Paul Soukup, S.J.: "El mundo en línea no respeta los límites diocesanos ni las estructuras eclesiales"
Entrevista al profesor en la Santa Clara University (Santa Clara, California) que estuvo a cargo de coordinar el subgrupo de expertos-teólogos
La reflexión sinodal sobre la misión de la Iglesia en el entorno digital del Grupo 3 del Sínodo no se ha construido únicamente desde la perspectiva pastoral o a partir de la escucha de experiencias concretas. Un componente decisivo de esta reflexión aún en camino ha sido el aporte de académicos y expertas que, desde distintos campos del saber, ayudaron a ofrecer marcos conceptuales, criterios de discernimiento y fundamentos teológicos para comprender la cultura digital como un verdadero espacio misionero.
Tras haber dialogado con la coordinadora del Grupo de Estudio 3, Kim Daniels, esta conversación se desplaza hacia ese otro espacio de trabajo del grupo de estudio: el de los académicos y expertas. En este contexto, conversé con Paul Soukup, S.J., jesuita, profesor en la Santa Clara University (Santa Clara, California) e investigador en comunicación y tecnología, con una amplia trayectoria en el estudio de la comunicación religiosa. Soukup participó como coordinador del subgrupo de académicos y expertos, una instancia clave para articular pensamiento teológico y análisis cultural.
Desde su perspectiva, se pueden entrever los procesos de consenso, los desafíos estructurales que plantea la misión digital y la manera en que la Iglesia puede integrar —sin ingenuidad ni temor— este nuevo ámbito en su vida ordinaria.
La experiencia de coordinar a académicos y expertos
Desde tu lugar como coordinador del subgrupo de académicos y expertos, ¿cómo describirías la experiencia de participar en este proceso sinodal y de trabajar con personas provenientes de contextos tan diversos?
Coordinar el grupo de trabajo de académicos y expertos para el proceso sinodal fue una experiencia fascinante para mí. Implicó escuchar a personas de todo el mundo, algunas de las cuales ya había conocido y con quienes había trabajado antes, pero muchas otras eran nuevos interlocutores. Fue una experiencia muy valiosa de la universalidad de la Iglesia y del ejercicio de pensar juntos sobre un tema verdaderamente importante.
Metodología sinodal y construcción del discernimiento
Más allá de los contenidos, ¿de qué manera la metodología sinodal influyó concretamente en la forma de trabajar, deliberar y construir aportes dentro del subgrupo?
Creo que la principal contribución de la metodología se dio en la selección de los participantes y en nuestra intención compartida de ofrecer a la Iglesia una amplia gama de información. Seguimos una especie de dinámica de escuchar–comentar–redactar–comentar–volver a escuchar–revisar, que permitió a las personas influir y reflexionar sobre los materiales que cada uno aportaba. A nivel personal, esto abrió en mí un sentido más claro de la misión en el entorno digital como un trabajo esencialmente colaborativo.
Fundamentos eclesiales de la misión digital
Desde tu perspectiva teológica y comunicacional, ¿qué elementos del proceso sinodal consideras más decisivos para fundamentar la misión digital en la vida de la Iglesia?
Me parece que el elemento fundamental del trabajo del Sínodo que incide en la misión digital es el énfasis sinodal en los discípulos misioneros. Este desarrollo de temas ya presentes —desde el Concilio Vaticano II y a lo largo de diversos documentos pontificios— ofrece un fundamento eclesiológico y teológico para lo que hoy llamamos misioneros digitales e influencers católicos. El Sínodo hizo que estos temas fueran más centrales en la vida de la Iglesia y legitimó el trabajo de los laicos en este tipo de acción misionera.
Integración pastoral y desafíos culturales
Al analizar el informe del Grupo 3, ¿qué cuestiones te parecen más urgentes para que la misión digital no quede al margen de la vida eclesial?
Los temas más relevantes sobre la misión digital, tal como se presentan en el informe del Grupo 3, me parecen ser el apoyo a quienes ya están comprometidos con el trabajo misionero digital y la integración de estas personas y de su labor en la vida de la Iglesia en todos sus niveles, comenzando por las parroquias y las diócesis. La Iglesia podría avanzar en su comprensión mediante un diálogo continuo entre los líderes eclesiales. No creo que exista una falta de voluntad, sino más bien una falta de comprensión de estos nuevos medios y de la cultura —con frecuencia una cultura juvenil— que los adopta.
