en pueblos concretos, Iglesias heridas y comunidades esperanzadas. Su trayectoria diplomática y pastoral, trazada entre algunas de las periferias más frágiles del mundo y culminada en Estados Unidos, lo presenta como un hombre de Iglesia formado en la escuela de la realidad, cercano al pueblo y en profunda sintonía con el magisterio del papa Francisco.

En su discurso de homenaje, por la despedida de su cargo en USA, Mario Paredes subraya que la vida del cardenal Pierre no es la de un diplomático de despacho, sino la de un "pastor-diplomático formado en la escuela de la realidad", una escuela hecha de "pueblos concretos, de Iglesias heridas y esperanzadas a la vez".

Pierre y Paredes en la capilla de la nunciatura
Pierre y Paredes en la capilla de la nunciatura

Desde sus primeros destinos en nunciaturas como Nueva Zelanda, Mozambique, Zimbabue, Cuba o Brasil, Pierre aprendió una sabiduría que "supera cualquier libro o escuela". Es decir, la que nace del contacto directo con la pobreza, la religiosidad popular y una Iglesia que camina junto a su gente.

Paredes recuerda que sus misiones como nuncio en Haití, Uganda y México fueron una verdadera prueba de fidelidad y fortaleza, marcadas por contextos de violencia, desigualdad y crisis política. En todos esos lugares, explica, el hilo conductor fue siempre el mismo: "servir a una Iglesia llamada a acompañar procesos frágiles" y mantener cercano al pueblo "el mensaje y el aprecio del Santo Padre".

Esa acumulación de experiencias explica su modo de ejercer la nunciatura en Estados Unidos desde 2016, no como observador externo, sino como alguien capaz de leer esa Iglesia "desde una perspectiva verdaderamente universal".

El homenaje destaca de manera especial la atención del cardenal Pierre al mundo hispano y su apoyo decidido a la presencia de pastores latinos en el episcopado norteamericano, para que la Iglesia refleje "el rostro real de su pueblo".

Paredes subraya también su cercanía a asociaciones de fieles y comunidades consagradas, así como su papel como "verdadero aliado" de la Academia de Líderes Católicos, donde su participación en el Consejo Directivo ha dado visibilidad y peso a esta institución formativa.

Academia de Líderes
Academia de Líderes

Finalmente, Mario Paredes sitúa todo este itinerario bajo la luz de su profunda sintonía con el magisterio de Francisco, arraigada en Aparecida, en la opción preferencial por los pobres y en la convicción de que la Iglesia está llamada a ser "cercana, misericordiosa y comprometida con los más vulnerables".

Por eso, el cardenalato recibido en 2023 no es presentado como un premio, sino como "una llamada a la observancia del Evangelio", según Paredes, que concluyó su discurso agradeciendo su "liderazgo sereno", su capacidad de "tiernos puentes entre Roma y las iglesias locales" y su testimonio como "pastor con olor a oveja".

Discurso íntegro de Mario Paredes

Eminencia,

Queridos amigos, invitados, rectores, 

Miembros de la Academia de Líderes:

Hay trayectorias que se miden por cargos y destinos, y hay otras —más profundas— que se reconocen por la huella que dejan en las personas y en las Iglesias a las que se sirve. La del Cardenal Christopher Pierre pertenece, sin duda, a esta segunda categoría.

Su vida al servicio del pueblo de Dios y de la Santa Sede ha sido la de un pastor-diplomático formado en la escuela de la realidad. Una escuela exigente, hecha de pueblos concretos, de Iglesias heridas y esperanzadas a la vez, de contextos sociales complejos donde el Evangelio no puede proclamarse desde la distancia, sino desde la cercanía y la escucha.

Los inicios del Cardenal Pierre en el mundo diplomático marcaron de forma decisiva su sensibilidad pastoral. Su paso por las nunciaturas de Nueva Zelanda, Mozambique, Zimbabue, Cuba y Brasil, entre otros, le educaron en el contacto cotidiano con el pueblo creyente. Esta sabiduría supera cualquier libro o escuela; es la que proviene de la relación con la pobreza, con la religiosidad popular y con la Iglesia que camina junto a su gente. Su experiencia en estos primeros destinos se convirtió en la impronta duradera de su forma de ser y de entender su misión eclesial.

