Raúl Biord, arzobispo de Caracas: "El pueblo venezolano respira un deseo urgente de estabilidad y de paz, no impuesta por la fuerza, sino basada en la verdad y la justicia"

"Se trata de emprender juntos el largo y difícil camino de la reconciliación nacional que nos permita una convivencia social y democrática, en una Venezuela donde, más allá de las legítimas diferencias, todos encontremos un lugar y un hogar"

El Papa y Biord
El Papa y Biord

“Nuestra patria atraviesa momentos de profunda inquietud e incertidumbre, pero también de mucha esperanza de un cambio profundo”. Así habla, en entrevista exclusiva con Religion Digital, Raúl Biord, arzobispo de Caracas, un pastor de tono sereno y diagnóstico contundente, que no duda en denunciar “la precaria situación económica”, la “hemorragia de futuro” que sufre la juventud, la necesidad de “una amnistía amplia e inclusiva” y la urgencia de “un nuevo modelo de país” construido desde la reconciliación y el diálogo.

A juicio del prelado venezolano, "el pueblo respira un deseo urgente de estabilidad y de paz, no impuesta por la fuerza, sino basada en la verdad y la justicia" y, por lo tanto, "se trata de emprender juntos el largo y difícil camino de la reconciliación nacional que nos permita una convivencia social y democrática, en una Venezuela donde, más allá de las legítimas diferencias, todos encontremos un lugar y un hogar".

En ese proceso, el papel de la Iglesia venezolana es, según Biord, "ser puentes y no muros, actuando como una voz profética que llama a la reconciliación y la paz" y, en ese sentido pide al pueblo y a la Iglesia española: "No se olviden de nosotros".

¿Cómo definiría la situación actual de Venezuela? 

Nuestra patria atraviesa momentos de profunda inquietud e incertidumbre, pero también de mucha esperanza de un cambio profundo. Tras los acontecimientos de enero de 2026, hay sentimientos encontrados pero el pueblo respira un deseo urgente de estabilidad y de paz, no impuesta por la fuerza, sino basada en la verdad y la justicia. 

La preocupación de la gran mayoría de las personas es la precaria situación económica, pues un gran porcentaje de la población sobrevive con lo que puede ganar cada día. Los salarios de los trabajadores, especialmente de la educación y la salud, son paupérrimos. Las pensiones de los jubilados no alcanzan para comprar comida y medicamentos. Hay mucha necesidad, y un anhelo de que haya trabajo con salarios suficientes para satisfacer las necesidades básicas y llevar una vida digna. También es contradictorio que un pequeño sector de la población viva en la opulencia y el derroche, mientras tantos pobres no tengan lo necesario para vivir.

Otra gran preocupación es la liberación de todos los presos políticos y de otros privados de libertad por motivos injustos. No pedimos solo su excarcelación, sino su libertad plena sin restricciones a sus derechos fundamentales, sin medidas cautelares de presentación, de prohibición de salir del país o de dar declaraciones públicas. El restablecimiento de la justicia requerirá la purificación de la memoria, el esclarecimiento de la verdad y una amnistía amplia e inclusiva, fruto de una extensa consulta a los distintos sectores de la sociedad civil. 

En medio de los cambios profundos que se han vivido en los últimos días, hay la sensación de una provisionalidad que debe ser superada, de la necesidad de un proceso de transición hacia una auténtica institucionalidad democrática y para ello se requiere una hoja de ruta clara y consensuada entre todos los sectores. Se trata de emprender juntos el largo y difícil camino de la reconciliación nacional que nos permita una convivencia social y democrática, en una Venezuela donde, más allá de las legítimas diferencias, todos encontremos un lugar y un hogar.

Venezuela
Venezuela

¿En este delicado momento, sienten el apoyo del Papa y de la Iglesia? 

En todos estos años hemos sentido muy de cerca la cercanía del Papa Francisco y ahora del Papa León. Sus palabras en el Ángelus del 4 de enero nos orientan mucho y las hemos tomado como guía para la exhortación de la conferencia episcopal publicada el 9 de febrero, pues nos invita a buscar ante todo el bien común del pueblo, a superar la violencia, a emprender caminos de justicia y paz, a promover el respeto de la dignidad humana y de los derechos fundamentales, y sobre todo a trabajar para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres.

Igualmente, apreciamos como un gran apoyo la preocupación de la Santa Sede, especialmente a través del Secretario de Estado, el cardenal Parolin, de las distintas conferencias episcopales y otras instancias eclesiales de América Latina y de varias partes del mundo. Sabemos que no estamos solos, sino que nuestra iglesia por ser católica trasciende las fronteras, se siente solidaria con las angustias y las esperanzas de todas las iglesias locales y, en particular, con Venezuela.

Hemos sentido la solidaridad de muchas iglesias hermanas en los diferentes momentos en que la crisis económica ha arreciado, no solo con sus oraciones, sino con el apoyo para muchos proyectos sociales que llevan adelante todas las diócesis y parroquias.

