Yolanda Díaz, colaboradora de Prevost en Chiclayo: "En Roma, León XIV está llevando a la práctica lo que ya hacía aquí, dando continuidad a las reformas de Francisco"

Un pastor convencido e identificado con la necesidad de seguir impulsando una iglesia en salida, cercano a los pobres y animador de procesos de cambio en la sociedad y en la iglesia, a favor de la vida, de la paz y de la justicia

Yolanda Díaz
Yolanda Díaz

Pequeña y menuda, pero todo el mundo en Chiclayo, la saluda con admiración, por su alma gran de volcada en los pobres, la carne de Dios. No en vano, Yolanda Díaz fue la pieza clave de Robert Prevost en la agenda social de la que fuera su diócesis y está absolutamente convencida de que, como pastor de la Iglesia universal está haciendo lo que hacía aquí: "Seguir impulsando una iglesia en salida, cercano a los pobres y animador de procesos de cambio en la sociedad y en la iglesia, a favor de la vida, de la paz y de la justicia". O, más en concreto: "En Roma, León XIV está llevando a la práctica lo que ya hacía aquí, dando continuidad a las reformas de Francisco".

Yolanda y Guardado
Yolanda y Guardado

Pregunta. Encantado de saludarla, de conocerla. Me han hablado muchísimo de usted. Sé que mantuvo una relación muy cercana con monseñor Prevost, cuando estaba aquí como obispo. ¿Qué recuerda de aquella época?

Respuesta. Bueno, primero comentarle que esta experiencia de cercanía con el hoy nuestro querido Papa León fue a través de dos experiencias importantes: la convocatoria que hizo para la reforma de la pastoral diocesana, y luego el fortalecimiento de la Comisión de Movilidad Humana y Trata de Personas, es decir el trabajo con la pastoral migrante, en la que fui coordinadora por cuatro años. Esas dos experiencias me permitieron esa cercanía, asi como aprender, intercambiar y ser acompañadas por el entonces nuestro obispo.

P. ¿Cómo era como obispo? ¿Cómo le definiría usted? ¿Como un misionero de los pies a la cabeza?

R. Sí, siento que era un pastor con un énfasis misionero. Porque, para él, lo fundamental era salir, salir a la búsqueda. Eso es algo que tengo en la imagen, no solo como un concepto, digamos, de definirlo como misionero, sino de ver cómo salía a los lugares, con una disponibilidad muy grande, con iniciativa, esperando no solo ser invitado, sino programándose para ir. Sus salidas a Incahuasi, Cañar y las zonas altoandinas eran muy frecuentes. Un pastor convencido e identificado con la necesidad de seguir impulsando una iglesia en salida, cercano a los pobres y animador de procesos de cambio en la sociedad y en la iglesia, a favor de la vida, de la paz y de la justicia.

P. ¿Cuándo se calzaba las botas de agua o cuando iba a caballo, como en las famosas fotos que circulan tanto?

R. Claro, pero mucho antes también. Él fue allí primero como administrador de la diócesis y después como obispo. Sí lo llamaban para una confirmación, él iba. Y sobre todo, ante la situación de los desastres de las lluvias intensas, del friaje en el caso de la zona altoandina, y en el caso de las lluvias en Tucumé y Mopacora, todas las zonas de la parte norte.

Yolanda Díaz
Yolanda Díaz

P. ¿Un pastor siempre cercano a su gente?

R. Su cercanía con la gente era total. Y siempre, yo digo, se sentía como en misión, en el sentido de escuchar. Porque iba para escuchar fundamentalmente. En el caso nuestro, cuando nos reunía como comisión, era para escucharnos como estábamos. Y sobre todo, qué era lo que demandábamos de él o que le pedíamos. O qué era lo que él podía hacer.

P. Parece evidente que aquí, en Chiclayo, aprendió a ser obispo

R. Bueno, siempre lo repiten. Siempre he escuchado esta idea de que aquí aprendió. Yo diría que fue su primera experiencia como pastor. Él tenía mucha experiencia como sacerdote de una diócesis, en el contacto con las comunidades, con las parroquias, pero también saliendo al encuentro de las instituciones, las autoridades.

P. ¿Qué les recomendaba, por ejemplo, en la Comisión de Movilidad Humana, que usted dirigía?

R. Por ejemplo, hubo un momento en que Chiclayo se llenó de emigrantes venezolanos. Roberto nos llamó y nos dijo que teníamos que hacer algo. La ciudad es pequeña y la presencia de cientos de migrantes se notaban muchísimo en las plazas y en las calles. Y él nos llamó para ver qué podíamos hacer. Y como nosotros no teníamos experiencia de trabajar con migrantes, le preguntamos: ¿Qué podemos hacer? Y él nos dijo: “Vayan a ver qué podemos hacer, escuchen, miren, vean. Y luego, a partir de eso, respondo”. Ése era su estilo. No era un obispo como que mandaba y decía: ‘Hagan esto, acá, ahora’. Él siempre estaba escuchando qué era lo que demandaba la gente. Por eso, nos dijo: ‘Vayan a ver qué podemos hacer’.

P. Y se lanzaron a la escucha activa de los emigrantes

R. Efectivamente y entonces, cuando hicimos la consulta a los migrantes y les preguntamos cuáles eran sus prioridades (nosotros pensábamos que ropa o alimentos) lo primero que ellos nos dijeron fue: “Necesitamos regularización migratoria, porque tenemos miedo de estar en las calles. En las calles, nos están botando de todos lados”.