La lógica de los subgrupos y la escucha ampliada
El trabajo del Grupo 3 incorporó diversos subgrupos y fuentes de consulta. ¿Qué lectura haces de esta estrategia?
El Grupo 3 contó con varios subgrupos. Al no ser miembro de ese grupo —mi función fue únicamente la de coordinador del subgrupo de académicos y expertos—, no conozco el razonamiento detrás de esa decisión. Sin embargo, el trabajo con el grupo de redacción del informe final me permitió acceder a los informes de los otros subgrupos. Su composición daba a entender una estrategia orientada a una consulta amplia. Algunos, como el subgrupo de académicos y expertos, fueron seleccionados por su conocimiento del mundo digital. Otros aportaron insumos que, aunque no estaban dirigidos específicamente al proyecto del Grupo 3, resultaron igualmente útiles.Por ejemplo, participantes del grupo de influencers digitales del Encuentro Mundial de la Juventud en Lisboa (2023) respondieron cuestionarios que luego se utilizaron como datos para la reflexión. De manera similar, el Dicasterio para la Comunicación solicitó información sobre actividades en línea a diócesis de todo el mundo, principalmente a directores de comunicación.
Tensiones estructurales y Derecho Canónico
Entre los temas abordados, ¿cuáles consideras más complejos de implementar en la práctica eclesial?
No estoy seguro respecto a cual de las cinco preguntas haya sido, en sí misma, la más difícil de discutir. La que probablemente resulte más compleja de implementar tiene que ver con la integración de misioneros digitales e influencers dentro de las estructuras del Derecho Canónico, dado que ese marco jurídico no fue concebido teniendo en cuenta este tipo de tecnologías. El mundo en línea no respeta los límites diocesanos ni las estructuras eclesiales. En cambio, preguntas sobre lo que la Iglesia puede aprender del entorno digital o sobre las mejores prácticas resultaron mucho más fáciles de responder.
Consensos, advertencias y convergencias
¿Te sorprendió el grado de consenso alcanzado en un proceso tan amplio y plural?
En cierto modo, me sorprendió y al mismo tiempo me alegró el grado de consenso alcanzado, tanto dentro del subgrupo de académicos y expertos como en el conjunto de los materiales provenientes de todos los grupos. Estos representaban aproximadamente a 1.500 personas; todas coincidían en la necesidad de integrar los medios digitales. Algunos señalaron con mayor énfasis las amenazas que pueden surgir en el mundo en línea —privacidad, protección de niños, desinformación o falta de supervisión—, pero en general no hubo grandes desacuerdos.
Cultura digital y misión
Dentro del trabajo del subgrupo, ¿cómo se comprendió el concepto de “cultura digital”?
Nuestro grupo alcanzó un consenso de trabajo sobre el concepto de “cultura digital”, entendiéndola como un ámbito que incluye las redes sociales —en todas sus plataformas— y los distintos formatos: texto, audio y video. Consideramos que el uso religioso de estos medios constituye propiamente la misión digital.
¿Quiénes son los sujetos de la misión digital? Desde esta perspectiva, ¿cómo describirías a los sujetos implicados en la misión digital?
El sujeto de la misión digital es doble. Por un lado, están los creadores —influencers católicos, quienes se consideran misioneros digitales, quienes buscan seguidores en torno a temas religiosos y católicos—; y por otro, quienes consumen este tipo de contenidos. El sujeto puede presentar cualquier característica demográfica —género, edad, pertenencia eclesial, país, cultura—, básicamente las mismas que los miembros de la Iglesia o las personas que están en búsqueda.
Diálogo entre expertos y misioneros digitales
¿Cómo se dio el diálogo concreto entre académicos, expertos y misioneros digitales?
El diálogo permitió que ambos grupos conversaran y se escucharan mutuamente, ofreciendo aportes tanto orales como escritos. Los miembros podían leer, comentar y editar los materiales producidos. El trabajo comenzó con cada una de las cinco preguntas planteadas por el Grupo 3: se escuchaban los comentarios, se revisaban los resúmenes escritos y se dialogaba hasta alcanzar un consenso, antes de pasar a la siguiente pregunta.
Liderazgo pontificio y horizonte futuro
Finalmente, ¿cómo percibes la continuidad entre el impulso de Francisco y el horizonte que se abre con el papa León?
El énfasis del papa Francisco en el discipulado misionero marcó claramente el trabajo. Mi impresión sobre el papa León XIV, a partir de lo que he leído —especialmente de sus palabras al Jubileo—, es que seguiremos avanzando en la misma dirección.