El Papa y Venezuela
El Papa y Venezuela

¿Qué papel puede jugar la Iglesia venezolana para la construcción de un futuro de concordia en el país? 

La iglesia en Venezuela ha sido y seguirá siendo un punto de encuentro para todos, un "hogar y escuela de comunión", como dijo San Juan Pablo II, en medio de la fragmentación social. Nuestro papel es ser puentes y no muros, actuando como una voz profética que llama a la reconciliación y la paz.

La iglesia venezolana en sus diversas instancias, por su presencia capilar en todo el territorio, por su testimonio creíble y por su amplia acción social, es una de las instituciones más cercanas a los más vulnerables. Esto nos puede permitir facilitar el necesario diálogo que, aunque en esta situación pareciera una palabra degradada, es el único camino para lograr la superación del peligro real de la violencia y un entendimiento que permita construir los necesarios consensos. 

Como hemos dicho los obispos en la última exhortación: “La posibilidad de construir un futuro sereno de libertad y justicia pasa por la reconciliación de sus hijos, el regreso a una Patria que sea casa de todos, que se identifique como un solo pueblo, que vuelva a ser un lugar de oportunidades de progreso y felicidad, especialmente para los más pobres”. Debemos “superar las barreras que nos impiden construir la realidad del ‘nosotros’ nacional con la participación e inclusión de todos los sectores del país. Es necesario promover espacios de diálogo que conduzcan a un gran acuerdo nacional sobre el futuro que queremos construir” (n. 18). En este sentido, la iglesia abre sus puertas para que distintos sectores se encuentren y juntos busquemos ese acuerdo social tan necesario.

Obispos de Venezuela
Obispos de Venezuela

¿La archidiócesis de Caracas sigue especialmente volcada en la mediación y en la atención a los más vulnerables? 

No solo la archidiócesis de Caracas, sino todas las diócesis y vicariatos están comprometidos en el acompañamiento a los más vulnerables, a través de la presencia y evangelización en los barrios más populares y vulnerables, las escuelas católicas que en su gran mayoría están dedicadas a los más pobres, los centros de capacitación laboral, los centros de salud, ambulatorios y hospitales, los comedores parroquiales, los proyectos de emprendimiento laboral, entre otros. Cáritas nacional y las Cáritas parroquiales despliegan una gran acción de asistencia, formación y transformación. Estos servicios pastorales y sociales son signos del compromiso con la promoción del bien común, sobre todo de los más pobres y necesitados. Ciertamente se trata de una labor solidaria y subsidiaria, guiada por la Doctrina Social de la Iglesia. 

Durante el proceso de canonización de los nuevos santos, José Gregorio Hernández y Madre Carmen Rendiles, la archidiócesis de Caracas ha promovido un mayor compromiso de la iglesia en dos ámbitos sociales fundamentales: la salud y la educación. En particular, con los proyectos de la “Sala de Emergencias” y de la “Unidad de Terapia Intensiva” del Hospital Clínica Padre Machado para la atención sanitaria de amplios sectores empobrecidos en el oeste de la ciudad. Igualmente, se han apoyado proyectos concretos para la mejora de las instalaciones de varias escuelas católicas en sectores vulnerables como La Pastora, la Cota 905, el Centro, La Morán y El Paraíso.

La atención continua a familiares de presos políticos que regularmente acuden a la Conferencia Episcopal, a la Nunciatura y a la archidiócesis de Caracas ha sido y es una constante de estos años, a los que han seguido y siguen mediaciones para su liberación. A veces, se trata de denuncias públicas a través de las exhortaciones del episcopado y otros comunicados, pero la mayoría de las veces es un trabajo silencioso y, a veces incomprendido, de intermediación, pero siempre en el respeto de la dignidad de cada persona y de su irrenunciable libertad.

Raúl Biord
Raúl Biord

Queremos que, ante las consecuencias de la crisis que nos ha provocado un daño antropológico y una desintegración de las familias, cada parroquia y comunidad cristiana sea cada vez más un centro de comunión, un oasis de fraternidad y un espacio de encuentro, escucha y acompañamiento, generando signos de consuelo, sanación de las heridas, perdón y misericordia. La campaña Compartir, que realizaremos durante la cuaresma, tiene como lema “Sanar la herida. Abrazar la vida”, será una oportunidad para unir voluntades en busca de fraternidad y reconciliación.

¿Qué pueden aportar los jóvenes católicos a la construcción del país? 

Los jóvenes venezolanos han sido los que más han sufrido esta prolongada crisis social, política y económica. Millones de ellos han tenido que migrar a otros lugares en búsqueda de mejores condiciones y, sobre todo, para ayudar a sus familias enviando en la medida de sus posibilidades importantes remesas. Hemos tenido una “hemorragia de futuro”, sin embargo, hoy más que nunca los jóvenes están presentes, como por ejemplo el movimiento de estudiantes universitarios acompañando a las familias de los presos y exigiendo la liberación total de los injustamente detenidos. 

