"Las mujeres están presentes allí donde la vida clama": Hermana María Inés Castellaro

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La secretaria general de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos (CLAR) reflexiona sobre el papel de las mujeres en la Iglesia de América Latina y el Caribe en el marco del Día Internacional de la Mujer: "Las mujeres sostienen la vida de la Iglesia”

Hermana María Inés Castellaro
Hermana María Inés Castellaro
08 mar 2026 - 19:58

(Micaela Alejandra Díaz/ADN Celam).- “En nuestros pueblos, en las comunidades rurales, en los barrios de las ciudades y en las rutas migrantes, las mujeres sostienen la vida de la Iglesia”, con esta convicción, la hermana María Inés Castellaro HVN, secretaria general de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos (CLAR), reflexiona sobre el papel de las mujeres en la Iglesia de América Latina y el Caribe en el marco del Día Internacional de la Mujer.

En entrevista, la religiosa resalta que, desde múltiples realidades y carismas, las mujeres, especialmente las consagradas, animan comunidades, defienden la dignidad de los pueblos, cuidan la Casa Común y acompañan procesos de sanación y reconstrucción del tejido social, aportando una presencia decisiva en el camino sinodal de la Iglesia.

"Las mujeres sostienen la vida de la Iglesia"

Pregunta: En este Día de la Mujer, ¿cómo interpreta el momento que viven hoy las mujeres dentro de la Iglesia, especialmente en América Latina y el Caribe?

Respuesta: Somos testigos de que, en Amazonía como en tantos otros territorios de nuestros contextos de América Latina y el Caribe, en los pueblos originarios y afrodescendientes, en veredas y aldeas campesinas, en barrios y calles de las ciudades, en las rutas migrantes y en las más variadas acciones pastorales y sociales de las comunidades eclesiales, las mujeres son las que sostienen la vida de la Iglesia, Pueblo de Dios. Son ellas las que animan las comunidades, celebran la Palabra, cuidan la Casa Común, defienden la dignidad de los pueblos, ensanchan la tienda para que nadie quede fuera, reconstruyen tejidos comunitarios, ayudan a sanar vínculos, caminan juntas, con otras/os en discernimiento, corresponsabilidad, comunión y están presentes allí donde la vida clama.

Las mujeres son las que sostienen la vida de la Iglesia
Las mujeres son las que sostienen la vida de la Iglesia

Impulsoras de una escucha activa, libre y desde el corazón

P.: Desde su mirada, ¿cuál es la contribución específica que las mujeres, y particularmente las mujeres consagradas, están ofreciendo a la Iglesia en este tiempo de sinodalidad?

R.: El aporte que las mujeres ofrecen a la Iglesia en este tiempo de sinodalidad es muy valioso, aunque hay que continuar haciendo camino. Desde la experiencia del Sínodo de la sinodalidad descubrimos que el proceso sinodal abrió nuevas formas de escucha compartida y de toma de decisiones en el cual las mujeres han participado por primera vez con derecho a voto y una presencia notable. En muchos lugares son las mujeres consagradas que impulsan y llevan adelante estos procesos de escucha y discernimiento, así promueven procesos eclesiales más inclusivos, horizontales, participativos donde se escucha la voz del Espíritu que habla en todas y todos. Son las mujeres consagradas con la riqueza de los carismas las que impulsan una escucha activa, libre, desde el corazón, para vivir y anunciar el Reino con libertad y fidelidad creativa.

Mujeres con mirada de esperanza

P.: A lo largo de la historia, las mujeres han sostenido silenciosamente la vida pastoral, educativa y social de nuestras comunidades. ¿Cree que hoy se está dando un reconocimiento más explícito de ese liderazgo? ¿Qué falta todavía?

R.: Las mujeres han sostenido y continúan sosteniendo muchas veces silenciosamente la vida pastoral, educativa y social en tantas comunidades con su entrega fecunda, acompañando, animando, impulsando a dar un paso más, a levantar la mirada para descubrir nuevos horizontes, a veces sin tiempo, manifestando la generosidad y la constancia para que cada niña/o, adolescente, joven, familias puedan descubrir sus riquezas, atentas a los signos del Reino que se revelan en los acontecimientos, en los clamores del mundo y en las voces que sufren a las cuales buscan dar respuesta con una mirada compasiva y samaritana.

