Ungidos y enviados para anunciar, sanar y liberar
- Honorables autoridades civiles y militares que nos acompañan.
- Queridos hermanos sacerdotes y diáconos, apreciadas religiosas y consagrados, seminaristas.
- Amados hermanos y hermanas en el Señor:
Reciban todos ustedes nuestro cordial saludo en este día grande del Jueves Santo, que conmemoramos el día de la institución del sacerdocio ministerial y el sacramento de la Eucaristía, con la fiesta memorial de la Cena del Señor, y día en que se nos recuerda el mandato supremo y fraterno del amor cristiano. Oramos por la paz del mundo.
Quisiera saludar con particular afecto a los enfermos que están en sus casas y a quienes se unen a esta celebración a través de los medios de comunicación y las distintas plataformas digitales. Sientan también ustedes nuestra cercanía espiritual y fraterna en este gran día de fiesta.
Hoy se cumple esta Palabra
- Quiero en este día felicitar a cada uno de nuestros sacerdotes.
- Gracias por su servicio generoso y desinteresado.
- Una de las cosas que más admiro de mis amados sacerdotes de esta diócesis de La Altagracia es esa actitud de desapego por lo material como beneficio propio, estoy seguro que edifican a muchos con esa vivencia.
- Ciertamente son un testimonio de esa actitud de pobreza con las que se nos invita a abrazar la vida sacerdotal.
- Sé que muchos de ustedes se enfrentan a no pocas situaciones en las que la precariedad material se vuelve un serio desafío para llevar adelante su misión.
- Hay en ello esa otra cosa que se no exige como sacerdotes del Señor, estar compenetrados con el pueblo de Dios, encarnados en la realidad de nuestra gente.
- Esta Palabra que se ha proclamado en esta Iglesia, es una Palabra cierta que se cumple en nuestros sacerdotes que día a día van desgastando su vida por el anuncio evangélico.
Bautizados y ungidos
- Estamos trabajando pastoralmente este año 2026 guiados por la temática del bautismo, que nos hace vivir en santidad y coexistir eclesialmente en una clave de sinodalidad.
- Nuestro Plan Diocesano de Pastoral se propone avivar en este tiempo el sentido del bautismo y la corresponsabilidad que se desprende de nuestra condición de bautizados y bautizadas.
- Precisamente, el sentido de la unción que hoy destacamos de nuestro ser sacerdotal es primariamente bautismal, como se destaca en la Segunda Lectura del Apocalipsis. Nuestro sacerdocio está asociado a un sacerdocio más común a todos, el de los fieles bautizados.
- Somos un pueblo sacerdotal que quiere que la humanidad se sienta abrazada por un modo de vida que les santifique, inspire y anime a vivir plenamente.
- La clave sinodal nos ayuda a entender esta santa convergencia entre sacerdocio común de los bautizados y sacerdocio ministerial.Siendo nuestra vivencia sacramental y estado de vida, un vivo testimonio de la presencia amorosa de Dios que actúa en este mundo salvando.
Enviados para una obra de liberación
- Isaías y Lucas ponen frente a nosotros la actuación misericordiosa de Dios que interviene en la historia salvando, dando vida, liberando.
- Nuestro ministerio, queridos sacerdotes, unido al sacerdocio de Jesucristo, es un instrumento de salvación de Dios.
- Es hermoso auto-percibirnos como instrumentos, nunca como un fin. Somos medios humanos para poner de manifiesto lo divino, y eso es el sacerdocio.
- El sacerdocio ministerial nos hace ser esas mismas manos de Jesús que calman, consuelan, sostienen y levantan.
- Labios que gritan justicia, anuncian esperanza, enseñan verdad y callan para dejar a Dios hablar allí donde la Palabra humana solo escucha silencios.
- Brazos que celebran y abrazan la vida, animan la ilusión, celebran la alegría de la salvación y alaban el triunfo de Dios y su justicia.
Ministerio restauración y la compasión
- Amados sacerdotes, ustedes mismos son conscientes de tantas situaciones rotas de la gente, de nuestro pueblo.
- Nos sintamos nunca vergüenza de nuestra gente, ni sintamos que nos afrentan sus limitaciones, pobrezas y dolores.
- Nuestro ministerio es una obra de restauración, sanación y compasión.
- Todos saben el bien que hace un sacerdote cuando no se deja aislar por las necesidades de la gente que se le encomienda.Su entrega generosas en dolor y el sufrimiento es un bálsamo que nos sana a todos.
- Jesús mismo nos enseña que los primeros destinatarios de su obra son los pobres, los descartados de este mundo.
- Siempre serán nuestra prioridad los enfermos, que en su dolor y soledad no acaparan ninguna atención o mención.
- Las poblaciones marginales de nuestras ciudades, así como los migrantes, especialmente los que son criminalizados y vulnerados por su estatus migratorio.
- Los envejecientes, los campesinos, los niños, las familias desestructuradas, a ellos se les ha de anunciar la buena noticia de nuestra compasión y cercanía.
Construir la comunidad desde el kerigma
- Sigo con gran preocupación cierta incomprensión teológica acerca de cómo es que se construye la comunidad cristiana.
- No pocas veces se da por supuesta la fe de nuestra gente, casi como si fuera ello una cuestión de naturaleza.
- La adhesión de nuevos cristianos tiene que ser una prioridad de nuestro ejercicio ministerial.
- La fe, y con ello la integración de la Iglesia, solo es posible por la predicación, por el anuncio del kerigma que termina en la génesis de nuevas comunidades y grupos.
- Sé que hay grupos y realidades eclesiales que comprenden perfectamente esta intuición evangélica, pero a ellos no le podemos delegar lo que es una función delicada de nuestra caridad y celo pastoral.
Llenos del Espíritu Santo
- A pesar de que nosotros podemos confesar nuestras limitaciones y debilidades, apelando a nuestra condición humana y pecadora, reside en nosotros una fuerza especial de Dios para llevar adelante su obra.
- El Espíritu del Señor está sobre mí, es la confesión de algo más grande que nuestros pecados y deficiencias. Es la conciencia de esa vida divina que, al asumir la condición humana en Jesús, el Hijo de Dios encarnado en María, eleva la humanidad a los gozos eternos.
- Este es el sentido del Triduo Pascual que hoy inauguramos. Dios en su Hijo nos une en su victoria, sobre el mal y el pecado.
- El Don del Espíritu Santo, recibido en el bautismo y la confirmación, comunicado para la misión en el ministerio ordenado, es fuerza de Dios que nos anima en la misión.
- Alegrémonos todos, sacerdotes y pueblo santo Dios, que también hoy renovamos esta conciencia liberadora y dadora de alegría, paz y bendición.
- Que esta Pascua reavive nuestro compromiso con la Evangelización, la promoción humana, la defensa de la vida y la casa común, y nos comprometa a todos a ser promotores de paz y concordia.
Dios les bendiga y la Santísima Virgen de La Altagracia les ampare. Amén.