Nestor Da Costa, Yolanda y Luis Mari Goicoetxea
Nestor Da Costa, Yolanda y Luis Mari Goicoetxea

P. Y la escucha cambió sus prioridades

R. Claro, teníamos que ir con migraciones acá y luego con relaciones exteriores, porque lo que necesitaban era la carta de refugio, que dependía de relaciones exteriores. Y de eso nosotros no sabíamos nada. Cuando nos reunimos de vuelta con el obispo, le dijimos: “Tenemos este problema. Ellos ponen esa prioridad, pero ¿cómo los vamos a ayudar? No sabemos cómo”.

P. ¿Y que les respondió monseñor Prevost?

R. Reaccionó como hacía siempre. Porque el suyo no era un liderazgo así como apabullante, invasivo que todo el mundo lo sabe. Sino que muy, muy, sutilmente, no sé cómo lo hizo, pero conectó con el jefe de migraciones y le pidió que se acercara a nosotros para escuchar nuestra demanda. Y fue el jefe de migraciones el que vino a nosotros y nos dijo: “¿Cómo no voy a responder a mi obispo que me llama?” Después, nos encontramos con otro cuello de botella, porque la carta de refugio nos la tenía que dar el jefe de relaciones exteriores, que estaba en Trujillo.

P. ¿Y Prevost volvió a ayudarlos sin decirles nada?

R. Eso es. Tampoco nos enteramos de lo que hizo. Le fue a hablar al de migraciones, para que él hiciese la coordinación con el de las relaciones exteriores. Es decir, usó su influencia como un servicio para los que lo necesitaban.

Mesa redonda sobre el Papa
Mesa redonda sobre el Papa

P. ¿Hay, pues, una clave de lectura chiclayana, tanto sociológica como teológica en el pontificado de León XIV?

R.  Con dos cuestiones claras. Por un lado, la humildad. Por otro, la convicción de que los pobres no solo son objeto de ayuda, sino sujetos de su historia. Y teniendo en cuenta, además que él llegó a una diócesis que, durante los 50 años anteriores a su llegada, estuvo animada por otro tipo de líderes religiosos, en concreto pertenecientes al Opus Dei. El, en cambio, nos animaba, nos invitaba a seguir adelante y nos daba ánimo y confianza. Y nos hacía sentir que estábamos en el buen camino, en búsqueda, como nos decía siempre, de los nuevos rostros de Jesús, que hoy tienen rostro de migrante. Porque, para él, la regla superior en la iglesia es el amor. Nadie está llamado a mandar. Todos lo son a servir. Nadie debe imponer las propias ideas. Todos deben escucharse recíprocamente, sin excluir a nadie. Todos estamos llamados a participar. Ninguno posee la verdad total. Por eso, todos la debemos buscar con humildad.

P. O sea, que el problema de los emigrantes y de los pobres siempre lo llevó en su corazón

R. Exactamente. Él estaba siempre atento a los sectores más pobres y descartados, pero siempre contando de verdad con nosotros.

P. En sinodalidad

R. Sí, digamos que practicaba la sinodalidad de una forma casi natural, pero teológicamente muy profunda y con una lectura de fe. Siempre nos decía que el trabajo que hacíamos no era sólo una obra social o un compromiso, sino un trabajo a través del cual la Iglesia y el Señor se hacían presentes. Siempre nos recordaba la dimensión de la fe de nuestro compromiso. Y cuando había tensiones o formas distintas de ver las cosas entre nosotros, hasta el punto de que, a veces, saltaban chispas. Entonces, él venía, se sentaba con nosotros y con esa tranquilidad suya tan natural nos decía que teníamos que ver lo que nos unía y que recordásemos siempre que éramos el rostro de la Iglesia.

Ibeas, Yolanda, Guardado
Ibeas, Yolanda, Guardado

P. ¿Les serenaba en medio de las tensiones?

R. Con su mera presencia, transmitía paz. Y nos invitaba a la tranquilidad: “Estamos sembrando. Esto es algo que no va a surgir de la noche a la mañana".  

P. ¿Qué siente, ahora, cuando le ve en Roma ya como papa? ¿Cree que es el mismo o ha cambiado mucho?

R. Siento que es el mismo que era aquí, pero que está profundizando sus convicciones. En primer lugar, porque ya entonces era un convencido de las apuestas del Papa Francisco. Por eso, a veces, aquí tuvo que imponer la reforma de la Iglesia, a la que ahora, en Roma, le está dando continuidad, pero con su aporte propio, con su manera de ser, con su propio estilo, con sus propias cualidades de pastor que escucha. Vemos que, en Roma, está llevando a la práctica lo que ya hacía aquí. Por ejemplo, convencido de que la diversidad es parte de nuestra condición humana, asumió el diálogo como una prioridad, aceptando las diferencias, reconociendo el aporte de cada uno y teniendo como base el anuncio del Evangelio, la justicia y la verdad.

P. ¿Orgullosa del Papa de Chiclayo?

R. Un alegría y un orgullo enormes. Por eso, le he escrito para darle las gracias.

P. ¿Tiene pensado ir a verle a Roma o prefiere que él venga a Chiclayo de vuelta como Papa?

R. Ojalá. Dicen que sí, que viene en noviembre. Si se dan las condiciones, seguro que va a venir y volveremos a verlo y a abrazarlo.

Yolanda Díaz
Yolanda Díaz

Las noticias de Religión Digital, todas las mañanas en tu email.
APÚNTATE AL BOLETÍN GRATUITO

También te puede interesar

Lo último

stats