Desde 1995, su primer destino como Nuncio fue Haití, seguido de Uganda y México. ¡Qué destinos tan diversos, qué prueba de fidelidad y fortaleza para ejercer su labor pastoral y diplomática! Estos destinos, con distintos contextos, lenguas y culturas, le ayudaron a definir una voz propia y una forma de actuar. Mas en todos ellos hubo un mismo hilo conductor: servir a una Iglesia llamada a acompañar procesos frágiles; sostener comunidades golpeadas por la desigualdad, la violencia y la incertidumbre política; y mantener cercano al pueblo el mensaje y el aprecio del Santo Padre, como su representante.

Esa acumulación de experiencias —vividas siempre con discreción y profundidad— explica en gran medida el modo en que el Cardenal Pierre ha ejercido su misión en los Estados Unidos desde 2016. No como un observador externo, sino como alguien capaz de leer esta Iglesia desde una perspectiva verdaderamente universal, consciente de sus tensiones internas, pero también de su enorme potencial evangelizador.

Como Nuncio Apostólico, ha colaborado en uno de los servicios más delicados que existen en la vida de la Iglesia: ayudar al Santo Padre en el discernimiento de quienes son llamados al episcopado. Lo ha hecho con una mirada pastoral amplia, atenta a las realidades locales y profundamente respetuosa de la diversidad del pueblo de Dios.

En este punto merece una mención especial su constante atención al mundo hispano. Su comprensión del peso eclesial, cultural y espiritual de los católicos de origen latinoamericano en los Estados Unidos no ha sido circunstancial. Ha sido fruto de una biografía vivida en diálogo con estas comunidades. De ahí su apoyo decidido a la presencia de pastores hispanos en el colegio episcopal, como expresión de una Iglesia que debe reflejar el rostro real de su pueblo.

Este mismo espíritu se ha manifestado en su cercanía a asociaciones de fieles y comunidades consagradas, y en su apoyo a iniciativas de formación de liderazgo católico. La Academia de Líderes ha tenido el privilegio de contar con su acompañamiento y su participación como miembro del Consejo Directivo. Su compromiso con nuestra institución ha dado visibilidad y protagonismo a la Academia en las iglesias locales, elevando su significación en el mapa de instituciones religiosas y enriqueciendo nuestra misión formativa.

Su constante voluntad de servir a la causa de la formación de líderes católicos, así como su apertura para fortalecer la presencia y el valor de nuestra Academia en diversos contextos eclesiales, ha sido un don al que estamos profundamente agradecidos. El Cardenal Pierre no ha sido un simple colaborador; ha sido un verdadero aliado en la promoción de una formación de liderazgo que responde a los desafíos de nuestros tiempos.

Todo ello se comprende mejor a la luz de su profunda sintonía con el magisterio del Papa Francisco. Una sintonía que hunde sus raíces en Aparecida, en la opción preferencial por los pobres, en una teología que parte del pueblo creyente y en una convicción clara: la Iglesia está llamada a ser cercana, misericordiosa y comprometida con los más vulnerables. Esta cercanía y fidelidad al magisterio petrino del Papa Francisco le otorgó el honor, y la responsabilidad, del cardenalato en 2023 —no como un premio, sino como una llamada a la observancia del Evangelio y a acercar más a la Iglesia al mundo.

Eminencia, hoy no solo reconocemos una misión que concluye y se abre a una nueva etapa. Celebramos una forma de servir. Una manera de ejercer la autoridad como ministerio. Una vida entregada a tender puentes entre Roma y las iglesias locales, entre culturas diversas, entre el Evangelio y la historia concreta de los pueblos.

Reciba nuestro homenaje, nuestra gratitud y nuestra admiración. Gracias por su liderazgo sereno que nos sirve de ejemplo; por su mirada amplia; y por recordarnos que la universalidad de la Iglesia no se construye desde la distancia, sino desde la cercanía real y verdadera, al ser un pastor con olor a oveja.

En reconocimiento a su trayectoria, su servicio a la Iglesia universal y, de modo particular, a nuestra Academia de Líderes, tengo el honor de dar paso a unas palabras de nuestro expresidente, el distinguido Profesor Rocco Buttiglione, quien compartirá con nosotros algunas pinceladas del gran trabajo que el Cardenal Pierre representa y ha desarrollado a lo largo de su carrera y su vínculo con la Academia.

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