Nuestros jóvenes no piden limosnas, sino oportunidades a través del estudio y del trabajo, para tener salarios dignos. Quieren sentir que sus esfuerzos tienen sentido en su tierra, que no tienen que irse y dejarlo todo, que aquí pueden proyectar su vida y formar una familia. Confiamos en que esta nueva etapa del país que debemos reconstruir, los jóvenes los que están aquí y muchos que regresarán serán los protagonistas del cambio que necesitamos. Como iglesia, vemos en ellos el recurso más valioso para la renovación nacional.

Para ello es urgente e imprescindible una gran inversión en el sistema de educación, desde la inicial a la universitaria. Los niños, niñas, adolescentes y jóvenes tienen derecho a una formación de calidad, especialmente en esta nueva época de tecnología e inteligencia artificial, so pena de una nueva exclusión. La iglesia cuenta con ustedes jóvenes, y nos comprometemos a cualificar más aún nuestra acción educativa.

Jóvenes en Caracas
Jóvenes en Caracas

El 12 de febrero se celebró en Venezuela el Día de la Juventud, recordando momentos heroicos y protagónicos en nuestra historia. Es momento de creer en los jóvenes, de apostar por ellos y de construir con ellos una nueva sociedad, más justa, participativa y llena de oportunidades.

¿Qué llamamiento quiere hacer a todos los actores implicados en la actual coyuntura del país? 

Sin duda son momentos muy difíciles para los que se requiere prudencia y sensatez. Cuando se rompe o se rebasa un dique de contención, la violencia del agua represada puede arrasar con todo lo bueno y lo malo, causando mucho daño.

Ciertamente hay profundos y auténticos sentimientos de dolor que respetamos mucho, la necesidad de restablecer la justicia tan violada, especialmente en el campo de los derechos humanos personales y sociales, pero es indispensable evitar la violencia, desterrar la mentira, el odio, los rencores, la venganza y la guerra de las palabras. Es lo que proclama el profeta Isaías: “cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía” (Is 58,9-10). Dios siempre abre caminos de paz a su pueblo, y ofrece nuevas oportunidades. La conferencia episcopal ha escrito en su exhortación: “Esto exige de todos los venezolanos procesos de reencuentro, reconocimiento mutuo, perdón y reconciliación, purificación de la memoria en la verdad y en la justicia, con la firme voluntad de respetar la dignidad de las personas y el continuo ejercicio de la fraternidad” (n. 9). 

Es importante hacer un llamado a promover juntos una transición, que no nos contentemos solo con evitar la violencia o buscar una estabilización económica, sino que nos comprometamos a buscar un nuevo modelo de país. Será importante que participemos todos, los venezolanos que estamos aquí y los que están fuera, en un clima de respeto mutuo y la búsqueda de una convivencia serena y estable, sin importar la propia ideología o afiliación partidista. Citando de nuevo a la exhortación de los obispos: “Uno de los mayores anhelos del pueblo venezolano es reconocernos como partícipes de un mismo destino, vivir en paz y libertad. En este sentido, consideramos que esto solo será posible si se resuelve la crisis política y social que hoy vive nuestra nación” (n. 8). No es un proceso fácil, pero si es factible, más aún, es necesario. Aquí nos jugamos la patria y el futuro.

Raúl Biord
Raúl Biord

¿Qué le pide a la Iglesia española?

España y Venezuela son pueblos hermanos. Lo son todas las naciones iberoamericanas, pero en nuestro caso las raíces históricas tradicionales se fortalecieron con la migración de tantísimos peninsulares y canarios a partir de la segunda mitad del siglo XX. Hay muchas personas nacidas en España que se hicieron y se sienten venezolanos, y muchísimos otros que nacidos aquí tienen la ciudadanía española porque llevan su sangre. La migración venezolana a tierras españolas ha sido muy numerosa. La iglesia española se ha preocupado porque fueran acogidos y a muchos, a través de las Cáritas, les ha brindado atención, ayuda y apoyo. Gracias por lo que han hecho y seguirán haciendo por nuestros migrantes, sigan acompañándolos, por favor.

En segundo lugar, la conferencia episcopal española, muchas diócesis, parroquias y asociaciones, nos han apoyado con ayuda económica para poder desarrollar proyectos de cooperación misionera, de educación y salud. No se olviden de nosotros. En estos momentos hay promesas de reactivación de la economía, pero los pobres están sufriendo mucho y es hora de acompañarlos y ofrecerles una mano.

Finalmente, en España se sigue muy de cerca el tema de Venezuela, con muchos artículos de opinión y de información. En varios de ellos se refleja la polarización que vivimos aquí en la valoración de los hechos y en la proyección del porvenir. Gracias por estar pendientes de nosotros y por acompañarnos, que seamos capaces de construir un mejor futuro desde la autodeterminación de nuestro pueblo, en el respeto de los derechos humanos y la búsqueda del bien común. Que la mejor herencia que nos dejaron los misioneros, la fe en Dios y la devoción a la Santísima Virgen María, nos ayude en esta nueva etapa que se abre para nuestro pueblo, sea aliciente y compromiso para fraguar una sociedad inspirada en los valores del Evangelio.

Biord
Biord

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