Aunque en algunos lugares esta presencia es valorada, reconocida, aún falta una mayor visibilización de esta inmensa riqueza y así experimentar el amor de Dios Padre Madre, que ama a cada hija/o con infinito amor. Visibilizar la ternura y el coraje de estas mujeres que se lanzan sin miedos y caminan junto al pueblo defendiendo territorios y derechos, sanando memorias heridas y acompañando procesos de resistencia y resiliencia. Mujeres que, aún en medio de los sufrimientos y fracasos, mantienen encendida una mirada de esperanza que permita a todas/os nacer a una sociedad más justa, más equitativa y fraterna.

Un amor que abraza, repara y restituye

P.: Desde su experiencia personal, ¿cómo ha vivido su propio proceso de liderazgo siendo mujer consagrada en un servicio continental? ¿Qué desafíos y qué aprendizajes le ha dejado este camino?

R.: Este proceso de liderazgo desde el servicio a la vida religiosa del continente la vivo como un gran desafío a emprender el camino del discipulado misionero desde la escucha, la apertura y la humildad. Un dejarme recrear por el Espíritu que hace nuevas todas las cosas, que una y otra vez me revela que el verdadero ‘nacer de nuevo’ es un proceso dinámico y que invita a soltar seguridades, a desaprender caminos que hoy ya no tienen sentido, formas viejas y antievangélicas.

Me invita a aprender el valor de los pequeños gestos, de lo sencillo, lo simple, lo aparentemente frágil, lo oculto y abrirme a la novedad que genera vida, autenticidad, esperanza y alegría con la certeza de que cuidar la vida es reconocer el rostro de Dios en cada persona y en cada cultura, caminando con ellas desde un amor que abraza, repara y restituye.

"No tengan miedo…"

P.: ¿Qué mensaje quisiera compartir en este Día de la Mujer a las jóvenes que buscan su lugar en la Iglesia y en la sociedad, y que desean comprometer su vida al servicio del Evangelio?

R.: A las jóvenes que hoy buscan un lugar en la Iglesia y en la sociedad y que desean comprometer su vida al servicio del Evangelio les diría:

No tengan miedo a salir de las propias comodidades, de las zonas de confort e ir al encuentro de la otra/o, a emprender procesos que sanen tejidos relacionales, a asumir el riesgo de ensanchar la tienda del encuentro para que desde la escucha y el discernimiento común, la participación y la corresponsabilidad, en comunión eclesial, avancemos en la sinodalización de la Iglesia, acrecentando la conciencia de la dignidad común que nos habita como hijas e hijos de Dios.

No tengan miedo a ser discípulas misioneras, místicas proféticas, sembradoras de esperanza en medio del desaliento, el desencanto, las desilusiones que mucha veces encontramos en las realidades donde estamos presentes.

No tengan miedo a nacer de nuevo, a reemprender caminos para la renovación, la transformación y el cambio, a ser puentes de cercanía de diálogo, de paz y construir vínculos que permitan asumir desde nuestra vocación profética estos tiempos difíciles.

Ensanchar la tienda
Ensanchar la tienda

Mujeres, fermento del Reino

P.: Algo que le gustaría agregar.

R.: Agradezco la presencia de tantas mujeres valientes, situadas en las fronteras, en los márgenes, en las periferias geográficas y existenciales que desde la experiencia del Dios Amor son signos sensibles de la ternura, cercanía, compasión, esperanza para tantas hermanas/os que sufren la pobreza, la discriminación, la exclusión, el desarraigo, el dolor y hasta la persecución. A cada una de ellas, con un rostro y un nombre concreto, las animo a seguir caminando y a ser signo profético, testimonio y fermento del Reino en estos tiempos y en estos territorios.

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