Moseñor Jaramillo afirma que se trata de una "realidad que no podemos callar" El obispo de la ciudad colombiana de Buenventura denuncia reiteradas amenazas de muerte

El prelado dijo que recibió amenazas contra su vida por parte de "poderosos" por denunciar la difícil situación de orden público que afecta a esta urbe que alberga el principal puerto del Pacífico colombiano

Jaramillo llegó a la Diócesis de Buenaventura en 2017, en reemplazo de monseñor Héctor Epalza, quien falleció el 1 de febrero de ese año y que denunció en 2013 la existencia de "casas de pique" (tortura y asesinatos)

A propósito de la difícil situación de orden público en Buenaventura los obispos del Pacífico colombiano están reunidos en esa ciudad para analizar la situación y plantear soluciones

El pasado 10 de febrero miles de personas se unieron en una cadena humana para clamar por la paz en esta parte del país azotada por la violencia

El obispo de la ciudad de Buenaventura (suroeste), monseñor Rubén Darío Jaramillo, dijo este miércoles que recibió amenazas contra su vida por parte de "poderosos" por denunciar la difícil situación de orden público que afecta a esta urbe que alberga el principal puerto del Pacífico colombiano.

"A través de un WhatsApp se ha amenazado con colocar una bomba al obispo y esto todo se junta en una situación donde estamos denunciando y evidenciando la realidad que está viviendo el puerto de Buenaventura", dijo el prelado a periodistas.

Buenaventura fue una zona afectada por el conflicto armado interno, y en los últimos años, la lucha entre grupos ilegales y paramilitares por hacerse con el control de este núcleo comercial (y de salida de droga) ha aumentado, y con ella las matanzas y los asesinatos de líderes sociales.

Monseñor Jaramillo agregó que "desde el año 2020 tuve una primera situación de amenazas. Una persona se acercó a un sacerdote en una zona difícil de violencia para manifestarle que había unos poderosos que querían atentar contra la vida del obispo porque les resultaba incómodo por las declaraciones que estaba dando".

El alto prelado llegó a la Diócesis de Buenaventura en 2017, en reemplazo de monseñor Héctor Epalza, quien falleció el 1 de febrero de ese año y que denunció en 2013 la existencia de "casas de pique", lugares en los que eran encontrados cuerpos desmembrados de personas que habían sido torturadas y asesinadas.

"La voz de los que no tienen voz"

"Yo no tengo miedo ante esto, estamos trabajando con la comunidad acompañando los procesos sociales y manifestando una realidad que no podemos callar porque somos la voz de los que no tienen voz", aseguró monseñor Jaramillo.

El obispo de Buenaventura ha estado al lado de la población acompañando las movilizaciones en las que la gente reclama al Gobierno central que tome medidas para frenar la violencia y que cumpla los compromisos en seguridad, educación, empleo, sanidad, entre otros asuntos pactados desde 2017.

A propósito de la difícil situación de orden público en Buenaventura los obispos del Pacífico colombiano están reunidos en esa ciudad para analizar la situación y plantear soluciones.

El pasado 10 de febrero miles de personas se unieron en una cadena humana para clamar por la paz en esta parte del país azotada por la violencia.

La mayoría de manifestantes salieron a las calles de esa ciudad, situada en el departamento del Valle del Cauca, vestidos con camisetas blancas y llevando carteles con mensajes como "SOS Buenaventura" o "Los niños y las niñas plasmamos nuestras huellas para decir no más violencia".

SOS Buenaventura

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