Testigos de un gesto profético y evangelizador, profundamente humano y eclesial
Testimonio desde Catacaos, en la histórica misa de petición de perdón a las víctimas del Sodalicio, en la que la Iglesia en Perú se arrodilló ante ellas y pidió perdón en nombre de la Iglesia
Este sábado 23 de mayo, junto a mi esposa Bianca, en el Templo Parroquial de San Juan Bautista de Caracas, participamos en la santa Misa de exequias por los hermanos comuneros de Catacaos, víctimas de enfrentamientos y despojo (2011 y 2017). A la vez, un acto de compensación simbólica —como bien señala el comunicado de la CEP— dirigido a las familias de la comunidad campesina de Catacaos que, por más de una década, vienen denunciando la criminalización y hostigamiento por parte de empresas que ellos sostienen vinculadas al suprimido Sodalicio de Vida Cristiana.
Fuimos testigos de algo histórico, profético y evangelizador en nuestra Iglesia local y también peruana. Un gesto que, en ese momento, realmente nos llegó al corazón y nos dejó sin palabras.
No fue un gesto cualquiera, ni meramente simbólico. Fue profundamente humano y eclesial.
Ver a monseñor Jordi Bertomeu, Delegado del Papa León XIV, junto al Arzobispo de Piura, a los señores cardenales y obispos y sacerdotes presentes, arrodillarse frente a los comuneros de Catacaos —Pueblo originario, herederos de la cultura Tallán— no fue solo emotivo, fue un acto cargado de verdad y de fraternidad.
Un acto penitencial de rodillas frente a las familias de las víctimas y comuneros, pidiendo juntos, pastores y Pueblo, perdón a Dios.
Sí, mi esposa y yo nos conmovimos hasta las lágrimas, admirados y profundamente interpelados.
No fue un perdón pronunciado desde la distancia de un púlpito, un ambón o una sede, sino desde la humildad, el reconocimiento y el dolor compartido
No fue un perdón pronunciado desde la distancia de un púlpito, un ambón o una sede, sino desde la humildad, el reconocimiento y el dolor compartido. No eran ellos los responsables directos, y aun así asumieron el peso del dolor, reconociendo que la Iglesia también necesita pedir perdón, sanar y hacerse cargo. Ese gesto reconoce que la herida existe y que debe ser sanada, y saber ser acompañada con verdad.
Quizá hoy, más que nunca, se nos recuerda que la fe sin verdad y sin justicia pierde su sentido, y que no puede haber paz sin justicia. Ojalá este gesto no sea solo un momento que conmueve, sino, un llamado a despertar una conciencia más justa, más humana y más comprometida con la verdad, frente a esta y tantas otras realidades.
Es cierto, este gesto no borra la historia, pero sí marca un inicio distinto de reconciliación y de una paz con justicia.
Me quedo, sobre todo, con una profunda interpelación y una moción personal de compromiso que iré discerniendo.
Que este llamado —iniciado por nuestro querido y recordado papa Francisco, a quien sigo extrañando profundamente, y continuado por el papa León XIV— sea un verdadero camino para que se siga en el proceso de conversión. No solo de las estructuras eclesiales, sino, también, de todos nosotros, en nuestros modos de proceder como Pueblo vivo de Dios.
En ese sentido —y como bien se mencionó en la homilía— se trata de “regenerar”. Y así lo creo: una fe que no solo libera, sino que también regenera. Una fe que nos impulse a seguir construyendo una Iglesia verdaderamente sinodal, con una vivencia transformadora que se exprese en acciones concretas, empezando por nosotros mismos.
Gracias, Monseñor Jordi Bertomeu, al Arzobispo de Piura, a los señores cardenales y obispos presentes, no solo por sus palabras, sino por la humildad de sus gestos, que nos devuelven la esperanza de una Iglesia, pobre y para los pobres, que sabe reconocer, pedir perdón y caminar juntos en la verdad.
Que Dios siga iluminando este camino de reconciliación, sanación y justicia, y que este momento no sea el final, sino el inicio de una iglesia de Piura más cercana, más humana y más fiel al Evangelio
Y sobre todo, gracias a Ti, Señor, porque incluso en medio del dolor, sigues sembrando esperanza.
Un servidor y paisano de esta cálida tierra de Piura,
Harry Homer Neira Neyra.
